LA IGLESIA PERFECTA

© Carlos Padilla – Marzo 2025

 

Si Jesucristo sólo tiene una Iglesia ¿por qué hay tantas iglesias, católicas, protestantes, ortodoxas, evangélicas y otras denominaciones? ¿Por qué muchos cristianos han cambiado de iglesia o están pensando en cambiar de iglesia? Si la iglesia es como la familia, y uno no cambia de familia, ¿por qué sí de iglesia? Algunos creen que no importa a qué iglesia vayan, o si van cambiando, porque la familia es la misma, y en cierto sentido podría ser así, pero ¿y si los frutos de cada iglesia dependieran del grado de compromiso de cada cristiano? Si lo comparásemos a una empresa, sería algo parecido, si en esta empresa no me va bien o no me siento realizado, me voy a otra. Muchos, en las empresas sólo buscan una vida mejor, un sueldo mayor, o una posición mejor, pero la iglesia no es una empresa y nuestro galardón está en los cielos.

“…Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 26para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, 27a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha”. Efesios 5.

“…Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a Su Hijo unigénito, para que todo el que en Él cree, no se pierda, más tenga vida eterna”. Juan 3:16.

Cristo encomendó a los apóstoles cumplir con la Gran Comisión, la cual está en marcha durante toda la historia de la Iglesia, hasta el regreso de Jesús en Su Reino. Mientras Le esperamos vivimos nuestra fe cristiana como Su Iglesia; pero ¿podremos ser la Iglesia perfecta?

 

LA IGLESIA ES LA FAMILIA DE DIOS

Juan 1:12 nos dice que a todos los que Le recibieron, a los que creen en Su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Así pues, los que por Su gracia hemos creído y vivimos en Cristo, tenemos un mismo Padre, y por lo tanto somos hermanos en la fe (2 Corintios 6:18), y aunque parezca una obviedad, hay que vivirlo y sentirlo. Cristo es la cabeza de la Iglesia (Efesios 1:22). Esta familia de la fe recibió de nuestro Señor Jesucristo el Nuevo Mandamiento de amarnos los unos a los otros. Si los que hemos sido bautizados en agua, y en el Espíritu Santo (Gálatas 4:6), mostramos un auténtico y fraternal amor, y trato entre nosotros, seremos realmente reconocidos como la familia de Dios, los hermanos en Cristo, el Cuerpo de Cristo, Su Iglesia, y eso se nota en la manera de tratarnos entre nosotros.

Una familia que, como todas, cuenta con miembros que tienen distintos dones, y posiciones que el mismo Dios da. Así, ancianos, diáconos, pastores u obispos (supervisores) no son más que los demás, sino que deben servir mejor, y dar ejemplo (1 Timoteo 3).

La iglesia local depende de que sus miembros hagan un esfuerzo para cumplir con el “vínculo de la paz”, para lo cual, como decía el apóstol Pablo, es necesario tirar de humildad y mansedumbre para soportarnos los unos a los otros, con paciencia y con el amor de Dios.

Hoy nos encontramos con grandes movimientos migratorios que han hecho que nuestra sociedad esté formada por personas de distintos orígenes, países de procedencia, culturas, y bases religiosas diferentes. Esto también ha producido que las iglesias estén formadas por discípulos de distintos orígenes, y que se deba tener en cuenta no hacer de las culturas y de las costumbres, formas de vida religiosa como si fueran la Palabra de Dios, por el hecho de que una cultura o país sea el predominante en una congregación. Los miembros de la iglesia deben siempre seguir la base de La Biblia para no dejar que la iglesia se desvíe de la neutralidad cultural del Evangelio.

 

UNA IGLESIA QUE DA FRUTOS

Los frutos de la Iglesia global, de cada iglesia local, y de cada cristiano en particular son: El Evangelio “La Gran Comisión” y las buenas obras. Ambos son fruto del amor de Dios, desde cada creyente y desde cada iglesia.

Para que la iglesia local pueda dar frutos debe comprender cuáles son sus propósitos, por qué existe, y cada miembro debe saber cuál es su labor, su ministerio, su llamado. En su libro, Iglesia con Propósito, el pastor Rick Warren, comenta en el capítulo cinco, la importancia de que cada iglesia, y cada cristiano puedan encontrar el propósito de Dios para cada uno. Pero antes, deben conocerse los cinco propósitos básicos de la Iglesia, que son el fundamento de todo el edificio espiritual de la obra cristiana:

1.- Amar a Dios con todo tu corazón. 2.- Amar a tu prójimo como a ti mimo. 3.- Ir y hacer discípulos. 4.- Bautizarlos. 5.- Enseñarles a obedecer a Dios.

Luego, para encontrar el propósito específico, Warren recomienda estudiar con la congregación, qué dice la Biblia sobre la Iglesia, qué hizo Jesús en la tierra en Su ministerio, los nombres y parábolas que se usan para referirse a la Iglesia, como la esposa, el cuerpo, la familia, el rebaño, etc. Ejemplos en el Nuevo Testamento de las primeras iglesias, y los Mandamientos que Cristo les dio, sin olvidar que Jesús es quien construye y hace crecer Su Iglesia, y a cada iglesia en particular. La Iglesia es, primeramente Suya, luego nuestra, pero para Él.

¿Por qué existe la Iglesia? ¿Qué debemos ser como iglesia? ¿Qué debemos hacer como iglesia? ¿Qué quiere Dios que se haga, y cómo debemos hacerlo? De lo que descubramos, debemos resumir el llamamiento o propósito fundamental de cada iglesia y hacer una frase, un eslogan, algo fácil de recordar. Pero todo este esfuerzo no se integrará en cada uno de nosotros, hasta que cada miembro de la congregación experimente qué es lo que Dios le llama a hacer, y cómo servir en su iglesia. Mateo 22:37-40 y 28:19-20 son los dos Textos Bíblicos base.

Un ejemplo de cómo el pueblo de Dios fluctúa en su compromiso con la obra de Dios, lo encontramos en el Templo de Zorobabel, en tiempos del rey Darío:

“En el año segundo del rey Darío, en el mes sexto, en el primer día del mes, vino palabra de Yahweh por medio del profeta Hageo a Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y a Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, diciendo: 2Así ha hablado Yahweh de los ejércitos, diciendo: Este pueblo dice: No ha llegado aún el tiempo, el tiempo de que la casa de Yahweh sea reedificada. 3Entonces vino palabra de Yahweh por medio del profeta Hageo, diciendo: 4¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa está desierta? 5Pues así ha dicho Yahweh de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos. 6Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto… …8Subid al monte, y traed madera, y reedificad la casa; y pondré en ella mi voluntad, y seré glorificado, ha dicho Yahweh… …12Y oyó Zorobabel hijo de Salatiel, y Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, y todo el resto del pueblo, la voz de Yahweh su Dios, y las palabras del profeta Hageo, como le había enviado Yahweh su Dios; y temió el pueblo delante de Yahweh”. Hageo 1. La historia continúa con el profeta Zacarías en su libro de la Biblia.

Del mismo modo que todos son parte de la obra de reedificación del Templo en este Texto, hoy, en cada iglesia hace falta que todos formemos parte de la obra del Espíritu Santo para que la Iglesia de Cristo dé frutos de nuevos creyentes por la evangelización, que es la Gran Comisión, Mateo 28:16-20. Que subamos al monte a por madera, como la cruz de Cristo, como la oración, y levantemos la Iglesia del Señor, Su Templo. No sólo es obra del pastor y de los ancianos, sino de toda la comunidad. Y si se unen los gobernantes a la obra, como hemos leído en el caso del Texto anterior con el rey Darío, quien confirmó el decreto de Ciro, en Esdras 4, pues es de muy grande bendición. El ejemplo de la historia del llamado Templo de Zorobabel debe estar vivo para nosotros hoy, en los últimos tiempos, para la consecutiva y permanente construcción y mantenimiento de la Iglesia, que es nuestro Templo.

Las denominaciones, sea el creyente protestante o evangélico, episcopal o católico, u ortodoxo, suelen implicar dificultades para mantenerse en el tronco común doctrinal Trinitario, con base en el Credo de los Apóstoles, y todos pueden luchar por la verdad, y la verdadera fe Bíblica. Pero ocurrirá que una vez estudiada la Biblia, y habiendo vivido la experiencia de tu iglesia tendrás que decidir si puedes seguir formando parte de una congregación que no pone la Palabra de Dios en primer lugar. Si la iglesia en la que estás, antepone sus tradiciones, antigüedad, denominación, liderazgo, etc. antes que la verdad Bíblica, se convierte en una Babilonia, y el Señor Jesús nos advierte para que salgamos de ella “pueblo mío” dice el Señor en Apocalipsis 18:4.

Las doctrinas deben basarse en el Credo de los Apóstoles, como dijimos antes, que es Bíblico y general para todos, que incluye dos sacramentos: el bautismo y la Santa Cena. Las iglesias que tienen más los añaden por tradición. Las Doctrinas básicas cristianas incluye: La Trinidad de Dios, una relación personal con el Padre, con el Hijo, y con el Espíritu Santo; la revelación de Dios en La Biblia inspirada por Él; el pecado, algo que todos tenemos, y la necesidad de arrepentimiento para nacer de nuevo; la fe en la obra redentora de Cristo en la cruz; la resurrección y ascensión de Cristo; la justificación sólo por la fe, por gracia; las obras son por amor a Dios y al prójimo, no por mérito para salvación; la santificación por el Espíritu Santo en nosotros; ser parte de la Iglesia a través de la iglesia local; la evangelización; y la segunda venida de Cristo para el Reino de Dios quien nos da vida eterna.

Los pastores u obispos, y todos los discípulos y creyentes debemos recordar uno de los Textos clave de la Iglesia en el que el apóstol Pablo enseña sobre los dones que Dios ha dado a Su Iglesia, en 1 Corintios, caps. 12 y 13. Pablo menciona ocho ministerios: “…primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tiene don de lenguas”. Y sigue diciendo que no todos tienen todos los dones, y que la preeminencia del amor es lo más importante. Sabemos que no todos los dones están presentes permanentemente hoy, pero Dios es el mismo y puede seguir haciendo milagros. El propósito de la iglesia no es un solo, sino que abarca varios ministerios. La alabanza en la Iglesia para dar ¡Gloria a Dios! Y las tan importantes misiones, la caridad y buenas obras, que todos debemos apoyar, o participar, o hacer. La oración constante, y el estudio de la Biblia mientras estamos en este mundo.

Las culturas están mezcladas hoy, como ya hemos comentado, aunque hay guetos donde sólo se congregan los de una etnia, origen, o cultura, pero la tendencia, sobre todo en occidente, es que la inmigración va llenando las iglesias, que son también las naciones a las que hay que evangelizar, por lo tanto no es nada negativo, sino al contrario, pero es necesario un esfuerzo para recibir al extranjero y ayudarles a adaptarse a nuestra cultura, sin dejar la suya. Pero no olvidemos llegar a las nuevas generaciones porque ellos son el futuro de la Iglesia y del mundo, así que debemos aprende a comunicarnos con ellos, y aprender de ellos. Estamos hablando de todo aquello que no vaya en contra de la sana Doctrina, ya que debemos salir de todo aquello que es contrario a Dios, sea local o extranjero.

Iglesias que cierran y otras que abren. En la vieja Europa se cierran iglesias y sus bellos edificios se convierten en negocios, mientras iglesias pobres y nuevas pagan alquiler en un local en una zona industrial. Si tu iglesia cierra porque no hay asistentes puedes ir a otra o congregarte en casas con hermanos, o espera a encontrar otra. Las nuevas iglesias que abren suelen ser por motivo de cubrir una zona que no tiene testimonio, o porque una determinada denominación cree que en esa zona hay creyentes afines que no tienen iglesia ahí. Se entiende que estos nuevos ministerios deben ser fruto de la visión de algún líder o grupo de líderes, a quienes Dios ha llamado a tal obra, “Por sus frutos los conoceréis”, Mateo 7:15-20.

 

LA IGLESIA PERFECTA VS MI IGLESIA Y MI VIVENCIA

El modelo de Bíblico de Iglesia debería ser el espejo en el que se mirase toda iglesia, pero el mundo va cambiando, y la Iglesia, aunque debe mantener los cimientos en Cristo, debe saber adaptar la estrategia a cada tiempo, lo cual no significa ceder a las tendencias del mundo.

Muchos podrían decir que hoy las iglesias no están reflejando la Iglesia Perfecta. La cuestión es más profunda que eso. Yo diría que cada uno de nosotros que somos cristianos, debemos mirarnos al espejo de Jesucristo, y desde ahí preguntarnos cómo estamos sirviendo a la Iglesia, desde nuestra iglesia, a nuestra familia y al prójimo, y al mundo para la gloria de Dios. La célebre frase de J.F. Kennedy: ¡no preguntes qué puede hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país! es extrapolable a mi iglesia, y por la Iglesia. ¿Qué puedo yo hacer por mi iglesia, y por la Iglesia? Aunque debes saber que la Iglesia, y tu iglesia ya hace mucho por ti, en oraciones, en darte amigos verdaderos, en ayuda, como fraternidad, como familia, etc. Si no lo hace, mira qué puedes hacer tú por ella. No digo que todas las circunstancias sean salvables; a veces hace falta cambiar de iglesia, pero no sin antes trabajar por ella.

Muchos creen que la iglesia es como el hospital, y sólo van cuando están muy mal esperando un diagnóstico rápido y una “pastilla” espiritual que les cure el alma, y la vida, para seguir con sus vidas lejos de Dios. Por años yo buscaba una iglesia tipo “portaaviones” para lanzar ataques evangelísticos, pero mis hermanos no, hasta que comprendí que la batalla espiritual tiene muchos frentes y el ejército, muchos cuerpos distintos, y que se puede trabajar con otras iglesias, aunque sean diferentes. Pero nunca olvidemos que la Iglesia es objetivo de ataque enemigo en este mundo, como refleja el Texto de Apocalipsis 12 cuando la mujer es perseguida por el dragón.

Mi iglesia perfecta es, pues, la iglesia real, la que cada uno de nosotros vive, comparte y de la que forma parte, con sus defectos e imperfecciones, y sus virtudes, como los tenemos todos nosotros pecadores reformados y reformándonos por Cristo. La Iglesia Perfecta la ha ganado el Señor Jesucristo con Su obra salvadora, y Él se ha preparado mediante la santificación y la purificación de las almas, por el fuego del Espíritu Santo, a la también llamada “Esposa de Cristo” para las “Bodas del Cordero”. Esa Iglesia Perfecta es la que estará en la eternidad y que está formada por todos los que somos salvos por la gracia, a través de la fe en Su obra, y el arrepentimiento que transforma por el nuevo nacimiento de nuestro espíritu desde el Espíritu Santo, perseverando en la fe también por Su gran amor, para poder ver el Reino de Dios y recibirlo, Juan 3.

Recientemente pude disfrutar, junto a mi esposa, de un retiro espiritual con hermanos de varias iglesias y distintas denominaciones, en Sevilla, dos días de un fin de semana frio de invierno, pero resultó cálido en el espíritu. Creo que debería ser un ejemplo de cómo se puede disfrutar de una familia en Cristo, aunque cada uno sea de distinto lugar y distinta iglesia. Del mismo modo, en mi seminario, cuando hice la licenciatura, estábamos hermanos de distintas iglesias, países, y denominaciones, y reinó un espíritu de unidad, respeto y amor fraternal. Desde ahí se han podido apoyar misiones en distintas partes del mundo. Oro para que muchos cristianos experimenten unas relaciones cristianas sanas y santas, porque aportan paz y crecimiento espiritual, además de ánimo en Cristo, en un mundo cada vez más hostil y cercano al día del Señor.

Mi vivencia como cristiano en la Iglesia ha pasado por varias etapas, como la de muchos hermanos/as que he podido conocer a lo largo de los años. Desde la llamada del Señor comencé a leer la Biblia, pero mis orígenes familiares católicos no me aportaban una experiencia similar a la vida de Jesús y de los apóstoles en la Biblia. Tras un tiempo con hermanos que salieron de una iglesia de corte pentecostal con influencia bautista, conocí también a hermanos tanto españoles como extranjeros de otros orígenes. Finalmente por algunos años mantuve reuniones en mi casa, pastoreando y predicando. Luego tuve la bendición de conocer a hermanos del seminario teológico donde estudié la licenciatura de Estudios Bíblicos, y desde entonces cuento con buenos amigos en Cristo, de distintas zonas de España y del continente americano.

Este viaje como parte de la Iglesia me ha permitido compartir y aceptar a hermanos de diferentes trasfondos teológicos y culturales. Lo más importante que he aprendido es que ninguno somos perfectos, y que muchos hermanos tienen un corazón hacia Dios, y son mis amigos, pero no comparto todos sus puntos doctrinales. Estas diferencias, en el mundo evangélico hacen que se mantengan separaciones en denominaciones y muchos amigos en Cristo no puedan formar parte de la misma iglesia. He compartido con grandes teólogos, maestros, hermanos pobres, ricos, humildes, y otros prepotentes. Hemos ayudado a gente en la miseria, abandonados, en apuros, otros con familias con problemas, otros que han salido de iglesias y de sectas que les han dejado vacíos de fe.

Creo que hace falta un esfuerzo por parte de todos para que haya unidad y que el amor de Cristo, y el afecto fraternal ganen a la división y al gueto, y esto pasa tanto en la iglesia protestante y evangélica, como en la católica, y en otras. La Iglesia es la familia de Cristo, en la que todos queremos estar y formar parte. No importa con qué hermanos estar, siempre que nos respetemos y recibamos fraternalmente, y no me refiero a permitir herejías, abusos o vida mundana, sino al amor cristiano que nos permite compartir el Evangelio desde un cristianismo Bíblico antes que tradicional, y hacer las buenas obras para la gloria de Dios.

 

CONCLUSIÓN

Para formar parte de la Iglesia Perfecta, o visto de otro modo, para ayudar a que nuestra iglesia se acerque más a la perfección de Cristo, Quien se merece una Iglesia santa y que ama como Él nos amó, primero debemos madurar y pasar de ser meros creyentes a ser discípulos de Jesús. Debemos dejar de anteponer una denominación y buscar la obra que Dios quiere. Para ello recomiendo el Estudio Bíblico “Diferencia entre Creyente y Discípulo” que tanto gusta a los lectores de esta web desde hace años:

https://www.jesucristo.net/diferencia-entre-el-creyente-y-el-discipulo/

También nos ayuda a crecer, conocer la Historia de la Iglesia, para lo cual recomiendo leer el Estudio Bíblico e Histórico:

https://www.jesucristo.net/historia-de-la-iglesia/

Finalmente, la aportación de la Segunda Epístola de Pedro, sobre la virtud y los siete dones de Dios, que nos ayudan a crecer espiritualmente, en el Estudio Bíblico sobre La Virtud:

https://www.jesucristo.net/virtud/

Si amamos al Señor Jesucristo, también amamos a Su Iglesia, por la cual se entregó en la cruz. Me despido con el Salmo 133:

“¡Mirad cuán bueno y cuan delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! Es como el buen oleo sobre la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el borde de sus vestiduras; como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes de Sión; porque allí envía Jehová bendición y vida eterna”. ¡Amén!

 

 

Jesucristo
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