SACERDOTE
SEGÚN EL ORDEN DE MELQUISEDEC Y EL SACERDOCIO DEL HOMBRE DE DIOS
© Carlos Padilla
Melquisedec es el nombre alegórico de Jesucristo cuando se vio con Abraham y le ofreció pan y vino «La Santa Cena»; Génesis: 14:17-20, Salmo 110:4. Más tarde en la carta a los Hebreos 5:10, 6:20, 7:17, y 7:1 se le reconoce como tal.
El sacerdocio del hombre, sin embargo, no es para la salvación propia, ni de otros. El sacerdocio de la salvación es exclusivo de Cristo, que es el de la salvación de las almas, al que llamaré: la esencia del sacerdocio, o la primera etapa del sacerdocio de Melquisedec. Este Melquisedec-Jesucristo sacerdote para siempre, ya ha cumplido de una vez para siempre, en la cruz, ese sacerdocio, venciendo a la muerte y al pecado, y resucitando, para volver a los Cielos, y darnos vida eterna que compartir con Él. Para ello era necesario que fuésemos transformados en un nuevo ser, nacido de nuevo, con una nueva mente y nuevo cuerpo espiritual que viva y disfrute de la presencia de Dios en Su dimensión.
El hombre ha recibido de Dios la capacidad de ser sacerdote, ya que Dios lo es. Pero ¿cómo puede el hombre ser sacerdote según el orden de Melquisedec si este ya está cumplido? Jesucristo ha abierto la puerta que estaba cerrada, cuando ha rasgado el VELO del Lugar Santísimo, cuando ha muerto en la cruz, para que, al aceptarle a Él como salvador, Su sangre (que es la vida, y representa al Espíritu) nos limpia de nuestra esencia pecadora, y nos hace santos por quedar vestidos de Él, que nos lleva al nuevo nacimiento al Espíritu, y cambia nuestras mentes, por la fe, fruto de Su gracia. Con este acceso a Dios, lo que ahora puede hacer el hombre, una vez salvo, es formar parte del resto de la obra de Cristo, la intercesión por la Iglesia que está en el mundo. Lee también, en relación a este tema, sobre el SÁBADO.
Veamos como el hombre tiene en su mano la invitación de Jesucristo, el Maestro, de sacrificar su propia vida cada día mediante la entrega por otros. Cristo nos pide que compartamos con Él, ese yugo que Él lleva, para «interceder» por los hombres. Este sacerdocio se ve reflejado en Getsemaní, cuando Jesús acepta beber la copa de la amargura del pecado, en nuestro lugar: Lucas 22:39-46.
Ahora bien, la palabra sacerdote se compone de “sacer, y dote” que son «sacrum, y dotado» que significa el que tiene el don de ofrecer el sacrificio, o el que ofrece lo que se tiene que sacrificar, lo que se sacrifica a Dios. La palabra hebrea para sacerdote es kohen y para Sumo Sacerdote Kohen HaGadol, equivalente en griego Bíblico con Archiereus, de “arc y hiereus”, que viene de hieros, santo, sagrado, apartado. En la religión se ha conocido hasta ahora como un ritual para cumplir un culto para buscar el perdón por el pecado. En la Ley de Dios se instituye para ofrecer un animal como ofrecimiento de agradecimiento o de perdón por los pecados de los hombres, o en definitiva para que bendiga a otros que por la carencia que tienen del Espíritu, están lejos de Dios, para su acercamiento a Él. El sacerdocio tiene connotación de intimidad con Dios, ningún otro personaje puede venir a la presencia de Dios sino el sacerdote. En Cristo, todos somos sacerdotes porque a través de Jesucristo tenemos entrada al corazón del Padre. Además, el que tiene el don, o que dota, es también el padre de la novia que aporta la dote al sagrado matrimonio, símbolo de las Bodas del Cordero en las que nosotros, la Iglesia se casa con el Hijo de Dios para reinar por la eternidad. Es por lo tanto la persona que desempeña la acción de sacrificar. También la función del sacerdocio es la de interceder «intercede» de (ínter-cedere, donde cedere es morir, e ínter, es, en lugar de otro) o sea que el que intercede muere en lugar de otro. Una vida animal en lugar de la vida de una persona para que esta siga viviendo, porque “…la paga del pecado es la muerte…” Romanos 6:23, y de hecho todos moriremos (o seremos arrebatados, 1 Tesalonicenses 4:13); luego la resurrección para el juicio. Este sacrificio sería de continuo e inútil, pues no cambia a la persona. Jesucristo se ofrece a Sí mismo una sola vez para siempre como sacrificio vivo por nosotros para reconciliarnos, para inter-ceder entre nosotros y el Padre, y recibirnos en Su Corazón, si Le amamos.
El sacerdocio de Cristo sí cambia a las personas porque hace que entre Su Espíritu de Dios en ellas, cuando Le recibimos, y de una vez para siempre ha cumplido el sacrificio eterno, siendo el Autor de la vida y dando Su vida y volviéndola a tomar. Jesús es el Sacerdote por excelencia, el Maestro de las almas de los hombres y mujeres que han sido hechos, en espíritu, a la semejanza de Él.
Hasta ahora hemos visto el primer sacerdocio, el de Cristo para salvación, y el de Cristo para traer el amor del Padre y la unción de Espíritu Santo.
Ahora veremos el, llamémosle, segundo sacerdocio, el del hombre que entra a compartir el yugo con Cristo, donde se acepta ser cargado con la tristeza del Padre y de Cristo en el que podemos llamar altar del sacerdocio que es para que otra alma sea abrazada por Dios en su lugar, o sea, el sacerdote pide ayudar con la carga de otro, para sobrellevarla él, junto con Cristo, de esta manera el hermano o hermanos por los que uno se ofrece, al sentirse libres, aliviados de parte de su carga, y como aman a Dios y Le echan de menos, van a experimentar un mayor acercamiento a Dios. No que Dios esté más cerca, sino que la persona le puede percibir libre de parte de sus opresiones y de sus preocupaciones típicas de nuestra vida cotidiana del mundo. Y aquel que se ofrece a llevar las cargas del cuerpo de Cristo, se verá junto a Cristo en el mismo yugo. Llevando en realidad la carga con Dios. Vaya privilegio de amar como Dios ama, aunque con nuestra limitación. Estar donde Tú estás Señor, Esposo mío que has dado Tu vida por mí.
El sacerdocio espiritual no es un ritual de religión, no se hace en público, sino ante Dios y en Cristo por amor a otros, todos los días. Solo lo saben Dios y el que se ofrece, y a cambio la bendición de Dios la reciben aquellos por los que el sacerdote se ofrece con Cristo, estos son la Iglesia, la esposa, cada uno en particular.
En 1 Juan 3:16 vemos claramente como nos guía a ello la Palabra de Dios: “…En esto hemos conocido el amor, en que Él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos…” Fijémonos que no dice “por el prójimo”, sino “por los hermanos”. Importante; hay que diferenciar entre la oración para todos, las obras de ayuda al prójimo, y el sacrificio de nuestra alma en el espíritu, para liberar a un hermano de la opresión del sistema y de su propio «yo», para que esté libre para estar más cerca del Señor; El poder de traer un viento del paraíso de Dios a los hermanos. En el Texto de 1 Juan, en la traducción griega, donde leemos – vidas -, originalmente está escrito: «psique» -almas- …poned vuestras almas por los hermanos. También dice en el siguiente versículo 17: “…El que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿Cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad…”
LAS TRES CARAS DEL SACERDOCIO DEL HOMBRE
1.- Predicar a los demás el Evangelio de la salvación. “…sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan Su nombre…” Hebreos 13:15. Y “…cuan hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas…” Isaías 52:7.
2.- Orar por el prójimo para que Dios traiga la bendición a esos que sabemos que la necesitan, para que conozcan a Dios y crean en la salvación de Jesucristo, y cambien sus vidas ya, y para los que son de Dios no se pierdan. Ayudar al prójimo, con amor, tiempo, amistad, dinero, comida, medicina, apoyo moral y vestido.
3.- Hasta aquí la mayoría ya hace o ha escuchado que algunos hacen. La culminación del sacerdocio es ofrecer a Dios, aquellos que ya son de Cristo, su alma, su mente, su espíritu, su vida, espiritual y física para ser cargado con la parte de la carga que cada uno pueda soportar; esto lo sabe Dios, compartiendo con Cristo, el Sumo Sacerdote, la intercesión que Él lleva, es por eso que nos invita a llevar Su yugo, para que los que son cuerpo de Cristo y que Le aman, reciban bendición espiritual, que sientan fuertemente la presencia y amor de Dios. Para “Sobrellevar los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo”. Gálatas 6:2. Cada uno llevará su propia cruz, pero los demás discípulos entre todos pueden ayudarse unos a llevar la carga de otros por amor a Cristo y a los hermanos. Para profundizar en el perfeccionamiento del sacerdocio del discípulo lean LA LEY DE CRISTO.
Aquellos que ya han experimentado el poder de amar como Dios, lo harán el resto de sus vidas. Ya saben, por haber llevado el yugo con Cristo, que es poder de Dios, “…Mi yugo es fácil y ligera mi carga”. Mateo 11:30.
Aquellos que ya han sentido que un hermano se ha ofrecido por ellos, ya han comprendido que esto es una realidad y que trae la bendición de Dios. Es como si el Señor te liberara de toda carga y te acercase a Él especialmente. Todo a tu alrededor es bendición. ¿A qué esperas? Ofrécete a Dios ahora por los hermanos en la fe, en especial por los que no ames, porque si solo lo haces por los que amas, que merito tenéis, lo sugiere el Espíritu de Dios.
La esposa de Cristo, este cuerpo de sacerdotes santos, toda persona que quiera tomar su propia cruz y seguirle, se convierte en un complemento de Cristo. Él ya está trayendo la presencia del Espíritu (No os dejaré huérfanos, sin Padre espiritual, sin guía, os enviaré a otro consolador, Juan 14:16-26) a aquellos que le han recibido por el don de la fe. Esto no lo duda nadie que Le haya conocido. Pero tenemos a nuestro alcance traer esta bendición a los hermanos y a Cristo, ya que Dios nos ha hecho herederos con Cristo y copartícipes del Reino Eterno, donde permanece el amor.
Melquisedec-Jesucristo, es el sacerdote eterno que ahora alimenta este sacerdocio para que el de los hombres se convierta en verdadero y útil, por estar Él en la eternidad y porque nos es dado el poder de traer a otros un poco de la eternidad por un poco de tiempo; aún antes de que Él venga en Su Reino. Podemos disfrutar de un anticipo del Reino de Dios aquí y ahora, sin tener que esperar a después de la muerte, o al arrebatamiento. La tierra prometida es un hermano, si recibe a Dios y se edifica en Espíritu, esta tierra-alma, destilará, …leche y miel… el amor de Dios, que es la promesa de Dios sobre ella.
Es parte de la esencia de aquellos que quieren ser pueblo de Dios, y está abierto a toda persona de cualquier raza o procedencia que busque al Dios único y universal que se llama Jesucristo, o Emmanuel que significa: Dios con nosotros, Yahweh o Yahweh, Yahshua ó Yeshua. Isaías 9:6 y 7:14 y también Yo soy, ó seré, ó estaré contigo; fue la respuesta a Moisés, sobre Su nombre.
La puerta a Dios es Cristo. Si no estás en Cristo, está cerrada. Si Le recibes puedes entrar a la presencia de Dios por dicha puerta. Cristo es el camino, la verdad, y la vida, Cristo es la puerta, y el mismo árbol de la vida del Edén. Sin Cristo no hay acceso a Dios Padre. Es la condición de Dios para la salvación humana. La única manera que tiene de hacernos humildes es morir Él por nosotros. No nos sirve de nada intentar justificarnos. Es más; el que lo intenta se constituye anti-Cristo por no aceptarle a Él como su Salvador. No es posible para el hombre justificarse ante Dios, Romanos 3:23-26. Esto es el Evangelio: El que cree en Él será salvo. Solo lo vuelvo a explicar por si todavía queda alguna duda al respecto.
“…Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando”. Juan 15:14. …Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no saber lo que hace su señor; pero os he llamado amigos porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer… Qué curioso que Cristo nos llame amigos, como el Padre llamó amigo a ABRAHAM, el único que estuvo con MELQUISEDEC – CRISTO y le llamó Mi amigo. Este tomó el pan y el vino con su Maestro, y aprendió el Sacerdocio de la intercesión.
TEXTOS BÍBLICOS SOBRE MELQUISEDEC Y SOBRE EL SACERDOCIO
“Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo, 2 a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz; 3sin padre, sin madre, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre… …Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; 27 que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. 28 Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre”. Hebreos 7.
“…Cuando volvía de la derrota de Quedorlaomer y de los reyes que con él estaban, salió el rey de Sodoma a recibirlo al valle de Save, que es el Valle del Rey. 18 Entonces Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; 19 y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; 20 y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo. 21 Entonces el rey de Sodoma dijo a Abram: Dame las personas, y toma para ti los bienes. 22 Y respondió Abram al rey de Sodoma: He alzado mi mano a Jehová Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra, 23 que desde un hilo hasta una correa de calzado, nada tomaré de todo lo que es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram; 24 excepto solamente lo que comieron los jóvenes, y la parte de los varones que fueron conmigo, Aner, Escol y Mamre, los cuales tomarán su parte”. Génesis 14.
“Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia”. Colosenses 1:24.
“Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes…”. Éxodo 19.6.
“Así que hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en Sacrificio vivo, que es vuestro culto racional”. Romanos 12:1.
Acercándoos a Él, piedra viva, vosotros también como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios, por medio de Jesucristo. 1 Pedro 2:4.
Os aseguro, hermanos por la gloria que de vosotros tengo en nuestro Señor Jesucristo, que cada día muero. 1 Corintios 15:31.
El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor. Romanos 13:10.
Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la Ley de Cristo. Gálatas 6:2.
Vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio… 1 Pedro 2:9.
Juró el Señor y no se arrepentirá: Tú eres Sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec. Salmos 110: 4.
Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas. Mateo 7:12.
Porque así ha dicho El Señor: No faltará a David varón que se siente sobre el trono de la casa de Israel. «Jesucristo» Ni a los sacerdotes y levitas faltará varón que delante de mí ofrezca holocausto y encienda ofrenda, y que haga sacrificio todos los días. «Sacerdotes» Jeremías 33:17 y 18.
Hasta que apunte el alba del día y huyan las sombras, Me iré al monte de la mirra, y al collado del incienso. Cantares 4:6. Es aquí donde vamos con Cristo en el yugo del sacerdocio.
Planteemos ahora que todos los miembros del cuerpo de Cristo Le ofrecieran a Dios sus almas para interceder por Jesucristo, nuestro Sumo Sacerdote, nuestro Señor, que lleva la gran carga de todos los suyos; yo creo que ese día vendría el Reino de Dios.
En la eternidad, como mis hermanos, ya libres de este cuerpo de muerte, sin la influencia del mundo en sus mentes, no tienen tentación de nada, solo se pude destilar amor los unos a los otros, porque ya no recibiremos carga de nadie. Sacerdotes para siempre, pero sin carga. Cristo ha triunfado, gloria a Su nombre.
REFLEXIÓN
Abel fue sacerdote, ofreció un cordero a Dios, representando al Cordero de Dios. El no ofreció sus obras, el fruto de su esfuerzo personal, que representa las obras de culto y cumplimiento, de la pertenencia a una religión, o a la propia moral humana. Caín sí se justifica por sus obras. Atención, Caín mató a Abel. El hombre de moral, o religión, o ciencia mata a Cristo en el Gólgota porque es anti-Cristo, porque no le gusta tener que negarse a sí mismo y hacerse humilde. Bendito el Señor Jesucristo, que, sí se hizo humilde, se humilló siendo el Rey del Universo, se hizo hombre pobre, y humilde, y llevó el pecado del mundo, que nunca cometió. ¡Cómo no te amaré con toda mi alma Señor! ¡Gracias por la salvación!
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