APACIENTA MIS CORDEROS
© Jesucristo.net – Carlos Padilla – Agosto 1998
Sirva esta revelación para aquellos que pastorean, pero que quieren que los que empiezan lleguen a ser formados a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo, no menos, como dice la Escritura en la Carta de Pablo a los Efesios 4:13. Para aquellos que aman a sus hermanos, aun siendo ya ancianos en la fe, y se humillan para sobrellevar la carga de ellos, como nos pide Cristo; “tomad Mi yugo sobre vosotros…” Mateo 11:29, y “toma tu cruz cada día y sígueme…” Lucas 9:23, o “sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la Ley de Cristo.
En el Estudio Bíblico SACERDOTE podemos ver la intercesión para la unión de los que son Cuerpo de Cristo, para que en verdad puedan éstos amarse sin mirar los defectos de la carne. Este Sacerdocio es tomar nuestra cruz y seguir a Cristo. Se recomienda haber leído primero dicho Estudio «Sacerdote» según el orden de Melquisedec, y sobre la LEY DE CRISTO, para sobrellevar los unos las cargas de los otros; Gálatas 6:2.
Las palabras de Jesús al apóstol Pedro, antes de subir al cielo fueron definitivas: ¿Me amas? Él necesita que Le amemos como nosotros necesitamos Su amor, y desde luego ese amor hay que demostrarlo, tal y como Él mismo nos pide, y si nos lo pide el Rey de Reyes, cuanto más nosotros que somos débiles necesitaremos de ese amor.
Recordemos que la fe que le fue revelada a Simón Pedro representa la piedra de fe que nosotros debemos ser para que Cristo edifique en nosotros Su Iglesia, y es por eso que el Señor le pregunta a Pedro si le ama, para que se haga extensivo a todos los que como él recibimos esa fe en Jesucristo, el Hijo de Dios. Tras esta edificación, se eleva el discípulo a una altura espiritual en la que la base es el amor, ese amor de Dios que por naturaleza no llevamos dentro, y sin el cual el pueblo de Dios no puede permanecer unido. Para llegar a ello lee el estudio VIRTUD que le enseñará los pasos previos en su edificación espiritual, según la Palabra de Dios.
TEXTO BÍBLICO
EVANGELIO DE JUAN CAPÍTULO 21
JESÚS APARECE A SIETE DE SUS DISCÍPULOS
15Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Si, Señor; Tú sabes que te amo. Él le dijo: Apacienta mis corderos. 16Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Si, Señor; Tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. 17Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, Tú lo sabes todo; Tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.
La sencillez de las palabras de Jesucristo son sin duda de un poder y de una profundidad incomparables, Él siempre habla con sencillez y autoridad, directo al corazón. La enseñanza de este Texto es una joya educativa sobre comportamiento para el discípulo cuando entiende que ha de servir como embajador de Cristo, y que su labor va a ser dividida en tres facetas: la del pastoreo, la de apacentar, y la de llevar la carga de la intercesión para aliviar el peso, y que el amor del Padre se sienta más fácilmente por los hermanos, como nos enseña nuestro maestro el Señor Jesucristo en el sacerdocio de todo creyente.
Primero, cuando Jesús pregunta a Simón si le ama; debemos ponernos en la situación de Simón, cada uno de nosotros. La primera petición es que apacentemos a los corderos, pero esos corderos son los hermanos que también se ofrecen como sacrificio, hermanos con ancianidad espiritual, por eso les llama corderos, como Él es el Cordero de Dios. Llama la atención que nos pida que apacentemos que significa dar el pasto, el alimento, sin embargo, estos corderos o ancianos, ya conocen a Cristo, ya van directamente a Aquel que es nuestro alimento, conocen la Palabra de Dios y toman el Pan, ¿entonces por qué nos pide Cristo que alimentemos a nuestros hermanos ancianos, o se referirá a otro tipo de pasto, o alimento espiritual?
Que pongamos nuestra vida, nuestra alma por los hermanos que también interceden y oran, y ayudan. De este modo la carga se comparte entre los que se dedican a apacentar la grey de Dios. Este es el alimento que podemos llevar a nuestros hermanos ancianos, el amor de Jesucristo y compartir el entendimiento de las revelaciones de la Palabra, sueños y visiones que Dios nos da. Que sobrellevemos los unos las cargas de los otros y cumplamos así la ley de Cristo. Gálatas 6:2.
Pero Jesús nos enseña aún más, porque nos vuelve a preguntar, ¿me amas?, entonces cuando nuestro corazón dice: Sí, te amo, entonces Él nos pide: pastorea mis ovejas. El Señor nunca se olvida, como nosotros no debemos olvidarnos de algo necesario, si estamos hablando entre quienes ya son ancianos en las cosas del Señor, cómo no nos vamos a dedicar también a pastorear a los que están creciendo en el Espíritu, y a los que hay que traerles la salvación porque estén buscando a Dios, que hagamos obra de evangelista, para que corra el Evangelio y se salven los que han de ser salvos.
Lógicamente el Señor pide que aquellos que se dediquen a la predicación y al pastoreo, primero sean Sacerdotes en la intimidad con Dios y estén dispuestos a tomar carga por sus amigos en Cristo, y que a continuación enseñen a los que empiezan a ser hermanos dispuestos a amar a su Señor, del mismo modo, y también a los hermanos, porque solo así se puede comprender cuanto necesitamos los unos de los otros y fortalecer al pueblo de Dios.
Una vez ya hemos comprendido lo que es llevar nuestra propia cruz por amor de Jesucristo, y sobrellevemos los unos las cargas de los otros por amor a los hermanos que ya están edificados como templos del Dios Vivo, nos falta el último paso, el de mayor carga: Jesucristo nos pregunta la tercera vez, ¿me amas?, Tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo, mi Señor, ¿qué debo hacer para que veas que te amo?; Apacienta mis ovejas.
Las ovejas son pastoreadas, los corderos apacentados, pero nótese que no se nos pide pastorear a los corderos. Entiéndase que espiritualmente se comienza como oveja, se sigue a un pastor para crecer y llegar a ser cordero que intercede por los demás, que se sacrifica a Dios cada día en sacerdocio santo, agradable a Dios en su intimidad con Dios, en el yugo de Cristo, en oración diaria de intercesión por la Iglesia, en buenas obras, en la ayuda mutua a los hermanos, en darle gloria a Dios en todo y en la predicación continua del Evangelio a nuestro alrededor, con todos los que compartimos la vida.
Amados hermanos, debemos darnos cuenta que los que aún son ovejas, tienen la mayor debilidad espiritual, son los que más fácilmente tropiezan, pero no nos debe importar, también los ancianos fallan, porque cuando yo era oveja me acuerdo que me faltaba mucho por aprender (y aún nos falta a todos y el que no lo admita se ensoberbece) y era carga para mis pastores, y fallaba, y me revelaba, etc., hasta que Cristo fue formado en mí. ¡Cuánto dolor de cabeza les fui a ellos! Por esto es necesario que liberemos de sus cargas a los que empiezan, que ya vemos que son Cuerpo de Cristo, para que no dejemos solo a Jesús llevando la carga de la Iglesia, que es Su Cuerpo, sino que nosotros llevemos también esa carga con Él, que tomemos Su yugo, que tomemos nuestra cruz, pues en esto tenemos mandamiento, y es mandamiento de amarnos unos a otros, y a Dios, este es el principal y más importante Mandamiento.
Ofreciendo nuestra alma a Dios por aquellos hermanos más pequeños que quieren crecer en el Espíritu, veremos como resultado un crecimiento en el Cuerpo de Cristo. La coyuntura del amor de Dios así no fallará. Este es el camino estrecho por el que hay que caminar. Pero hermanos, no teman, Él estará con nosotros al otro lado del yugo, porque así se llama Él: El Que Es contigo, y Dios con nosotros.
¿Me amas más que éstos? Nos pregunta Jesucristo.
…En esto conocerán todos que sois mis discípulos si tuvierais amor los unos con los otros… Juan 13:35. ¡Amén!
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