LA OBRA DEL ESPÍRITU SANTO EN LA SANTIFICACIÓN DEL CREYENTE II

© Carlos Padilla – Septiembre 2019

 

 

¿Tenemos el Espíritu? – Romanos 8:14-25

14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. 15 Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! 16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. 17 Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. 18 Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. 19 Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. 20 Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; 21 porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. 22 Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; 23 y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo. 24 Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? 25 Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos.

Si nos dejamos guiar por el Espíritu de Dios, nos dará testimonio de que somos hijos de Dios.

Mientras escribo esas líneas se celebra el 50 aniversario de la llegada del hombre a la luna, un año después de que mi familia cambiara su destino al trasladarse. Pero centrémonos en esta historia porque el espíritu pionero llevó a varias misiones espaciales, una de ellas, la Apolo 11 sería la que llevaría el 16 de julio de 1969 a tres astronautas, Niel Armstrong, quien pisó la luna primero, Buzz Aldrin, el segundo, y Michael Collins que pilotaba y se tuvo que quedar en la nave orbitando la luna. Cuando visité Cabo Cañaveral, también conocido con el nombre de Cabo Kennedy, en honor al presidente que consiguió que la NASA pusiera en marcha el programa Apolo, pude ver de cerca la inmensidad de las plataformas, los hangares, naves, cohetes, etc. aquel lugar emanaba la grandeza de los que tenían las primicias de haber ido a la luna. Además aprendí que uno de los astronautas, Buzz Aldrin era cristiano y celebró la Santa Cena en el módulo lunar, algo que la NASA mantuvo en secreto por años. Fue el primer hombre en celebrar la comunión en la luna; no sé si habrá sido el único.

Pablo nos habla de que somos unos privilegiados que viajaremos a la eternidad con Dios si tenemos al Espíritu. Esto es lo que les decía a los cristianos romanos, tanto judíos como gentiles, lo mismo que se nos aplica a nosotros hoy. Pero la clave es saber si tenemos al Espíritu para poder ir en ese viaje y poder ser entrenados para ello aquí y ahora, y entrenar a otros. Los cristianos romanos eran exhortados a analizarse a sí mismos, y así nosotros.  Dice Pablo que todos los creyentes podemos saberlo porque el propio Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios, y además eso nos confirma que somos hijos, y si hijos herederos que tenemos aquí en la tierra las primicias del Espíritu. Además podemos vivir con Él hasta que llegue el ansiado viaje al nuevo mundo, donde al igual que Armstrong y Aldrin pondremos nuestro pie en el paraíso de Dios. Ellos fueron escogidos años antes, entrenados y preparados para ser astronautas e ir a la luna. Pablo entrenó a los cristianos para estar preparados para entrenar a otros y además estar listos para viajar con Jesucristo en Su regreso. Así, podríamos ver a la iglesia, tanto la de Roma como la nuestra hoy, como la NASA, pero con la gran diferencia de que el programa del reino de Dios nunca dejará de preparar creyentes para el gran viaje, porque lo guía el propio Espíritu y el amor de Dios nunca agota sus recursos. El sufrimiento y oposición de la que Pablo habla en v. 18 no se relaciona con algo necesario para la salvación o la justicia, sino exclusivamente con la oposición del mundo, la carne y el enemigo, que tratan por todos los medios de evitarlo, y de igual modo que nosotros, la creación entera anhela la manifestación de los hijos de Dios en la nueva creación, lo cual todos esperamos con paciencia y esperanza, pero convencidos, con fe.

(8:14-17) Un beneficio directo es la dirección práctica de Dios a diario, aunque se usa el v. 14 para apoyar que el Espíritu nos dice o da señales en cada decisión que debemos tomar, no es este el enfoque de Pablo sino algo más profundo como que somos hijos de Dios, porque el Espíritu Santo es un don, no un dictador. Ser guiados viene del verbo (gr. ago[1], de ahí agontai), lo cual es la clave para saber si uno es hijo de Dios: ¿estoy siendo guiado por el Espíritu Santo, según la Palabra? ¿Puedo ver esto en mi vida, y en que se parece a la de Cristo y los apóstoles? Lo triste es que sí, que nos dirige, pero la mayoría decide su propio camino entristeciéndolo. El segundo beneficio es mejor, nos aporta intimidad con Dios sin temor porque somos libres y Dios nos ha comprado de nuestra esclavitud; el pago ha sido Su Hijo Jesucristo. En lugar de ser nuestro amo, no nos esclaviza[2], se ha convertido en nuestro “Abba” papito, este es el tipo de trato e intimidad cariñosa con que ahora nos abraza nuestro Padre, en Cristo. ¡Algo tremendo pensar en intimidad con el Creador Todopoderoso del Universo! Todo un versículo, el 15, pero el 16 nos da un tercer beneficio en la seguridad de que pertenecemos a Dios, y el Espíritu dice “tú eres mi hijo amado”. Un cuarto beneficio en el 17 nos recuerda nuestro valor para Dios, somos adoptados herederos, coherederos con Cristo. Así pues la vida en el Espíritu es más lo que Él hace en nosotros que lo que nosotros hagamos, porque es un don de la gracia de Dios. En este sentido, la esencia de la relación no depende de nosotros, pero eso a la carne no le gusta porque tiene que ceder el control; lo que demanda de nosotros es: Nada. Pero hay un contraste que vemos en el v. 17 y es que si vivimos por el Espíritu y somos coherederos, también padeceremos juntamente con Cristo, como Él padeció[3] pero no hay que entender este sufrir (gr. sumpaschomen) como algo heroico o de nuestro mérito que consigue la salvación[4].

(8:18-25) nos enfrenta a las aflicciones presentes las cuales no pueden compararse a la gloria que vendrá y que será revelada apokalupsis[5] (de donde viene apocalipsis), algo que hasta la creación misma anhela v. 19 lo cual es comparado con un parto y sus dolores, hasta que venga lo perfecto; una esperanza tan grande que nos da fuerzas cada día. La palabra pathemata es sufrimiento, pero al final veremos nuestra glorificación, tercera y última parte de nuestra salvación en lo perfecto. La creación también está sujeta a vanidad, pero al igual que nosotros está a la espera de la nueva etapa que echará fuera el mal y la muerte, y gime a una con nosotros, lo cual nos da cuatro hechos de los vs. 19-22: el gemido de la creación es temporal; es consecuencia del pecado; es un medio hacia un fin, y es universal, comenta Swindoll[6]. El v. 23 nos revela que no solo la creación sino que nosotros también seremos transformados, esto nos lleva a (1 Ts. 4:13-18) en el rapto cuando recibamos los cuerpos inmortales (estas cartas se hacían circular en todas las iglesias a fin de que todas recibieran completa la explicación de todas las doctrinas) para conocimiento y esperanza de toda la iglesia en el mundo. Esperanza es un nuevo término que incluye Pablo (gr. elpis) y se refiere a la segura expectativa de nuestro futuro (5:2-5). Las primicias son la parte que hemos recibido de la salvación, las cuales son una dádiva, por lo que no solo tenemos el sufrimiento, sino que esas primicias son parte de la expectativa de nuestro futuro. Unas primicias que recuerdan a las que se ofrecen a Dios al principio de una cosecha, tras haber arado, plantado la semilla, regado y cuidado por fe de ver el fruto, que cuando aparece por primera vez es motivo de celebración, al igual que los creyentes, como los romanos y nosotros hoy, al creer somos motivo de celebración.

En conclusión, los hermanos romanos estaban siendo perseguidos por su fe bajo el imperio romano[7] que, junto a los judíos, eran perseguidos. Su final nos es conocido, pero muchos sobrevivieron formando una de las más grandes comunidades cristianas hasta la división del imperio y aceptación del cristianismo a religión oficial desde Constantinopla. Hebreos 5:8 –recuerda Pablo– enseña que Cristo mismo aprendió la obediencia y llegó al sufrimiento de la cruz. Pablo siguió por el mismo camino. Así la Iglesia será perseguida hasta el final, pero nuestra esperanza es mayor. Los romanos, y las demás iglesias de otras zonas del imperio compartían las cartas para completar por escrito todas las doctrinas; nosotros hoy tenemos el gran privilegio de tenerlas todas en un solo libro: La Biblia, la cual es nuestra completa guía de vida. Las imágenes del planeta tierra que pudieron ver los astronautas desde la superficie lunar y desde las naves espaciales nos fueron aportadas a todo el mundo, unas imágenes que daban una nueva visión de la Creación y lo precioso del planeta sustentado en el espacio y que contenía a millones de almas vivas. Esas imágenes desde tan lejos daban una sensación de pureza e inocencia, gran contraste con la sociedad real y las injusticias sociales. La esperanza de una nueva creación (2 P. 3:7-18) traerá consigo la verdadera imagen de perfección del plan de creación de Dios y lo compartirá con Su iglesia. La esperanza de la que Pablo hablaba a los romanos en medio de su tribulación, es la misma que hoy nosotros debemos anclar a nuestra fe en medio de cualquier tribulación o sufrimiento que podamos vivir, si así la voluntad de Dios lo permite. La esperanza que tenemos en el nuevo reino no solo traerá la justicia, sino que quitará las guerras, el hambre y todo sufrimiento, y a nivel ambiental terminará con la contaminación y muerte del planeta y las especies animales. Pero las primicias que somos en Cristo somos motivo de celebración y así cualquier hermano en Cristo debería ser apreciado por nosotros como celebración del fruto, como las primicias de la obra de Dios a través de Su iglesia.

Puede leer la primera parte en: Andando en el Espíritu…

Continua en la tercera y última parte: La Obra del Espíritu Santo en el Creyente...

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[1] W.E. Vine. Diccionario expositivo de palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento, Exhaustivo, (Nashville, TN: Editorial Caribe, 1999), 1025.

[2] Thomas L. Constable. (Romanos, Edición 2000), 97.

[3] William MacDonald. 771.

[4] Julio C. Varela Z. Dr. Seminario Grace. (Minicomentario Romanos), 29.

[5] W.E. Vine. Diccionario expositivo de palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento, Exhaustivo. 1526.

[6] Charles R. Swindoll. Comentario Swindoll del Nuevo Testamento: Romanos. (Editorial Vida, 2009, versión Kindle), posición 6343.

[7] Justo L. González. Historia del Cristianismo. Tomo I. ( Miami. EE.UU.: Unilit, 1994), 55.