Semana Santa 2020 Cautiverio Coronavirus

SEMANA SANTA – PASCUA 2020

EL CAUTIVERIO DEL CORONAVIRUS

© Carlos Padilla – Semana Santa Abril 2020 – Pascua 14 de Nisán 5780

 

“Inmundo, inmundo” decían los leprosos en Jerusalén en tiempos de Jesús. La pestilencia inmunda de la lepra hacía que nadie se acercase a ellos, es más estaban obligados a ir anunciándolo. Por supuesto no podían participar en las Fiestas de Israel, y menos en la Pascua, eran apartados, pero Dios nunca deja a quien Le ama. Jesús tocaba a los leprosos con la mano y los sanaba ante la mirada incrédula de la gente. Hoy sería impensable que lo fuesen anunciando los infectados por el SARS-CoV-2 más conocido como Covid-19 por el año (justo 100 años del fin de la peste llamada erróneamente “española” 1919-2019), o coronavirus, aunque este es un nombre genérico para un tipo de virus del que hay diferentes variantes.

El cautiverio de este año 2020 hace que nos veamos obligados a pasar la Semana Santa o Pascua en casa, en todo el mundo, aunque tenemos Internet. También debemos recordar el cautiverio al que fue sometido el amado pueblo de Dios, Israel en Babilonia y bajo el imperio Persa y sin Dios, lo cual fue un castigo por abandonarlo, por querer vivir apartados de Dios. Hoy, el mundo también quiere vivir apartado de Dios, a lo cual yo llamaré virus espiritual, una pestilencia, una lepra del espíritu que no ama a Dios y que de hecho está profetizada en la Biblia para el tiempo del fin llamada “Apostasía” la manifestación del hombre de pecado (2 Tesalonicenses 2). Ese tiempo del fin, también coincide con el fin del tiempo de los gentiles, tiempo en el cual los no judíos ya no dominan Jerusalén y el mundo entero ya ha sido evangelizado. A día de hoy Israel lleva una generación de vuelta a Su tierra 1948-2018=70 años, una generación según la Biblia, y el mundo ha sido evangelizado. Así que, sabiendo esto, ahora sufrimos un cautiverio, un parón en seco de nuestras vidas. Un tiempo de reflexión tras haber el mundo abandonado Dios, otra vez, y sabiendo que los judíos están en su tierra y que la iglesia ha cumplido, o casi, con la Gran Comisión, antesala, todo esto, del regreso de Jesucristo para juzgar al mundo y para llevarse a Su Iglesia.

Nuestro Señor Jesucristo sufrió el abandono de todos, discípulos, familia, pueblo y religión. Su ministerio, previo a Su pasión había terminado. De repente un parón y Su vida cambió, y fue llevado cautivo desde el huerto de Getsemaní para ser crucificado. La Semana Santa del año 2020 se ha convertido en un cautiverio para la humanidad, y la cristiandad no podrá celebrarla de la manera a la que está acostumbrada. Todos en casa encerrados por una pandemia, una peste (Mateo 24:7), un virus –según la RAE, virus procede del latín y significa veneno. Pero el Señor, tras sufrir valiente Su sacrificio por amor a todos los que Le aman, resucitó y venció a la muerte y al virus del pecado por nosotros, la pandemia espiritual de todos los tiempos. Hoy esperamos el cumplimiento de la profecía que Él mismo anunció, que es Su regreso al final del tiempo a por Su iglesia, Su esposa para la eternidad, a la nueva tierra sin virus, sin sufrimiento.

Para muchos el Señor ha hablado alto y claro en medio del Covid-19, un coronavirus que puede o no haber sido manipulado por el hombre, y para otros muchos el origen de este mal es el diablo. Lo cierto es que los virus son naturales, a no ser que los manipule el hombre para uso en la guerra, bioterrorismo, etc. Es sabido por la ciencia moderna que toda mutación causa deterioro de un organismo, debilitándolo hasta su desaparición. De un modo u otro el mundo ha cambiado y ha traído un parón, un frenazo en seco a la manera en que la humanidad y la cristiandad estaba viviendo. De repente nuestro “todopoderoso” sistema, la economía, el disfrute de los placeres y la tecnología que algunos pueden disfrutar se ha derrumbado por un tiempo que puede servir de advertencia a reflexionar y al arrepentimiento, a buscar a Dios. También se suceden mensajes de ánimo de los supervivientes de guerras y del Holocausto de los judíos, así como del propio virus.

Desde el cristianismo, aunque algunos han perdido la sal y no son luz del mundo, seguimos llevando el mensaje de la Buena Nueva de Dios en Cristo, aunque Dios le ha puesto una fecha límite (Apocalipsis 1:7). Tampoco Faltan frutos del Espíritu por estar encerrados en casas, pues gracias a Internet podemos seguir comunicados, y si no, lo hacemos por las oraciones. En esta nueva situación, podemos seguir exhortando a la sociedad enemiga de Dios. Pero aunque todavía proclamamos la Palabra de Dios, somos algo tibios como está profetizado en (Apocalipsis 3:14-22) sobre la iglesia del último tiempo llamada Laodicea, esa a la que Cristo advierte que vomitará de Su boca sino es fría o caliente y no tibia.

El Covid-19, la pandemia de la pestilencia se está llevando a nuestros ancianos, nuestros padres y madres, los abuelos y abuelas están muriendo, la mayoría ya habían muerto en vida abandonados en residencias de ancianos a su suerte porque son una carga que la vida egoísta no quiere “soportar”, lo cual incumple el Quinto Mandamiento, ese que tiene una promesa de bendición para los que lo guardan: Honra a tu padre y a tu madre… (Éxodo 20 y Deuteronomio 5). Ellos son los sabios del mundo, pero el mundo no los tiene en cuenta por la necedad de la humanidad, pero ahora ellos también nos son quitados, y con ellos la sabiduría.

Otra cosa relevante que está causando el coronavirus es la obligación de guardar recogimiento por un periodo de tiempo de 40 días antes de la Pascua, la Semana Santa de la Pasión de Cristo, nuestro Señor que murió en la Cruz por nuestros pecados, para librarnos del infierno, por la fe. Ha obligado este año 2020 a guardar ese período que muchos cristianos de diferentes denominaciones llaman cuaresma. Tiempo pues de reflexión y arrepentimiento, como los judíos lo hacen también con la Fiesta de los Panes sin Levadura antes de Pesaj o Pascua.

Otra cosa, también relevante, que está causando el coronavirus, es la obligación de estar recluido con nuestra familia. Los matrimonios, los hijos, en algunos casos los mayores. Algo impensable y muchos hacen bromas por no poder soportarlo. Esa es la sociedad a que hemos consagrado nuestro esfuerzo como logro, la que no soporta a sus seres queridos.

Otra cosa, también relevante, que está causando el coronavirus, es la obligación de valorar y aplaudir a las 20:00 horas a los sanitarios, a los médicos, a las fuerzas del orden, y también se añade a los empleados de los servicios de primera necesidad, supermercados, farmacias, transporte y la industria que fabrica y suministra los bienes de primera necesidad, aquellos que se juegan la vida por contagio para que los demás puedan seguir “sufriendo” su confinamiento con sus familias, con Internet, luz, calefacción y agua, y los empresarios que han decidido mantener sus empresas suministrando y manteniendo a sus empleados. Ahora, en este confinamiento, muchos se acordarán de los presos y los enfermos, como pedía el Señor. Pero es penoso ver la bajeza del ser humano cuando trata a los contagiados como leprosos, lo cual hemos visto en cada país que se ha contagiado. Primero todos se apartaron de los chinos, luego de los italianos, de nosotros los españoles; pronto todos esos vivirán con una insoportable psicosis por cualquier otra persona que se les acerque, y muchos quizá sean portadores del virus sin saberlo, y muchos otros serán infectados o muertos y entonces serán tratados como leprosos “inmundo, inmundo” se obligaba a los leprosos a ir pregonando por las calles para evitar el contagio: (Ley de la lepra: Levítico 13:45).

Otra cosa, también relevante, que está causando el coronavirus, es la ausencia de polución en el cielo de las grandes ciudades, las aguas de ríos y lagos. El cambio climático ha sufrido un parón. El daño que hemos hecho al planeta está siendo sanado en pocos meses.

Ahora somos obligados a valorar lo esencial: El amor de la familia, la salud, el alimento necesario y aquellos que velan porque nuestra vida esté asegurada y que no valoramos, aquellos cuyo trabajo se paga mal y se maltrata, como las enfermeras y médicos, empleadas de hogar, de supermercado, asistentes sociales, policía y ejército, a los cuales se les exige que lo den todo, pero no se les provee de los medios.

Algunos seguirán igual de rebeldes contra Dios ante esta situación, pero muchos van a ser ablandados en su dureza de corazón y Le buscarán, otros Le culparán como hacen siempre, de todos los males, mientras ellos, al igual que el mundo, se apartan de Dios siempre, ya se ve en la continua historia de Israel y de las demás naciones en el Antiguo Testamento, pero Dios se hizo hombre y dio Su vida en la cruz, pero también resucitó.

Dios habla claro mientras pasamos por este reto: no cuidamos a nuestros ancianos, no cuidamos la familia, no cuidamos la sociedad ni la justicia, y no cuidamos la salud ni el planeta. Todo esto nos lo ha concedido Dios, pero la humanidad ni lo agradece ni lo cuida; ahora nos es quitado, ya que no lo valoramos.

¿Y qué hacen los políticos y poderosos? A la mayoría solo les preocupa una cosa: La economía. Si eres un refugiado en Grecia ¡lo siento! no te llamas economía, no hay ayuda. Si pierdes tu trabajo, tu casa, tu negocio, o empleados ¡lo siento! no te llamas economía, no hay ayuda. Si vives en un país del tercer mundo ¡lo siento! no te llamas economía. Para la economía, el Banco Central Europeo ha ofrecido 750.000 millones de Euros que han salido de la nada. España 200.000 millones que no tiene. EE.UU. por su parte otra cantidad de 2 billones de dólares. Pero para erradicar el hambre no hay dinero, para investigación sobre virus, para curar enfermedades del tercer mundo, no hay dinero, para quienes pierden sus casas o trabajos, no hay dinero. Este es el mundo por el que hemos luchado y este es el resultado. Juzgue usted mismo.

La Semana Santa del coronavirus en cautiverio ha cambiado el mundo. Este será un antes y un después en la manera de vivir. Las normas de convivencia van a cambiar, y también la libre circulación de personas. Los gobiernos querrán monitorizar a todo el mundo con la excusa del virus, como ya hacen en China y otros países asiáticos. Algunos piensan en las profecías Bíblicas y la marca de la bestia (Apocalipsis 13:18). Se ha hablado de implantar chips, o certificados digitales, solo para los que no tengan coronavirus, de eliminar el dinero efectivo por el contagio, etc. Todo puede ser parte del último tiempo. Por otra parte el impacto económico afectará a la ya frágil economía de una forma sin precedentes que no es posible valorar aún, algunos expertos predicen algo peor que la gran depresión o la posguerra, tras la Segunda Guerra Mundial.

Y ante este panorama ¿Qué hace la Iglesia? Muchos se han organizado para dar de comer a los pobres y sin techo, o llevando comida a ancianos vulnerables, otros están en Italia y Nueva York con hospitales de campaña, otros escriben sermones y predicaciones por Internet ante el cierre de las iglesias o lugares de culto, estando contactables para dar consuelo y dirección espiritual, o para ir a ayudar donde permiten los gobiernos.

Para cerrar podemos comparar esta Semana Santa en cautiverio con lo que vivieron Esdras y Nehemías en el cautiverio de Israel que mencioné al principio, ya que ellos no pudieron celebrar las Fiestas de Israel mientras estuvieron en Babilonia, bajo el imperio Persa, siendo su rey Ciro quien dictó el edicto a petición de Esdras tras orar a Dios, quien cambió el corazón del rey, lo cual permitió a cada uno de ellos volver para reconstruir el templo de Jerusalén, sus murallas, y restablecer la vida judía religiosa que adoraba al Señor. Tengamos nosotros ese anhelo de congregación y servir al Señor en la Iglesia, en esta Semana Santa, por nuestras oraciones en cautiverio.