ROMA

HISTORIA BÍBLICA Y TEOLÓGICA DEL IMPERIO ROMANO

 © Carlos Padilla – Julio 2024

 

Roma, el Imperio Romano es el cuarto y último imperio de la profecía de Daniel, caps. 2, 7 y 8. Pero, lo relevante de esta cuarta parte de la profecía, en especial, la semana número 70, es su relación directa con el Imperio Romano, o con el espíritu de la Roma Bíblica, también llamada simbólicamente Babilonia, y en la que se culmina su cumplimiento. Pero, o bien aun esa semana no ha llegado, o se cumplió en el año 70 d.C. con la destrucción de Jerusalén y del Templo, por el general romano Tito, cuyo arco del triunfo está en Roma, frente al Coliseo, junto al arco del triunfo de Constantino. Para el primer caso las circunstancias no se han cumplido. Pero, lo que es evidente, es que la semana 69 se cumplió en su totalidad con la muerte del Mesías. Si falta otra caída de Jerusalén, del Templo, y que el Imperio Romano, aunque se dividió en dos, como las dos piernas de la estatua de la profecía de Daniel, y que ya no está vigente, lo esté, tiene que resurgir, y de esto hablaremos. Sin embargo esa semana número 70, como todas las profecías de la Biblia, indudablemente, o se cumplió, o se cumplirá. Pero, no solo nos centraremos en la expectante profecía final, sino en cómo ha influido Roma, y el Imperio Romano en la cultura, la civilización y la historia de la humanidad. Y por supuesto, nos adentraremos en la visión simbólica y espiritual de lo que es el espíritu de la Roma Bíblica, del Imperio Romano, y de la Babilonia simbólica de Apocalipsis. Para ello, seguir leyendo…

 

ROMA – SU RELACIÓN CON ISRAEL

Israel, más exactamente los judíos, no estaban muy contentos con la ocupación de Roma de su tierra, y la imposición de impuestos “…Dad, pues a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios” Mateo 22:21, aunque se les ofrecía protección, Pax Romana, y justicia, decía Roma, la misma que profanaría el Templo. Esta situación provocaba revueltas continuas. Esta era la sociedad a la que venía Jesús para traer Su ministerio, y presentarse a Israel como el Mesías esperado, el cual, la mayoría de judíos creía que sería como Rey libertador de la opresión romana. Roma reconoció la religión judía y soportaba al Sanedrín, y permitía su culto en el Templo, en Jerusalén, por lo tanto, según Josefo, era una religión legal. Así, el judaísmo legal fue una puerta abierta para que el Evangelio, y el cristianismo fuera llevado a los judíos en todo el Imperio Romano, que al principio lo veían como una variación del judaísmo, Hechos 18:15.

Roma fue necesaria para poder ejecutar la crucifixión de Jesús, ya que el consejo de los principales sacerdotes y los ancianos entregaron a Jesús, el Mesías prometido y que no recibieron, al gobernador romano Poncio Pilato, traicionado Jesús por Judas. Por rechazar los judíos, Israel, al Mesías, Jesús les dijo una profecía que hasta ahora se cumple con referencia al Templo: “He aquí, vuestra casa os es dejada desierta; y os digo que no Me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito El que viene en el nombre del Señor” Lucas 13:35 – Mateo 23:38.

La sepultura del Señor Jesús por José de Arimatea y Nicodemo, dos judíos prominentes seguidores de Jesús, fue custodiada por los romanos. La tumba en el sepulcro fue guardada por los romanos. Roma vería que Jesús resucitó mientras la guardia romana no pudo impedir que el sepulcro se abriera, y los judíos tuvieron que cubrir a la guardia con soborno diciendo que se habían dormido. Finalmente bajo Roma, Jesús, el Rey de reyes, el Rey de los Judíos, como hizo Pilato escribir en la tabla de la cruz, en griego, latín, y hebreo, ascendió al Cielo, a la gloria junto al Padre. Toda la historia de Jesucristo, desde Su nacimiento en Belén, ciudad de sus padres, por ser descendientes del rey David, Su empadronamiento por causa de Roma, por el edicto de Augusto César, de que todo el mundo fuese empadronado, censo que se llevó a cabo siendo Cirenio, gobernador romano de Siria, Lucas 2:2, Su infancia en Nazaret, en Galilea, Su ministerio, muerte y resurrección, y ascensión, son bajo Roma. La única excepción en cuanto a territorio, fue cuando Sus padres le llevaron a Egipto, siguiendo la orden del ángel del Señor, siendo un bebé, Mateo 2:13-23.

Roma, y su relación con Israel, son una amalgama que mezcla a los judíos y a los gentiles en el complot para matar al Hijo de Dios, pero la muerte y el pecado fueron vencidos porque precisamente era el Hijo de Dios, vino con poder y gloria para vencerlos, y vencer el pecado, y la muerte, y ofrecernos a ambos, judíos y gentiles, la Salvación para vida eterna, por la fe en Su obra.

 

ROMA – SU INFLUENCIA EN LA HISTORIA

Sobre el 753 a.C. fue la fundación de Roma por Rómulo, el primero de siete reyes según la tradición. En 510 a.C. fue proclamada la república, gobernada por los patricios, sobre una población de latinos, sabinos y etruscos (Diccionario Bíblico Ilustrado, Vilá-Escuain, pg. 1014). Las Doce Tablas fueron la primera promulgación de leyes romanas. El linaje ya no era garantía sino los medios económicos, y toda la población tuvo derecho a voto. Las Guerras Púnicas con Cartago estuvieron cerca de hundir el imperio, pero este saldría victorioso y llegaría a conquistar toda Italia, Grecia, España, Francia, Sicilia, Córcega, Cerdeña, Creta, Siria, parte de Asia, hasta pasar el Éufrates, hasta el Nilo, el Rhin y el Danubio, al norte, Gran Bretaña, y Tierra Santa, Judea, llegando a conquistar la práctica totalidad del mundo civilizado.

Augusto, el César que llevó a Roma a su máximo esplendor del poder romano, se hizo proclamar emperador, y bajo su reinado es que nació nuestro Señor Jesucristo, siendo crucificado bajo el reinado de Tiberio. Pablo sería muerto bajo Nerón, y el general Tito bajo el reinado de Vespasiano destruiría Jerusalén en el 70 d.C. acorde a la profecía del propio Jesús. El imperio de dividió en dos, Oriente (Bizantino) y Occidente. Tras las traiciones, la corrupción, el debilitamiento y decadencia, los bárbaros conquistaron Roma en el 476. Bizancio permaneció hasta la conquista de los turcos de Constantinopla en el 1453.

Roma llegó a distinguir entre la religión de estado y la de la clase rural, una vez llego la república. Un culto que, a diferencia del griego, que era más poético, buscaba el beneficio propio a cambio de ese culto a los espíritus de antepasados o protectores del campo o la familia. El mismo fin era el del estado, hasta llegar a establecer un sacerdocio jerárquico que no era hereditario como en Grecia, que ahora se encargaba del culto oficial del estado en la colina Capitolina a una triada de divinidades, Júpiter, Marte y otros, así como diosas, que representaban el poder del estado, o a otros de menor rango, unos llamados flamines y un colegio de pontífices que era presidido por el pontifex máximus, mismo título que heredaría el Papa de Roma en el Vaticano.

Del Partenón al Panteón. Roma hizo suyos la base de la religión, de la filosofía, del arte, y de la literatura de Grecia. El Olimpo fue imitado, y sus divinidades, pero Roma y su absorción del cinismo griego, pero más corrosivo moralmente y aborrecedor de lo divino, terminó por convertir la religión en un culto al estado, lo que llevó al emperador a creerse divino e imponer adoración. Afrodita/Venus o Zeus/Júpiter eran los nombres de las mismas divinidades y su nombre griego en romano. Los romanos dieron nombre a los días de la semana actual, al asociar los astros con los dioses: Lunes, día la luna, martes, día de Marte, miércoles, día de Mercurio, Jueves, día de Júpiter, viernes, día de Venus, sábado, día de Saturno, domingo, día del Sol.

El cristianismo comenzó en el Imperio Romano bajo este panorama idolátrico y de culto al estado y al emperador, pero a través y como puente de lanzamiento del judaísmo que, como vimos, era una religión legal y reconocida por Roma. Sería Roma la que tuvo que juzgar, aprobar y ejecutar la sentencia a muerte por crucifixión de nuestro Señor Jesucristo a petición de los líderes religiosos judíos y autoridades del Templo.

El hecho de que llegara a existir el Imperio Romano, con sus calzadas y una paz y estabilidad durante los dos primeros siglos, permitieron que se pudiera difundir el Evangelio. Del mismo modo que Grecia aportó el idioma del Nuevo Testamento, Roma era la estructura logística por la que llegaría al mundo civilizado, bajo una unidad imperial global que daba estabilidad social y unificó razas y religiones bajo un mismo sistema de poder y de leyes. Al mismo tiempo, esa situación corrompió las antiguas costumbres, lo cual dejó al pueblo hambriento de la verdad y del Camino a Dios, ideal situación para llevar el Evangelio a los corazones y a las mentes de aquellos que vemos cómo reciben la salvación al leer Hechos de los Apóstoles. Se llegó al punto en el que el emperador se vio ignorado por el cristianismo, que sólo reconoce a Jesucristo como Rey de reyes y Señor de señores, no le reconocía como divinidad, y así, Nerón culpó a los cristianos del incendio de Roma para intentar librarse de ellos, e inició la brutal persecución que relata la historia, el circo, las ejecuciones, los leones, crucifixiones, origen de las prácticas de la “Santa” Inquisición contra los cristianos que se convertían del papado a Cristo por leer la Biblia, la Palabra de Dios, el verdadero Evangelio de Jesús. La Reforma Protestante no era más que el esfuerzo por volver al cristianismo primitivo, ese que sufrió la muerte bajo Nerón por no adorarle, es el mismo espíritu que hizo que el papado dictase la muerte de aquellos cristianos que no adorasen su poder, que no se sometían a su autoridad humana, aunque se hubiera apartado de la verdad de la Palabra de Dios, cambiándola por una tradición de hombres corruptos y ávidos de poder político, como emperadores de las almas de aquellos en los países bajo su poder, cuyos reyes se sometían al mandato del Papa. Desde entonces, desde la Roma de Nerón, a los cristianos ya no se les consideraba una rama del judaísmo y se les separó para ser perseguidos, como dice el Señor, que por causa de Él nos perseguirán y matarán, Mateo 10:16-25.

Pablo en Roma, Hechos 22, tras ser enviado a los gentiles, comienza su defensa ante las autoridades romanas ya que poseía ciudadanía romana de nacimiento, aunque era judío, un derecho que le permitía ser juzgado por un tribunal romano, votar leyes, y otros privilegios que la mayoría de habitantes del imperio no tenía, hasta que Caracalla la otorgó a todos los ciudadanos libres del imperio en 211. Pedro, escribió en su primera carta, a los hermanos de Babilonia, nombre que usó para la Roma decadente de su tiempo. Juan, autor de Apocalipsis fue enviado a Patmos por Roma, la isla es griega que era una prisión, lo cual no es casualidad, se mezclaban Roma con una isla de la lengua de la Revelación en la que escribiría, el griego, donde no le molestarían para escribirla.

El Derecho Romano, o Lex Romana, cambió el mundo a nivel legislativo, y es, junto a las infraestructuras, el gran legado de Roma al mundo. Había Derecho Privado y Público, y de este surgieron las ramas del Derecho Internacional (se aplicaba a los extranjeros), y el Derecho Civil. Las Leyes preparadas y propuestas por los magistrados debían ser votadas por los ciudadanos. Pero, la decadencia del Imperio llevó a que el emperador dictara leyes que no requerían ser refrendadas, una dictadura que llevó a la traición, la corrupción y el desmoronamiento del Imperio; no muy diferente a la política actual en gran parte del mundo, como marcan las profecías Bíblicas para el hombre de pecado y el tiempo del fin.

Finalmente recordaremos que los cristianos mártires aumentaron la fe de muchos, y el imperio sería conquistado espiritualmente hasta que llegó el emperador Constantino, quien daría los mismos derechos a los cristianos que a los paganos en el año 313 por el Edicto de Milán. En 346 Teodosio instauraría el Cristianismo como la religión oficial del imperio. Sobre la influencia de Roma en la historia, en este caso, sobre la fe, grandes creyentes han surgido de ella, una fe como la que el centurión romano profesó en el Hijo de Dios, hasta tal punto que Jesús se sorprendió. Su grado de comprensión de la autoridad de Jesús sobre lo sobrenatural, sobre la enfermedad del siervo que tenía en casa, fue un ejemplo que el Señor usó para decir sobre la fe de aquel centurión romano: “Ni aun en Israel he hallado tanta fe” Mateo 8:5-13.

 

PROFECÍAS SOBRE ROMA

El profeta Daniel vio que el cuarto imperio perduraba en el tiempo del fin, con 10 líderes (2:34-44; 7:7-24). El tiempo de ejecución es de 70 semanas, la famosa profecía de las 70 Semanas de Daniel 9:20-27. Esas semanas representan años, setenas de años, lo cual nos da 490 años, años de profecía Bíblica que tienen 360 días, que es una media entre el año solar 365,24 días, y año lunar de 354,27 días. La Profecía de las 70 Semanas, comienza con el edicto de Ciro, rey de Persia para reconstruir el Templo, con una primera semana. Tras las siguientes 62 semanas se quitaría la vida al Mesías, lo cual nos lleva a la semana de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén el Domingo de Ramos, para pasar por la Santa Cena de aquella Pascua, y Su muerte en la cruz. Falta la semana 70 que es futura, y estaba pendiente de cumplirse según lo veían Jesús y los apóstoles, y podría ser en el tiempo del fin. Algunos han argumentado que ya se cumplió en tiempos de Antíoco Epífanes, pero no es posible porque el Mesías no había sido muerto. Mientras que las dos opciones futuras tras la muerte del Mesías, son el año 70 d.C. o la última semana de la historia de la humanidad.

Ahora bien, si se ve a Roma, o el sistema que lo represente, de características proféticas similares, como el Imperio Romano restablecido al final del tiempo, la mayoría de eruditos en profecía Bíblica lo entiende como el régimen de gobierno mundial final, de donde se levantará el Anticristo, que perseguirá al pueblo de Dios, sea la Iglesia o los judíos, pero este enemigo será destruido por la venida en gloria de Jesucristo, (7:8, 11, 13, 14, 21-27) cuyo título específico para verle en estas profecías lo tomó el propio Señor Jesucristo del profeta Daniel, como el “Hijo del Hombre” (Daniel 7:13-14). Apocalipsis 13:1-8 conecta con esta profecía en una bestia de 10 cuernos, que fueron o serán 10 dictadores, con dominio universal, la bestia que era, y no es, y será (17:8). Aunque puede significar que no haya una cabeza visible, sino los 10 líderes mundiales, y el Anticristo impondrá que todos le adoren (13:3, 7:8). La característica principal de ese sistema de gobierno es su lucha contra Dios, contra la vida santa, contra todo lo que sea el Mandamiento de Cristo, imponiendo una marca de esa bestia, el 666. La última semana, la 70, de cumplimiento al final de la historia, y no sucesivamente después de la semana 69 (ver Texto de Daniel), se divide en dos períodos de 3.5 años, que, recordemos que son de 360 días = 42 meses = 1260 días. La primera parte un pacto de paz para Jerusalén que el Anticristo romperá, 3.5 años de paz, seguidos de 3.5 años que corresponden con la Gran Tribulación. El rapto o arrebatamiento de la Iglesia se posiciona en esta semana, si es al principio es pre-tribulacional, si a la mitad es mid-tribulacional, y si es al final es post-tribulacional. Es indiscutible pues, que si la profecía de la primera venida de Cristo se cumplió con exactitud, la segunda, también lo hará.

La interpretación escatológica preterista histórica ve los 3.5 años como cumplidos, específicamente 1335 días duró el asedio de Vespasiano y Tito a Jerusalén, hasta su caída en la Pascua del año 70. Desde el 6 del mes Av del año 66 que se puso fin al sacrificio diario a César por Eleazar, lo que causó la definitiva guerra judía contra Roma, según Josefo en su obra “Guerras de los Judíos”. Aquí vemos los 1260 días, 1290, y 1335 días, de Daniel, los dos períodos de tiempos de 3.5 años que duró, tanto el asedio y la toma final de Jerusalén, siendo el primero una parte de la tribulación, en años, y el otro, la otra, los 1290 hasta los 1335 en días que duró desde que los romanos entraron con la abominación desoladora adorando a sus ídolos, a Zeus, desde el 66, hasta el primer día de paz el 16 de Nisán del año 74 después de la muerte de los 960 judíos que quedaron en la fortaleza de Masada, por suicidio masivo. Los 10 reyes serían los césares que fueron emperadores y sus dinastías, desde el primero, Augusto, al último, Constantino, 10 reyes, 7 cabezas y 10 cuernos, con 7 diademas de Apocalipsis, caps. 12, 13 y 17. El preterismo total interpreta que todas las profecías de los últimos tiempos se han cumplido en el primer siglo de la era cristiana, pero el preterismo parcial interpreta que, si bien todas las profecías de los últimos tiempos tuvieron un cumplimiento en el primer siglo, lo hicieron parcialmente, como la historia demuestra, pero quedaría un cumplimiento final antes de la venida de Cristo, que sucederá como eventos de la sucesión final de la misma profecía, cumplimientos parciales de la misma, y que completan la totalidad de los eventos revelados a los profetas, con total exactitud.

Ver Estudio Bíblico Profético de las 70 Semanas en:

https://www.jesucristo.net/70Daniel.htm

La profecía de Daniel es uno de los pilares proféticos, pero también y de forma más relevante lo es la Revelación, o Apocalipsis de Jesucristo a Juan, lo cual nos sitúa después del año 70 y 74, pues Juan escribió después y desde Patmos. Si toda la profecía referente en el caso que hoy tratamos sobre Roma, está cumplida en su totalidad ¿por qué el Señor le revela a Juan acontecimientos futuros que parecen indicar que Roma, bajo el nombre profético de Babilonia estará al final? ¿Será que se refiere a la Roma religiosa, la que ha perdurado desde entonces hasta hoy como entidad católico-romana?

Babilonia la Grande, la Madre de las Rameras es la otra faceta de la profecía de cómo es la Roma Bíblica al final de los tiempos, el reinventado Imperio Romano, o una entidad de similares características que gobierne el mundo y que tenga autoridad sobre Jerusalén, sobre los judíos, sobre Israel, y de esta entidad se nos advierte: “Salid de ella pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas” Apocalipsis 18:4.

¿Habrá un tercer Templo judío en Jerusalén bajo mandato Romano? ¿Se cumplirá la profecía que hasta ahora falta con referencia al Templo: “He aquí, vuestra casa os es dejada desierta; y os digo que no Me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito El que viene en el nombre del Señor” Lucas 13:35 – Mateo 23:38.

El cumplimiento sucesivo de las profecías Bíblicas nos llevaría a tres eventos, tres que acaban con la profanación del Templo: Antíoco Epífanes, Tito, y el final del tiempo, justo antes de la venida de Cristo, y para eso debería haber Templo en Jerusalén. ¿Será esto lo que acontecerá pronto? ¿Y si la aparición sucesiva de los 10 reyes, con 7 cabezas y 7 diademas, en Apocalipsis 12, 13 y 17 es la aparición de un sistema de gobierno contra Dios que ha aparecido y aparecerá en sus tres formas, una como el de Antíoco Epífanes, otra como Vespasiano y Tito, y faltaría el último, que sería el último imperio del final de tiempo, representado por la Roma Bíblica? Cada cristiano debe estudiar y orar por el entendimiento de estas profecías, pero entre tanto debe cumplir con la Gran Comisión cristiana de hacer discípulos a todas las naciones, y buenas obras.

Estos días hubo una noticia en la que se informaba que el Papa de Roma sugería un estatuto especial para Jerusalén ¿algo parecido a lo que tiene el Vaticano, en Roma? ¿Será otro intento de tener poder sobre Jerusalén, incluso de ayudar a levantar el Templo para finalmente pedir su custodia por la paz? ¿Sería esto la antesala del pacto de 7 años a romper a los 3.5 de la semana 70 de Daniel?

 

EL ESPÍRITU DE LA ROMA BÍBLICA EN LA VIDA DEL CREYENTE

La Epístola a los Romanos nos muestra la forma pecaminosa de la sociedad pagana, antes del 70, pocos años antes de la destrucción del Templo de Jerusalén, y cuando los primeros cristianos de la capital del imperio estaban a punto de ser perseguidos. El versículo 17 del capítulo 1 de Romanos “Mas el justo por la fe vivirá”, es el pasaje famoso que cambió los corazones de San Agustín, Martín Lutero (versículo fundamental de la Reforma Protestante), o de John Wesley. Una fe que es más necesaria cuando se viven experiencias de persecución por causa de esa fe en Cristo.

Ver Estudio Bíblico resumen de Romanos: https://www.jesucristo.net/Resumen-de-Romanos.htm

El espíritu de Roma, o estar en Roma, bajo la perspectiva Bíblica, persigue al cristiano que en verdad lo es. Lo hemos visto en la Roma del primer siglo, desde Nerón, y lo vimos con la “Santa” Inquisición, pero todavía lo vemos hoy en todo el mundo, cómo muchas iglesias tradicionales, en especial la Católica Romana sigue sin reformarse e impone su autoridad en sus ámbitos de influencia. Ese espíritu tiene una característica que perdura hoy, y se trata del sinergismo mezclado con el anticristo, una mezcla de la religión dominante con aquellas religiones y culturas que conquista o con las que se fusiona, y esto se aplica tanto a culturas como a individuos, por un lado, y la mezcla de la verdad con la mentira, lo cual es muy peligroso porque engaña a muchos. La historia nos muestra cómo Roma, al llegar a ser república empezó mezclando las religiones de los pueblos con una forma adaptada del Olimpo, pero degeneró en una religión de estado que convirtió al emperador en la divinidad a adorar. El Catolicismo Romano, heredero de ese sistema al que su sociedad estaba acostumbrada, cambió el culto a las divinidades romanas por las divinidades de los pueblos que evangelizó, y el pontifex maximus en la persona del Papa que unifica los conceptos de representante de Dios en la tierra con el emperador, este, ahora, de un imperio religioso. No es de extrañar, pues, la sinergia del Catolicismo Romano con chamanismos y religiones varias, y sus fusiones, las distintas formas de divinidades convertidas en santos y vírgenes de la Iglesia de Roma, desde donde el Vaticano ha ido fomentando el sistema a través de los cardenales y los obispos.

El espíritu de la Roma Bíblica, entiéndase bien que hablamos de una forma de manifestación religiosa de dominio y herejía que usa todos los estamentos religiosos, divinidades paganas, cultos diversos y toda forma cultural que conquista, para aceptar cualquier mediador que supuestamente lleve a Dios, siendo que, aunque enseña que Jesucristo es el Salvador de nuestra alma por Su obra expiatoria en la cruz, acepta que santos, vírgenes, ángeles, antepasados, y otros entes espirituales sean considerados mediadores que lleven a Dios, además de Jesucristo, lo cual es una desviación de la verdad del Evangelio, una herejía que va en contra de las Palabras de Jesús: “Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida; nadie viene al Padre sino por Mi” Juan 14:6. Y como enseña el apóstol Pablo: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a Sí mismo en recate por todos…” 1 Timoteo 2:5-6.

¿Por qué entonces el catolicismo Romano es mariano y enseña a ir a otros intermediarios que no son Jesucristo mismo, el cual está vivo y reina, y a quien esperamos en Su venida a establecer el Reino de Dios? ¿Por qué se lleva a los creyentes al engaño? El engañador, que es lo que significa Satanás, está detrás de toda desviación de la sana doctrina, y de igual modo que Roma quería que la sociedad adorase a un hombre y no a Dios, en la religión mezclada con Cristianismo que ha fabricado el Catolicismo Romano y otras iglesias, se trata de lo mismo, de desviar la adoración a otros, y no exclusivamente a Jesucristo como Él mismo demanda porque sólo Él es Dios hecho Hombre y ha muerto y resucitado por nosotros, estando hoy sentado a la diestra del Padre, algo que ni santos, ni la virgen María, ni ningún intermediario ha hecho, ni puede, ni debe hacer, conforme a la doctrina de todos los apóstoles en sus cartas en La Biblia.

Por otra parte, muchos argumentan que este santo, o este Cristo, o esa virgen hacen milagros, o este santo concede peticiones, y por ello van a rezar y pedirles, como si el Señor Jesucristo no los concediese. Lo que ocurre es que la gente busca el milagro, lo que ellos quieren, y no la voluntad de Dios. ¿O piensan que Jesús está muy ocupado con otras cosas que no puede atenderles porque no les ama, o piensan que Dios no es omnipotente ni omnisciente, y por lo tanto creen que no tiene capacidad para ocuparse de cada persona al mismo tiempo, cuando mantiene el universo y el Cielo, la dimensión donde habita con Sus ángeles, en su totalidad? No, no hay que caer bajo el espíritu de la Roma Bíblica, no hay que ir a otros, sino sólo a Cristo. No hay que dejar que el diablo engañe aceptando ser desviado a otros, lo cual es su objetivo, que no acudamos a Jesús. El peligro de no ir a Jesús y acudir a otros, es que podemos hallarnos buscando o pidiendo algo que Dios no nos quiere dar, por el motivo que Él sabrá, pero nosotros seguimos buscando quien nos conceda el deseo, como si del mago de la lámpara se tratase, y el peligro es que el engañador tiene poder de hacer algunos de esos milagros con tal de tener engañados y sometidos a los creyentes, y nos encontramos gente haciendo promesas, rezos repetidos y sin sentido, u otros sacrificios en lugar de confiar en Dios: “Honrad al Hijo… …Bienaventurados los que en Él confían”. Salmo 2:12.

Espiritualmente hablando, el espíritu de la Roma Bíblica, del Imperio Romano Bíblico, de Babilonia, es el sometimiento a un sistema que por una parte parece santo y que aporta parte de la verdad, pero la mezcla con mentira, abominación y herejía, Apocalipsis, caps. 17 y 18, un sistema que desvía la adoración sólo a Dios y la intermediación solo por Cristo, hacia otros que no son el Camino a Dios. El propio apóstol Pedro usa el término Babilonia para referirse a la iglesia de Roma, 1 Pedro 5:13. La descripción de Babilonia de Apocalipsis 17 y 18 es a lo que Pedro se está refiriendo al llamar Babilonia a Roma, un espíritu de seducción y hechicería cual ramera, Apocalipsis 18:23 que seduce a los creyentes, una sociedad romana, la del tiempo de los apóstoles que tiene las características de Babilonia, de Babel, de una forma propia de hacerse una torre o zigurat religioso que llegue al cielo, o simplemente una mezcla de vida pecaminosa vestida de rituales, penitencias, votos, bulas, etc. con tal de que los clientes religiosos no les falten. Esa es la Babilonia-Roma que va a ser desolada y que caerá finalmente en la historia, pero que también cae en el corazón de todo verdadero creyente en Cristo, y de la que todos los que en verdad aman a Dios no podrán soportar y a los que se les advierte que salgan de ella, ya. El juicio de Dios contra Babilonia viene de antiguo, ese espíritu que hemos descrito, lo cual también anuncia el Señor al profeta Isaías en el cap. 47, pero hay algo relevante, dice que es el propio Dios quien entrega a Su pueblo rebelde y obstinado a esa potestad como castigo por despreciarle y le pide a ella cuenta, vs. 6. También de Jerusalén se habla que se descubrirán sus faldas y se verá su ignominia, sus fornicaciones y adulterios, esos que llevaron a los líderes religiosos del Templo a rechazar y condenar el Hijo de Dios, Jeremías 13:26-27.

 

CONCLUSIÓN

El espíritu de la Roma Bíblica, de Babilonia la Grande, es de sometimiento y seducción de la ramera y madre de las rameras, toda práctica religiosa falsa, de tradición de hombre que se opone a Jesucristo, que a la herejía la disfrazada de santidad y de verdad, siendo que peca y miente a sus miembros, pero los cubre con rituales, y pompa, incluso se vende por dinero a cambio de una falsa limpieza de las conciencias de los hipócritas, y hemos visto que no solo es Roma, sino Jerusalén, y cualquier doctrina falsa de cualquier religión, iglesia o secta. El Señor nos advierte sobre ser parte de ella de la siguiente forma: “Y oí otra voz de cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas; porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades. Dadle a ella como ella os ha dado, y pagadle doble según sus sobras…” Apocalipsis 18:4.

El Imperio Romano ha contribuido en la historia de la humanidad legando la Ley o Derecho Romano, las calzadas, acueductos, e infraestructuras, así como un legado de unidad imperial que muchos echan en falta, y que otros abominan. Roma, la ciudad de Italia, hoy, es un museo al aire libre de lo que en tiempos del Imperio fueron su poder y dominio. También en Roma, en esa especie de isla estado independiente, en la colina vaticana, al otro lado del río Tíber, se halla la sede de la institución que mezcla el Evangelio con herejías, la verdad con la mentira, una institución que ha dominado a todos los reyes de todos los países que no solo serían en la historia el Sacro Imperio Romano Germánico, sino que dominó las coronas de España, Francia, y todo el imperio conocido que fue católico, hasta las cruzadas, y que sigue influyendo hoy en la mayoría de países de occidente, aunque no ha llegado a reformarse para adecuarse a la verdad Bíblica, y mantiene muchas tradiciones de hombres contrarias a la verdad, y corrupción de poder, se excusa en la Contrarreforma, que solo hizo algunos cambios, muy lejos de volver a la doctrina Bíblica, y manteniendo o reforzando aún más su empecinamiento en doctrinas de hombres. A día de hoy sigue fomentando la intermediación de santos, vírgenes, antepasados y otros entes, en lugar de reconocer que nuestro Señor Jesucristo es el único mediador entre Dios y nosotros, como muestras la Biblia.

Israel y Roma están vinculados en la Biblia. Su relación transcendental lo es por ser los participantes del evento central de la historia de la humanidad, la crucifixión de Cristo que vino a morir por nuestros pecados, para cumplir la justicia de Dios, en nuestro lugar, el de todas y cada una de las personas de la historia que crean en Dios y en Su plan de salvación, reconociéndose pecadores y sabiendo que esperan la misericordia y el amor de Dios para la vida eterna. Los líderes religiosos judíos se sintieron amenazados en su posición y rechazaron al Hijo de Dios, a su y nuestro Mesías, y Le llevaron a Poncio Pilato, gobernador para Judea del Imperio Romano para que fuese el brazo ejecutor de la condena a muerte, lo cual cumple la historia de la Parábola de los labradores malvados, Mateo 21:33-46. Ambos, Roma y los judíos serían destruidos, los primeros en la caída del imperio, y los segundos en el 70, porque: “He aquí vuestra casa os es dejada desierta. Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor”. Salmo 118:26 – Mateo 23:38-39. Al final, cuando se cumpla el Tiempo de los Gentiles, Lucas 21:25-28, lo harán porque se verán amenazados y recibirán al Hijo de Dios que los salvará.

Finalmente, hemos recorrido las profecías vinculadas a Roma, el cuarto y último de los imperios que vio el profeta Daniel, profecías que se han cumplido con exactitud, así como las referidas por Juan en Apocalipsis. Si queda alguna consecución final de la profecía vinculada con Roma para el tiempo del fin, se relacionará con Israel, con Jerusalén y sobre todo con nuestro Señor Jesucristo, el Mesías de Israel a Quien recibirán al final. Deberá haber una segunda parte de este Estudio, que si Dios quiere que escriba, se dedicará a la situación de la última semana de Daniel, semana número 70, y si podrá estar en relación a un futuro y final orden mundial al estilo de la Roma Bíblica, uno que profane el Templo que ahora no existe, y si su líder hará un pacto con Israel con respecto a Jerusalén viniendo desde Roma. Me despido con palabras de Pablo en 1 Tesalonicenses 5: “No apaguéis al Espíritu. 20 No menospreciéis las profecías. 21 Examinadlo todo; retened lo bueno. 22 Absteneos de toda especie de mal. 23 Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. 24 Fiel es el que os llama, el cual también lo hará”. Amén.

 

 

Jesucristo
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