EGIPTO

 

HISTORIA BÍBLICA Y TEOLÓGICA

ABRAHAM, JOSÉ Y JESÚS

© Carlos Padilla – Febrero 2024

En nuestra serie de Historia Bíblica viajamos a Egipto. Sabemos que el Génesis nos habla de Egipto y en referencia a varios personajes de la historia de Bíblica que viajaron al país, como Abraham, José y Jacob con todo Israel. Sin embargo, es menos conocido que un nieto de Noé, después del diluvio, podría ser, con su familia, el fundador de Egipto, un reino que se inició con los hicsos, y que llegaría a las dinastías de los faraones, el nombre de aquel nieto es Mizraim (Génesis 10:6), y ese nombre es el original que el Texto hebreo da a Egipto. También sabemos que Jesús estuvo en Egipto de niño, como nos muestra el Evangelio de Mateo 2:13-23 por causa del cumplimento de la profecía de ser llamado de Egipto, y por causa de la matanza de los niños mártires de Jesús, tras la orden de Herodes de matar a todos los niños menores de dos años, tras nacer Jesús. Pero el ángel avisó a José para que tomase a María y al Niño Jesús para huir a Egipto y preservar Su vida.

Egipto, es, además de una fascinante historia, un concepto teológico que representa el mundo, la sociedad, la cultura, la religión, y todas estas construidas por el hombre para su propia gloria, sin contar con Dios. Es una de las razones por las que leemos en Apocalipsis 11:8 en referencia a los dos testigos profetas: “…y sus cadáveres estarán en las calles de la grande ciudad, que en sentido espiritual se llama Sodoma y Egipto, donde también nuestro Señor fue crucificado”, y sabemos que Jesús sólo fue crucificado en Jerusalén, pero la clave sobre la ciudad a la que se está refiriendo nos la da el propio Texto Bíblico de Apocalipsis, en los versículos 1 y 2 del mismo capítulo 11. Este es uno de los misterios teológicos que abarcaremos por su relevancia para nuestra relación espiritual con nuestro Señor y Salvador Jesucristo, a Quien esperamos en Su venida para establecer Su Reino.

 

HISTORIA DE EGIPTO EN LA BIBLIA

Egipto es una de las civilizaciones más fascinantes de la historia, visitada cada año por miles de turistas, y este año 2024 se podrá disfrutar del nuevo Gran Museo Egipcio. La historia de Egipto se compone de tres partes: el imperio antiguo, iniciado por los hicsos, unos reyes pastores, que data sus inicios en Menfis y Tebas, alrededor de entre el 2.700 a.C. y el 2.200 a.C. con seis dinastías, siendo la cuarta a la que se atribuye la construcción de las grandes pirámides y la esfinge de Guiza. El imperio medio, por semitas de Asia hasta la XVII dinastía, y el imperio nuevo que expulsó a los hicsos recuperando el poder anterior, hasta la XXX dinastía en el 333 a.C. Velikovsky y Courville relacionan a los hicsos con los amalecitas, lo cual llevaría a coincidir con el Éxodo de los israelitas, y estas hordas de amalecitas se enfrentaron con ellos tras salir de Egipto. (Diccionario Bíblico Ilustrado – Vilá-Escuain, pg. 284). Esto también está apoyado por el papiro de Ipuwer.

Abraham fue allí por el hambre que había en la tierra (Génesis 12) sobre el 1.900 a.C. siendo la primera vez que se menciona el país en las Escrituras. Sin embargo, como ya hemos mencionado, el nieto de Noé, Mizraim (Génesis 10:6) hermano de Canaán, ambos hijos de Cam, es quien da nombre al país de Egipto, ya que así se conoce Egipto en el hebreo. Las dinastías y líneas sucesorias de los faraones (un ejemplo es el Papiro de la dinastía 19 del Canon de Turín), se tienen que contemplar desde el punto de vista de cuantos eran contemporáneos, cuántos gobernaban al mismo tiempo y sobre todo no duplicar los reinos del norte y del sur como interpretó Manetón (historiador egipcio siglo III a.C.), lo cual duplica el tiempo en cada periodo en el alto Egipto, medio Egipto, y bajo Egipto, resultando con su error más dinastías que las que reinaron. La realidad es más corta, como ya han aceptado los historiadores. Las dataciones a mediados del siglo XX de quienes pretendían una fecha lo más antigua posible de la historia de Egipto estaban entre el 5.000 a.C. y el 2.000 a.C. Sin embargo, los estudios más recientes están llegando a una fecha aproximada entre el 2.480 y 2.620 a.C.

Las pirámides de Guiza son un tema interesante, tanto por su datación, como por ser parte del mismo estilo arquitectónico de los zigurats, torres de forma piramidal comunes a todas las primeras culturas, como la torre de Babel, Nínive, etc. Hay arqueólogos que argumentan que las pirámides están construidas sobre los restos arcillosos del diluvio, lo cual resulta algo evidente por los fósiles, incluido los marinos que contienen dichos sedimentos. Las propias estructuras y sus grandes piedras no tienen signos de haber sufrido los efectos del diluvio, que sí afectó a la geología y montañas del planeta. También los materiales usados para construirlas, como el mortero en cuya mezcla se encuentra obviamente material orgánico datado por radiocarbono, siempre teniendo en cuenta que no es exacto, así como otros materiales usados, lógicamente muestran fechas diferentes porque ya estaban ahí, y sí muestran evidencia de formar parte de las capas post diluvio. Por otra parte, sabemos que se ha datado la gran pirámide de Guiza según el faraón Khufu, y la cuarta dinastía, por las inscripciones halladas, pero las fechas que los historiadores han concluido para las dinastías han sido datadas con distintas fechas.

El Creacionismo de la “Tierra Joven” fecha la creación entre el 6.000 y el 4.000 a.C. y el diluvio de Noé sobre el 2.350 a.C. algo que suele ser lo que abre el debate de si las pirámides son anteriores o posteriores al diluvio. La información que encontramos en la Biblia, (Génesis 7:11) indica que el día 17 del mes segundo del año 600 de Noé, entró en el arca con su esposa, sus tres hijos y sus esposas, y todos los animales. Y estuvieron sin salir del arca hasta el siguiente año, en el mes segundo del año 601 de Noé. Su genealogía desde Adán, según la Biblia, nos lleva también a fechas aproximadas para el diluvio. Las fechas más antiguas, dentro de la historia secular, aunque ya han sido corregidas por los expertos, llegaban incluso a ubicar las pirámides antes de la fecha de la creación propuesta por el Creacionismo de la Tierra Joven. Hoy nos encontramos con fechas tan parecidas o con solo 50 años de diferencia, que en el caso del diluvio es una diferencia pequeña razonablemente hablando.

 

EVIDENCIAS DEL DILUVIO DE NOE

Las diferentes narraciones del evento del diluvio por parte de todas las culturas de los cinco continentes, babilonios, sumerios, acadios, chinos, nipones y amerindios, y las sedimentaciones de los restos del evento cataclísmico en todo el planeta, si realmente tuvieran tanto tiempo como propone una parte de los geólogos, se habrían descompuesto, sin embargo, se han conservado bien por el efecto de una rápida, prácticamente inmediata fosilización, son evidencia de que en efecto un cataclismo planetario ocurrió, la discrepancia es cuándo. Alguno de los más conocidos es el relato en la cultura de Mesopotamia por Gilgamesh en una tablilla que relata un evento similar al diluvio del Génesis. Las pruebas que aportan los sedimentos de restos marinos en altas montañas como el Himalaya, o las capas de fósiles de gran variedad de animales y plantas de golpe en China, en la biota de Chengjiang, o las capas del Gran Cañón, muestran que el diluvio universal ocurrió, pero parte de los geólogos lo atribuyen al periodo cámbrico con una fecha de 45 millones de años, donde aparecen todas las especies de golpe, lo cual es por su parte una evidencia de que el evolucionismo macro-evolutivo no es posible. La información acumulada por la geología por parte del creacionismo de la Tierra Joven, apoyado por multitud de geólogos y científicos, por su parte nos lleva a fechas alrededor del 2.450 a.C. La diferencia es abismal, de 4.500 años de antigüedad, redondeando, a 45 millones de año, se pierden muchos ceros entre ambas dataciones.

El Señor Jesús dijo que en los días de Noé (Mateo 24:38-39), el diluvio se los llevó a todos como juicio de Dios, y Jesús no miente, sino que Él es la Verdad, y no habría hablado de un evento que no fuese real e histórico, y aquí no se estaba hablando de algo simbólico o espiritualizado, sino de historia real profética de eventos Bíblicos, y sabemos por la evidencia que todas las profecías Bíblicas se cumplen. También los apóstoles Pedro (1 Pedro 3:20 – 2 Pedro 2:5) y Pablo (Hebreos 11:7) mencionan el diluvio como un castigo de Dios.

Lo triste de la historia postdiluviana es que la humanidad continuó con sus propios planes apartados de Dios, dijeron “…hagamos una torre que llegue al cielo” (Génesis 11:1-9) y construyeron un tipo de zigurat conocido como la Torre de Babel. Dios confundió sus lenguas para que no se pudieran entender y hubo una dispersión universal de grupos que resultaron en las distintas culturas y lenguas. Este hecho se ha demostrado por restos de humanos modernos en los cinco continentes, restos de artefactos de la misma época, restos del tipo de agricultura y formas de cocinar, así como análisis genéticos.

Un dato curioso de hasta qué punto caló la historia del Diluvio es la moneda de Apamea con la representación del Noé y el arca, datada en el 250 a.C. hallada en Frigia.

Finalmente podemos mencionar que no sólo están las pirámides en la época de que hablamos, sino que también los zigurats encontrados en otras culturas contemporáneas, todos son de forma piramidal, incluyendo las construidas por los sumerios, anteriores a los egipcios. Sumeria es la tierra de Ur, de donde emigró Abraham, quien pudo compartir conocimientos con los egipcios, según Josefo.

Los egipcios eran muy religiosos y conscientes de una vida más allá de la muerte. Aunque eran politeístas, había un dios principal y sus conceptos de orden y moral eran bastante elaborados. Sus representaciones funerarias muestran un juicio donde se ve como el corazón es pesado para juico y decidir si se va al paraíso o a un castigo. Su lenguaje y escritura es de origen semita y camita, inicialmente con jeroglíficos, elaboraron un alfabeto de 24 letras, sin vocales, como el hebreo o el griego, hasta el demótico y el hierático, siendo famosa la piedra negra de Rosetta (Mueso Británico), que relata la historia de Ptolomeo (196 a.C.), y ha sido clave para descifrar escritos egipcios, junto a otra inscripción que hablaba de dos Cleopatras. Hasta la época de las invasiones griega y romana, se ha ido perpetuando en el copto, al cual la Biblia también ha sido traducida y usado en la liturgia.

Para cerrar este breve aparado de la historia de Egipto, mencionaremos que, tras la última dinastía, los ataques a Asiria en los días de Josías, faraón Necao murió en la batalla de Megido (lugar de Armagedón). Egipto sucumbiría ante Babilonia, derrotando Nabucodonosor a Necao en la batalla de Carquemis, apoderándose de toda la tierra desde el Éufrates hasta el Nilo, y el faraón nunca más salió de su tierra (2 Reyes 24:7 – Jeremías 46:2-12) siendo que el Necao de las Escrituras es el Nekau de los monumentos. Luego llegó el dominio persa, siendo Egipto tributario de Ciro, rey de Persia. Alejandro Magno se apoderó de Egipto, helenizando el imperio, y construyó Alejandría en el 331 a.C. cuya famosa biblioteca albergaba una de las mayores colecciones de libros del mundo antiguo traducidos al griego, convirtiendo el griego en el idioma del Mediterráneo, incluso el Nuevo Testamento se escribió en griego koiné, además de haber dejado un legado como es la Septuaginta, o Biblia de los LXX cuyo Texto del Antiguo Testamento podría ser el más antiguo directo del original hebreo. Fue sucedido por los ptolomeos (profetizados por Daniel 11). Luego, como todos sabemos llegó en imperio romano, y posteriormente los sarracenos arrebataron Egipto al imperio bizantino, pero los turcos lo dominaron hasta finales del XVIII seguido de las luchas entre

 ingleses, franceses y turcos, hasta la declaración de independencia. Desde 1948 es hostil al renacido estado de Israel.

 

ABRAHAM EN EGIPTO

Abraham representa a cualquier persona que crea a Dios y Le siga con fe. El lector cuando lee la historia de Abraham está leyendo la que debería ser la suya, en su vida. Recibió de Dios el siguiente mensaje, que es la condición para que Dios nos hable: “…Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré…”, Génesis 12. El cambio de vida que Dios nos pide, para pasar de vivir nuestro propio proyecto, para vivir el Suyo en nosotros. También el pacto es con Abraham: la circuncisión, que hace que estemos dispuestos a circuncidar nuestra «carne», la mente sin Dios, que dejemos abierto nuestro corazón para el amor de Dios, y que estemos dispuestos a cortarnos nuestra manera de juzgar y de hacer, para hacer conforme a la de Dios, no es por lo tanto Judío espiritual el que circuncida su prepucio, sino el corazón en espíritu. Jeremías 4:4.

Vemos en Abraham a Dios Padre, que Se ve en la situación de ofrecer a Su Hijo unigénito en sacrificio, al Hijo de la promesa del Espíritu. ¿Cómo iba Dios a permitir que Isaac muriese, si representaba la descendencia de la fe? Sin embargo, Nuestro Padre sí que ha ofrecido a Su Hijo Unigénito, a Jesucristo por nosotros, el cual se entrega a Si mismo para volver a tomar la vida, una vez vencida la muerte y el maligno, por nosotros. Abraham es el padre de la fe.

Génesis 15:18, 18:1, Mateo 3:9, Marcos 12:26, Lucas 16:22, Juan 8:39, Romanos 2:29, 4:1-16, 9:7, Gálatas 3:7, Colosenses 2:11, Santiago 2:21.

“…Si Abraham fue justificado por las obras, tiene de qué gloriarse, pero no para con Dios. 3Porque ¿qué dice la Escritura? Y creyó Abraham a Dios, y le fue atribuido a justicia”. Romanos 4:2-3.

Ver Estudio Bíblico en Alimento Sólido: ABRAHAM. AMIGO DE DIOS.

 

JOSÉ EN EGIPTO

José fue el precursor de quien no va a Egipto por su propia voluntad, sino forzado. Sin embargo, aunque él vive con Dios, ama a Dios y Le busca en todo, Dios tiene un plan para que dentro de Egipto dé testimonio del verdadero Dios. Aquí José es la viva imagen del cristiano en la sociedad, quien finalmente es alabado por el propio Faraón quien lo pone a gobernar Egipto. Antes tuvo que sufrir grandes calamidades y pruebas, como ser olvidado en una cárcel, como esclavo y sirviente de los presos, situación que Dios utiliza para que, por sueños, el copero de Faraón reciba la interpretación de su sueño por José, y éste al ser restituido en su puesto, informe al propio faraón de que José puede interpretar un sueño que Dios le da al faraón sobre los 7 años de vacas gordas y los 7 años de vacas flacas. El plan de Dios incluía salvar a Israel del hambre, que José, a pesar de haber sido traicionado por sus hermanos, pudiera aprender a perdonarlos y salvar a Su pueblo, hasta que después de su muerte fueran esclavizados, y posteriormente liderados por Moisés quien los sacaría de Egipto, cruzando el Mar Rojo hacia la Tierra Prometida, el libro de Éxodo, en adelante. Génesis 37:28 – 42:3.

Los 430 años que el pueblo de Israel tiene relación con Egipto se componen de dos periodos de 215 años, que suman los 430. El Texto de la LXX Septuaginta griega, que es el segundo más antiguo que tenemos del Texto hebreo (es su caso traducido al griego) a diferencia del Texto Masorético que debió transmitir la interpretación de todo el periodo en lugar de los 215 años. Desde Abraham a todo Israel en Egipto 215 años. Y desde entonces hasta el Éxodo de Moisés, otros 215 años. Además de la Septuaginta, el Pentateuco Samaritano y el historiador Flavio Josefo (Antigüedades 2:15-2) apoyan la interpretación del apóstol Pablo en Gálatas 3:16-17.

José en Egipto, es, pues la historia de cualquiera que ame a Dios, quien recibe revelación de Él, como los sueños de José, que, aunque nos aborrezcan nuestros propios hermanos, o congéneres, tendremos una situación igual a la de este antepasado espiritual nuestro, que ve como su padre, que representa a nuestro Padre Celestial, no se olvida de él y le ama, aunque le permite pasar una dura prueba, antecesora de una gran bendición. Vence la tentación al rechazar a la mujer de su amo Potifar, y culpado injustamente, que representa el alma de Potifar, es decir su actitud y carácter en Egipto, símbolo del mundo corrupto e independiente de Dios. Por ser José recto con Dios y no seguir al mundo es encarcelado, pero sería liberado para llegar a ser, no solo el gobernador de Egipto, la mano derecha del Faraón, sino que el propósito era ser el vehículo de la salvación de Israel. Esto es símbolo del pueblo espiritual de Dios, porque la familia y los hermanos de José, son figura de nuestros familiares, vecinos, compañeros de trabajo que van a arrepentirse, porque por nuestra predicación y trato en la vida tendrán un testimonio vivo, como dice el Señor: “…Mi Palabra que sale de Mi boca; no volverá vacía…”, Isaías 55:11.

Génesis 37:5 al 11, 37:12 al 28, 39:1 al 18, 39:19 al 23, Salmos 105:17, Hechos 7:9, Hebreos 11:22.

“…Llevado, pues, José a Egipto, Potifar oficial de Faraón, capitán de la guardia, varón egipcio, lo compró de los ismaelitas que lo habían llevado allá. 2Mas Yahweh estaba con José, y fue varón próspero; y estaba en la casa de su amo el egipcio… …37El asunto pareció bien a Faraón y a sus siervos, 38y dijo Faraón a sus siervos: ¿Acaso hallaremos a otro hombre como éste, en quien esté el espíritu de Dios? 39Y dijo Faraón a José: Pues que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay entendido ni sabio como tú. 40Tú estarás sobre mi casa, y por tu palabra se gobernará todo mi pueblo; solamente en el trono seré yo mayor que tú”. Génesis 39:1 y 41:37.

Ver Estudio Bíblico en Alimento Sólido: JOSÉ EN EGIPTO.

 

JESÚS CON JOSÉ Y MARÍA EN EGIPTO

“Después que partieron ellos, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo. 14 Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto, 15 y estuvo allá hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta, cuando dijo: De Egipto llamé a mi Hijo”. Mateo 2:15.

Jesús fue llevado por sus padres a Egipto para escapar del martirio por causa de la orden de Herodes, guiados por el ángel del Señor que hablaba a José en sueños. Pero hay más en esta historia que debemos conocer y aplicarnos a nuestras vidas en Cristo. Cuando Jesús va a Egipto, nos está diciendo que el Hijo de Dios, el Mesías, el Salvador viene al mundo, y viene para salvarnos de la esclavitud al sistema, del pecado, de nosotros mismos, a darnos la vida eterna, a morir en la cruz por nosotros, en nuestro lugar.

La profundidad y la implicación de esta acción es mayor de lo que a primera vista se aprecia, pues además del hecho celestial de que el propio Dios venga como hombre al mundo que Él ha creado y lo haga a través de Su Hijo, debemos darnos cuenta de que es una acción del gran amor de Dios. El Padre y el Hijo, en el seno de la Deidad, decidieron antes de la fundación del mundo, y viendo que al darnos libre albedrío pecaríamos, que sería necesario un plan de justicia santa que sólo podría ser llevado a cabo por el mismo Dios proveyendo Su propia vida, dar la vida por nosotros como la mayor prueba de amor por Sus hijos, aun siendo pecadores, y que por la fe pudiésemos ver la inmensidad de Su obra y arrepentirnos, que nos doliera de verdad vivir apartados de Él y sin tener en cuenta Su sabiduría, amor, consejo y propuesta de Su Reino eterno.

Ese pacto dentro de la Deidad implicaba la crucifixión del Hijo de Dios quien no dudó en dar Su vida por nosotros, pero implicaba dejar el lugar celestial, en el cuerpo glorioso y espiritual en el Trono de la Gloria para hacerse un hombre y vivir en una época específica, en la cual cumplir Su plan, evangelizar, cumplir las profecías, convivir con nosotros, sufrir, reír, vivir como hombre, conocer toda tentación en la carne, para, al final resucitar y ascender de nuevo a Su lugar anterior en aquella gloria que tenía con el Padre, pendiente de que se cumplan los tiempos de la humanidad, se salven todas las almas que creerán, y venga a establecer Su Reino. Y no debemos olvidar que Moisés fue un primer libertador del pueblo de Dios en Egipto, libertador de la esclavitud y de la tiranía para construir un reino que solo daba gloria a un hombre enemigo de Dios, pero es Jesús, el verdadero y profetizado Libertador del alma para siempre, quien nos saca de la dependencia del mundo y lo que ofrece, del pecado, y sobre todo de vivir sin Dios, para llevarnos a la tierra prometida de una vida con Dios, bendecida y guiada por Él. Todo esto ha cumplido Jesús al venir a Egipto, al mundo del hombre.

Si vemos la parte histórica, el viaje de José, María y Jesús a Egipto ha dado como resultado 25 lugares por donde pasó la familia santa que han ido forjando una ruta de la tradición, donde con los años se construyeron iglesias y lugares de recuerdo y de culto, como fuentes bendecidas por el Niño Jesús, etc. que pueden ser visitados como turistas, desde el Viejo Cairo, hasta el Sinaí. Pero, tal viaje, aunque no tengamos certeza completa de su absoluta veracidad, sí que nos acercará a la vivencia de esa Familia, la más especial de la historia, que siendo quienes eran, tuvieron que emigrar, ser desterrados, y viajar con el Bebé de Dios para preservar Su vida guiados por ángeles, vivir seguramente con otros judíos en Egipto y esperar para regresar a su pueblo de Nazaret.

 

¿QUÉ ES EGIPTO EN NUESTRA VIDA ESPIRITUAL?

Si leemos la descripción de nuestro “Diccionario Espiritual de la Biblia” que es parte del libro “La Mente de Cristo. ¿Conoces a Jesucristo?” pg. 77 encontramos la siguiente descripción sobre Egipto: El mundo, la sociedad y su sistema apartado de Dios. El pueblo de Dios fue esclavo allí, lo cual es símbolo de lo que somos en nuestro mundo, si no pedimos a Dios que nos guíe Él, en lugar de seguir la propuesta de este sistema, la esclavitud al mundo.

Deuteronomio 23:7, Isaías 19:25, Mateo 2:14, Apocalipsis 11:8.

Ver Estudio Bíblico en Alimento Sólido: FABRICANDO LADRILLOS PARA EL FARAÓN.

De esta descripción breve de lo que significa, teológica y espiritualmente Egipto, destacaría el hecho de fabricar ladrillos para faraón como un símbolo de lo que en realidad hacemos cuando buscamos nuestros propios proyectos en el mundo, sin haber buscado primero la bendición y la dirección de Dios. Estos proyectos terminan siendo solo la edificación de pirámides, esfinges, templos, muchos proyectos influenciados por la corriente del mundo y para el mundo, y además en forma de esclavitud, una esclavitud al estrés, el éxito, o el sueño americano, a una agenda imposible, a demandas sociales que no podemos llevar a cabo, familiares, de costumbres, de lo que se supone que hay que hacer para estar bien con todos. En definitiva, hacer ladrillos estando angustiados buscando, primeramente, no el Reino de Dios, sino el renio de este mundo, o las riquezas, o las posesiones, o los deleites temporales. Todos ellos llevan al hartazgo y una vida sin sentido.

Es una de las razones por las que leemos en Apocalipsis 11:8 en referencia a los dos profetas: “…y sus cadáveres estarán en las calles de la grande ciudad, que en sentido espiritual se llama Sodoma y Egipto, donde también nuestro Señor fue crucificado”. Y sabemos que Jesús sólo fue crucificado en Jerusalén. Pero la clave sobre la ciudad a la que se está refiriendo nos la da el propio Texto en los versículos 1 y 2. Este es uno de los misterios teológicos que abarcamos aquí por su relevancia para nuestra relación espiritual con nuestro Señor y Salvador Jesucristo, a Quien esperamos en Su venida para establecer Su Reino. Los dos testigos son Moisés y Elías los cuales simbolizan la Ley y el Espíritu, los Mandamientos y la fe de Jesús, que empieza con nuestro arrepentimiento. Ver también el estudio Los Dos Olivos. Los versículos 1 y 2 nos hablan de medir el patio y la zona del Templo, el cual está en Jerusalén. Esto significa que estas tres ciudades se ven representadas en Jerusalén (Sodoma y Egipto) porque en ella cada uno de nosotros veremos venir a Jesucristo, del mismo modo que fue allí crucificado y resucitó, también volverá, siendo que nuestra alma alberga la relación espiritual con Dios “Jerusalén”, la relación religiosa de nuestra propia creación y por las tradiciones, las herejías, y la falsa y adultera espiritualidad con la que tenemos que lidiar y dejar “Sodoma”, así como nuestro deseo de prosperar en el mundo a nuestra forma, de refugiarnos allí, de tomar de allí de sus riquezas, pero de lo que también nos debemos librar por el poder de Dios en Cristo, a través del Espíritu Santo en nosotros para ser libres y cruzar el Mar Rojo hacia la Tierra Prometida de Jerusalén, dejar de confiar en el mundo “Egipto” para confiar en Jesús, aquí y ahora, y en Su nuevo mundo eterno, el Reino de Dios.

 

CONCLUSIÓN

En esta ocasión hemos viajado a Egipto en nuestra serie de Historia Bíblica. Hemos confrontado nuestra vida con la de Abraham, José y Jacob, quienes viajaron allí y aprendido que no debemos buscar en el mundo nuestra provisión, como hizo Abraham, ni tampoco desfallecer cuando estamos rodeados del mundo, como le pasó a José, sino esperar a que Dios nos exalte para ser sal y luz a otros para la gloria de Dios. Que, como Jacob, siempre tendremos a un hermano, en su caso, a su amado hijo José, para ayudarnos en circunstancias que vivamos para salir de la esclavitud, para lo cual necesitamos al Libertador, que, como Moisés que lideró a los que tuvieron fe, nuestro Señor y Salvador es quien nos libra de la esclavitud al pecado y a confirmar en el mundo, para llevarnos a la tierra prometida, a una vida bendecida y guardada por Dios.

Vimos que el nombre Bíblico de Egipto es un nieto de Noé, Mizraim (Génesis 10:6), y que la antigüedad de las pirámides y del propio reino podrían ser más recientes, volviendo los estudiosos a modificar las fechas de datación, debido a las evidencias, aunque la Biblia nos aporta gran información.

Y finalmente, hemos visto que Apocalipsis 11:8 contiene la cuestión teológica de que la crucifixión de Cristo ha impactado todo el orden de la historia y en todos los ámbitos: “…y sus cadáveres estarán en las calles de la grande ciudad, que en sentido espiritual se llama Sodoma y Egipto, donde también nuestro Señor fue crucificado”, y sabemos que Jesús sólo fue crucificado en Jerusalén, que la clave sobre la ciudad según el Texto Bíblico de Apocalipsis, en los versículos 1 y 2 del mismo capítulo 11 nos muestra que se trata de Jerusalén, lo cual implica que Jesús ha vencido plenamente en los tres estamentos de la sociedad del hombre en la historia: en el mundo en Egipto, ha vencido al pecado en Sodoma, y ha vencido a la religión y a los falsos profetas en Jerusalén. A Él sea la gloria y esperamos Su venida, que traerá el eterno Reino de Dios. Amén.