EL MINISTERIO PERFECTO
PENTECOSTÉS Y LA GRAN COMISIÓN
© Carlos Padilla – Junio 2025
40 días estuvo el Señor Jesucristo apareciéndose a sus discípulos, preparándolos, y dándoles Mandamientos por el Espíritu Santo (Hechos 1:2-3). Sin duda este periodo de tiempo que casi siempre se pasa por alto, pensando que Jesús resucitó y al poco ascendió al Trono de la Gloria, fueron 40 días. El número 40 en La Biblia nos enseña que necesitamos un periodo de preparación antes de llevar a cabo un ministerio, u otros inicios y cambios en la vida. Por cierto, si un ministerio es de Dios, Él lo alimentará y llevará a cumplimiento. Moisés estuvo 40 años en el desierto siendo preparado por Dios antes de enviarlo a liberar a Su pueblo. Luego pasó 40 días de ayuno en el Monte Sinaí. Israel estuvo 40 años dando vueltas en el desierto antes de entrar en la Tierra Prometida, un viaje que pudo ser de poco tiempo. El Señor Jesucristo estuvo 40 días en el desierto siendo tentado por el diablo, antes de empezar Su Ministerio. Las cartas de los discípulos que vieron al Señor son parte del Nuevo Testamento. Mucho podemos aprender del propio Señor y de sus discípulos, y de los profetas y patriarcas, sobre el ministerio. Por cierto, ministrar es servir. Si ya tienes un ministerio ¿es un ministerio perfecto? Sigue leyendo…
PENTECOSTÉS – EL COMIENZO DE LOS MINISTERIOS DE LA IGLESIA
A los 10 días después de la ascensión, o lo que es lo mismo, 50 días (del griego pente, cinco, y konta, decenas) después de Su resurrección, el Señor cumplió Su promesa de enviar al Espíritu Santo en Pentecostés (Hechos 2). Pentecostés es el inicio de los ministerios de la Iglesia, por decirlo de alguna forma. Está vinculado a la segunda de las tres fiestas solemnes del año, siendo esta la fiesta de las cosechas. La cosecha del Evangelio son es este caso las almas ganadas para el Reino de Dios, las primicias.
Aunque un ministerio se suele asociar a una función o misión de cada iglesia, lo cierto es, que todos los cristianos somos ministros del Señor, y servimos en uno o varios ministerios. El apóstol Pedro enseña: “Una nación de real sacerdocio para Dios, Su Padre” 1 Pedro 2:9 – Apocalipsis 1:6. Ese es el ministerio de aquellos que anuncian las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.
Los dones son la base de los ministerios a los que el Espíritu Santo nos vincula. No como muchos piensan por sus capacidades de nacimiento, en aquello que son eficaces o buenos, y destacan en la vida porque se les da bien. De hecho muchos son llamados a ministerios que jamás habrían pensado. El apóstol Pablo es un buen ejemplo: de perseguidor de la Iglesia a apóstol a los gentiles. “Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la iglesia de Dios”. 1 Corintios 15:9. Con estas amargas palabras describía el apóstol Pablo su vida antes de conocer al Señor. Pero también sus dones naturales fueron bien empleados por Dios en la vida de Pablo.
Por tanto, no quiere decir que el Señor no use nuestros dones naturales; lo que quiero decir es, que es Él quien decide, no nosotros, y concede el don, junto al llamado a uno u otro ministerio, o a varios.
La lista de los dones del Espíritu de 1 Corintios 12, ya se vieron en acción antes, durante y después del evento de Pentecostés. Pero el mayor de todos los dones es el amor (1 Corintios 13), sobre el cual Pablo enseña, al igual que Juan, y Pedro, siguiendo el Mandamiento del Señor Jesús, y ese amor, también llamado caridad, no es natural, sino que es un don de Dios, ese que nos pide amar a nuestros enemigos, a los que nos maldicen, nos ultrajan y nos persiguen. Jesús dio el gran ejemplo en Su Pasión.
MINISTERIOS Y EL LLAMADO DE LOS APÓSTOLES
La palabra clave de este enunciado, es “llamado”, porque si el creyente no ha recibido el llamado de Dios a una misión, no se puede cumplir el ministerio. Aquí hablo de misión y de ministerio, y debemos añadir, comisión, tomado de la “Gran Comisión”. Generalmente se entiende ministerio como obra dentro de la iglesia local, y misión como obra fuera de la iglesia, bien apoyado por esta o por una red global, que a su vez puede estar apoyada por una red de iglesias. La Comisión es, sin embargo para todos los que predican el Evangelio, sea local o globalmente.
Pero, debemos profundizar en la preparación que recibimos, al igual que recibieron todos los apóstoles, del mismo modo que los profetas, y que el mismo Jesús, como comentaba en la introducción, porque tuvieron que pasar un periodo de adaptación, pruebas, un desierto, ser tentados en la duda, en su fe, en situaciones a las que no estaban acostumbrados, sacados de su “zona de confort”. El cristiano que obra su misión y ministerio, deberá acostumbrarse a vivir fuera de su zona de confort, hasta que sea esta su forma de vida, hasta que se convierta en su zona de confort.
Abraham dejando su tierra, enfrentando el sacrificio de Isaac, su hijo prometido y dado en la vejez. Jacob frente a su suegro, 20 años sirviéndole, y ante el refugio en Egipto por el hambre. José en Egipto, vendido por sus hermanos, preso bajo falsa acusación, después gobernando Egipto, perdonando a sus hermanos. Moisés, 40 años en el desierto, y otros 40 años guiando a Israel a la Tierra Prometida. Samuel, el profeta, ante un pueblo apartado de Dios. David perseguido por Saúl, pero fiel a Dios.
Nuestro Señor Jesús, dejando el Trono de la Gloria, para venir a este mundo en la época de Roma, ser aborrecido por todos, maltratado, crucificado, pero resucitado, seguido por la Iglesia que nace de nuevo, y volviendo a la Gloria.
De especial mención son los ministerios que tuvieron un llamado como autores del Nuevo Testamento, y que también pasaron sus pruebas. Mateo, dejando una vida de abundancia para seguir al Señor y escribir el Evangelio que lleva su nombre. Marcos, llamado Juan Marcos, escribe el Evangelio que lleva su nombre, su madre, una de las Marías debió ser acomodada ya que tenía una casa donde se reunían los cristianos. Viajó a evangelizar Chipre, con Bernabé. Podría ser el amanuense del apóstol Pedro, según la tradición del siglo II. Lucas, el médico amado, amigo de Pablo, quien va con él, escribe el Evangelio que lleva su nombre, y Hechos de los Apóstoles. Juan, el discípulo amado, el que fue exiliado a la isla prisión de Grecia, Patmos, el que cuidó de la María, la madre del Señor, y escribe el Evangelio que lleva su nombre, las tres cartas y el Apocalipsis.
Pedro tuvo un llamado a los judíos, siendo un humilde pescador, un creyente que negó tres veces al Señor, y que lloró por ello, fue llamado tres veces por Jesús a apacentar la Iglesia: Juan 21:15-19. Pedro es una de las columnas de la primera Iglesia, y murió mártir de Cristo.
Pablo, un fariseo de gran erudición en la Ley de Moisés y con gran celo por las tradiciones de la religión Judía, quien servía al Templo y a los sacerdotes, es llamado directamente por el Señor Jesús a servir en un terreno totalmente opuesto, sería llamado el apóstolos de los gentiles. Fue un férreo perseguidor de la Iglesia naciente, para convertirse en un mártir de Cristo. Hechos 9.
Estos, y otros ejemplos que encontramos en las vidas de los apóstoles autores de los 27 libros del Nuevo Testamento, a menudo nos hacen reflexionar sobre cómo el Señor escoge, prepara y envía a Sus discípulos a ministerios y misiones que no podríamos haber considerado. Pero Dios mira el corazón, y lo profundo del alma y del espíritu, y nosotros no vemos donde Él ve. Es por eso que muchos nos hayamos sirviendo en ministerios que no habríamos pensado.
El llamamiento a un ministerio o misión, es un fuego que Dios pone en nuestro corazón y que se enciende en, y entiende con el espíritu, no racionalmente al principio.
EL MINISTERIO DE TODO CREYENTE
Todo ministerio de la Iglesia que en verdad lo es, es del Espíritu Santo. Y todo verdadero creyente en Cristo es un ministro de Dios. Por tanto, todo creyente debe obedecer al Espíritu Santo.
Y, del mismo modo que los apóstoles, discípulos, profetas, y el mismo Señor Jesús pasaron por las pruebas, los desiertos, y la preparación para sus respectivos ministerios, nosotros también debemos pasar nuestras pruebas, a modo de entrenamiento. La vida, de por sí, ya es un entrenamiento del alma y del espíritu, un entrenamiento en el que la mente lucha por oponerse a la “locura” del Evangelio. 1 Corintios 2:14.
El Ministerio de todo creyente en Cristo incluye La Gran Comisión y las buenas obras. Mateo 28:16-20 y 1 Pedro 2:12.
Puedes leer otros estudios relacionados con el ministerio perfecto en:
https://www.jesucristo.net/Misiones.htm
https://www.jesucristo.net/Misiones-en-el-Mundo.htm
https://www.jesucristo.net/virtud/
https://www.jesucristo.net/la-iglesia-perfecta/
https://www.jesucristo.net/la-familia-perfecta/
CONCLUSIÓN
El ministerio perfecto es aquel, en el que cualquiera de nosotros, creyentes, discípulos de Jesucristo, nacidos de nuevo por la fe, debido a Su gracia, estamos sirviendo a Dios y a Su Iglesia, siguiendo un llamado personal del Espíritu Santo. Si ha partido de nuestra iniciativa y no de la de Dios, nos hallaremos sirviéndonos a nosotros mismos. El resultado no se puede medir por nuestra vara de medir, sino por la fe.
Muchos profetas del Antiguo Testamento no vieron cumplidas las profecías recibidas en vida, pero se han cumplido, o están por cumplirse. Muchos apóstoles, autores del Nuevo Testamento, no han visto el fruto de sus Evangelios o epístolas, pero han cambiado millones de vidas en dos mil años de historia d.C.
El ministerio, o la misión perfectos, son, pues, entre tú y Dios, si es que conoces a Jesucristo y rindes cuentas a Él en el Espíritu. Me despido con unas palabras del apóstol Pedro en su primera carta, capítulo 4:10: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos”. Amén.