LEA Y RAQUEL

LOS DOS TIEMPOS DE LA ESPOSA DE CRISTO

© Carlos Padilla – Mayo 1999

 

La historia de Jacob y sus dos esposas, además de mostrarnos una preciosa historia de lealtad de un hombre de Dios, del amor por su amada Raquel, de su paciencia con su suegro, que le cambia el salario cada dos por tres, y que le engaña, dándole primero a Lea, la mayor, por esposa la noche de bodas sin que él lo supiera, nos muestra simbólicamente como espiritualmente el alma cristiana espera la bendición de Dios, el plan de Dios para su vida, y aguarda hasta que Dios le da la salida en bendición, porque da la gloria a Dios en toda faceta de su vida. Cada esposa supondría estar sirviendo a su suegro 7 años, total 14 años. Estos dos tiempos son los de la esposa de Cristo.

 

TEXTO BÍBLICO: GÉNESIS ó PRINCIPIO: CAPÍTULO 29

JACOB SIRVE A LABÁN POR RAQUEL Y LEA

1Siguió luego Jacob su camino, y fue a la tierra de los orientales. 

Los orientales, los que están cerca de la salida del sol, bonita manera de llamar a aquellos que en su tierra-alma buscan la Luz que es Cristo. Jacob es la tercera generación de los patriarcas, la continuidad de la descendencia de la promesa a Abraham, luego Isaac y Jacob. Padre, Hijo y Espíritu Santo.

2Y miró, y vio un pozo en el campo; y he aquí tres rebaños de ovejas que yacían cerca de él, porque de aquel pozo abrevaban los ganados; y había una gran piedra sobre la boca del pozo.

Los tres rebaños son aquellos que vienen al pozo a buscar agua porque tienen sed de Dios. Estos que son pueblo de Dios, pasan 4 tiempos, y suman 4 rebaños, si añadimos el de Raquel: el tiempo de los Judíos antes de Cristo, el tiempo de los Gentiles en la iglesia tradicional, y el tercer tiempo, o rebaño, es el segundo tiempo de los Gentiles, cuando los que han recibido a Cristo reciben y conciben el mensaje original de andar en la libertad del Espíritu, movidos por el Espíritu, y no se justifican en la pertenencia a una denominación o iglesia, como Abraham. “…El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el de los hijos hacia los padres…” Malaquías último versículo del último capítulo, que es lo último del Antiguo Testamento. Falta el cuarto tiempo que veremos a continuación.

3Y juntaban allí todos los rebaños; y revolvían la piedra de la boca del pozo, y abrevaban las ovejas, y volvían la piedra sobre la boca del pozo a su lugar. 4Y les dijo Jacob: Hermanos míos, ¿de dónde sois? Y ellos respondieron: De Harán somos. 5El les dijo: ¿Conocéis a Labán hijo de Nacor? Y ellos dijeron: Sí, le conocemos. 

¿Conocéis a Labán, o dicho en sentido espiritual; sabéis que la hija o proyecto del hombre que es familia mía, esto es de Dios, va a representar el cuarto tiempo espiritual de aquellos que estén y vivan en el último tiempo espiritual, tanto personal como profético?

6Y él les dijo: ¿Está bien? Y ellos dijeron: Bien, y he aquí Raquel su hija viene con las ovejas. 

He aquí que Jacob, predica un mensaje que no es el que hemos escuchado de las tradiciones o de la evolución de las iglesias, ésta Raquel, es el alma que recibe el Evangelio del Reino de Cristo. 

7Y él dijo: He aquí es aún muy de día; no es tiempo todavía de recoger el ganado; abrevad las ovejas, e id a apacentarlas. 

Id a apacentad a las ovejas porque aún no se ha cumplido el 4 tiempo del pueblo de Dios. Dadles vosotros de beber del Espíritu. Traed alimento sólido espiritual para saciar la sed de Dios que tiene el hombre, las ovejas.

8Y ellos respondieron: No podemos, hasta que se junten todos los rebaños, y remuevan la piedra de la boca del pozo, para que abrevemos las ovejas.

No podemos darles de beber ya, hasta que llegue el que quita la piedra del pozo, que es el Espíritu, el que interpreta la Palabra, mientras tanto las aguas vivas del Espíritu de la Palabra están tapadas por la letra, la piedra del pozo.

9Mientras él aún hablaba con ellos, Raquel vino con el rebaño de su padre, porque ella era la pastora. 

He aquí el tipo de alma que busca el Espíritu Santo, una que se dedica a apacentar las ovejas de su Padre, Dios.

10Y sucedió que cuando Jacob vio a Raquel, hija de Labán hermano de su madre, y las ovejas de Labán el hermano de su madre, se acercó Jacob y removió la piedra de la boca del pozo, y abrevó el rebaño de Labán hermano de su madre. 

El Espíritu Santo da de beber a las almas que vienen con el último y cuarto rebaño, el último tiempo y también el último paso de crecimiento del espíritu. Los Judíos que aceptan a Cristo, tienen que darse cuenta que como dice la profecía: cuando ellos se conviertan al Mesías, ellos serán bendición a todos los linajes de la tierra. Leer Romanos 11. Ahora en el XXI los Mesiánicos, a medida que se van desligando de la pertenencia y de las tradiciones como base a la que aferrarse y se quedan con el Espíritu del Mesías Jesucristo-Yahshua, están llegando a un nivel de apertura del conocimiento que hará que puedan comprender y enseñar a su pueblo, lo global del mensaje del Salvador de todas las naciones, y que es también el suyo. Y se predicará el mensaje de la salvación hasta el último rincón de la tierra.

11Y Jacob besó a Raquel, y alzó su voz y lloró. 

El Espíritu que Él ha hecho morar en nosotros, nos anhela celosamente. Santiago 4:5.

12Y Jacob dijo a Raquel que él era hermano de su padre, y que era hijo de Rebeca; y ella corrió, y dio las nuevas a su padre. 

Que él era hermano de Dios, e hijo de un alma que fue esposa de Cristo, representado por Isaac. Ver en ALIMENTO SÓLIDO: ABRAHAM.

13Así que oyó Labán las nuevas de Jacob, hijo de su hermana, corrió a recibirlo, y lo abrazó, lo besó, y lo trajo a su casa; y él contó a Labán todas estas cosas. 

Labán: Persona que se va a convertir al Señor por la predicación y por la que vamos a tener que trabajar dos períodos de 7 años, uno por cada una de sus hijas, Lea y Raquel. Aunque nos enamoremos de Raquel, que es parte de su alma, esta persona, primero nos va a ofrecer la mayor de sus hijas, que para él es su moral, para que sea nuestra esposa, conforme a la ley, porque Lea representa la Ley de Dios, y luego nos va a permitir tomar a Raquel, que es su parte oveja, pues este es el significado del nombre Raquel, o sea su deseo de ser parte del rebaño del Señor.

TOMADO DEL DICCIONARIO ESPIRITUAL DE ESTA WEB. 

14Y Labán le dijo: Ciertamente hueso mío y carne mía eres. Y estuvo con él durante un mes.

He aquí Labán, uno de nosotros, cualquier hombre que recibe la visita del Espíritu Santo, quien se ha enamorado de nuestra alma.

15Entonces dijo Labán a Jacob: ¿Por ser tú mi hermano, me servirás de balde? Dime cuál será tu salario. 

Le pregunta el hombre a Dios, que te pagaré por la salvación. Como si hubiese que dar algo, cuando es el Espíritu que nos da a entender la obra redentora del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, sin mérito alguno por nuestra parte, más que la gracia de Dios que nos da la fe para creerle siendo pecadores.

16Y Labán tenía dos hijas: el nombre de la mayor era Lea, y el nombre de la menor, Raquel. 17Y los ojos de Lea eran delicados, pero Raquel era de lindo semblante y de hermoso parecer.

Lea: Esposa de Jacob y madre de Judá, tribu de la que viene Cristo; En realidad Jacob-Israel, tiene que aceptar la parte carnal de su matrimonio representado en Lea, aunque, en Raquel, de la que se enamora, había visto la parte dócil y espiritual, como oveja, que es lo que significa este nombre; es por esto que Cristo viene a ser carne para salvarnos y lo hace de esta tribu que sale de Lea, por lo tanto ella es una estirpe del pueblo de Dios que forma parte de nuestra naturaleza que combina las dos facetas del hijo de Dios en la Tierra, la carne y el Espíritu. Léase en Labán, en este diccionario, y también el Raquel, como todos forman parte de la situación que nos encontramos cada vez que conocemos a un alma que se dispone a conocer a Cristo.

Raquel: Oveja; el alma de la que se enamora el hombre de Dios cuando ve a una persona que busca a Dios en Espíritu y Verdad, como se enamoró Jacob de ella. Tuvo que servir siete años por su hermana Lea que le fue dada primero, que es la carne del hermano al que estamos llevando a Cristo, pero el alma tarda otros siete años. Estos siete periodos representan la totalidad del tiempo de crecimiento que necesita cada persona. Primero la circuncisión de la carne que el individuo debe ir haciendo al profundizar en su persona, y luego la edificación espiritual de su mente.

TOMADO DEL DICCIONARIO ESPIRITUAL DE ESTA WEB. 

18Y Jacob amó a Raquel, y dijo: Yo te serviré siete años por Raquel tu hija menor. 

El Espíritu conviene con nosotros en servirnos por 7 años, los siete tiempos que tardaremos en formarnos espiritualmente.

19Y Labán respondió: Mejor es que te la dé a ti, y no que la dé a otro hombre; quédate conmigo. 

Bien, el hombre se da cuenta de que es mejor ofrecer nuestra alma al Señor, y aceptar al Espíritu Santo que viene con un hermano que trae el mensaje de la verdad, y no al enemigo de Dios.

20Así sirvió Jacob por Raquel siete años; y le parecieron como pocos días, porque la amaba. 21Entonces dijo Jacob a Labán: Dame mi mujer, porque mi tiempo se ha cumplido, para unirme a ella. 

Entrégate a Cristo y recíbeme para que Yo more en ti y sea tu guía.

22Entonces Labán juntó a todos los varones de aquel lugar, e hizo banquete. 23Y sucedió que a la noche tomó a Lea su hija, y se la trajo; y él se llegó a ella. 

Entonces le damos a Dios nuestra moral, nuestra alma en nuestra justificación, con nuestras ideas religiosas, y decimos que ya tenemos a Dios con nosotros, y esto lo dice cualquier hombre o mujer de cualquier religión que se considera moral. Esta es nuestra hija mayor, nuestra manera de pensar, en la que confiamos, pero el Señor no por eso se marchará y nos dejará, como veremos a continuación, sino que en este relato vemos que Dios se enamora de aquellos en los que ve un corazón humilde y dispuesto a recibir al Salvador.

24Y dio Labán su sierva Zilpa a su hija Lea por criada. 25Venida la mañana, he aquí que era Lea; y Jacob dijo a Labán: ¿Qué es esto que me has hecho? ¿No te he servido por Raquel? ¿Por qué, pues, me has engañado? 26Y Labán respondió: No se hace así en nuestro lugar, que se dé la menor antes de la mayor. 27Cumple la semana de ésta, y se te dará también la otra, por el servicio que hagas conmigo otros siete años.

Cumple pues Dios en nosotros la semana de amor por nosotros, con paciencia para que comprendamos que, aunque intentemos agradar a Dios en la Ley y nuestra tradición, Él sabe que no podemos ser perfectos, que es Él el que en Cristo la cumple por nosotros, por eso Él se enamora de Raquel y no de Lea.

El Señor nos ama tanto, que primero nos enseña Su Ley, para nuestra moral, y cuando ya hemos comprendido que por ella no podemos salvarnos nosotros mismos, porque no somos capaces de cumplirla por el pecado que habita en todos, se dedica otros 7 años (que son un tiempo indeterminado, el que necesite cada uno de nosotros para formarse espiritualmente con un corazón apegado a Dios) para formarnos espiritualmente. Los dos tiempos de los Judíos y de los Gentiles, son también las dos partes que tenemos que vivir en nuestro crecimiento espiritual, hasta que nos desliguemos de las ataduras de la mente racional, y de la pertenencia que está representada por los Judíos, ¡Quien mejor!, para caminar de la mano de Dios, compartiendo con Él nuestras vidas.

28E hizo Jacob así, y cumplió la semana de aquélla; y él le dio a Raquel su hija por mujer. 29Y dio Labán a Raquel su hija su sierva Bilha por criada. 30Y se llegó también a Raquel, y la amó también más que a Lea; y sirvió a Labán aún otros siete años.

El Señor nos sirve en la carne, por amor a nuestra mente-alma y espíritu.

 

LOS HIJOS DE JACOB

31Y vio Yahweh que Lea era menospreciada, y le dio hijos; pero Raquel era estéril. 

Lo primero que tenemos son hijos de la moral, obras buenas de ayuda a los demás en las que se da testimonio de que hemos conocido a Dios. Pero en el Espíritu aun el alma que comienza es estéril.

32Y concibió Lea, y dio a luz un hijo, y llamó su nombre Rubén, porque dijo: Ha mirado Yahweh mi aflicción; ahora, por tanto, me amará mi marido. 33Concibió otra vez, y dio a luz un hijo, y dijo: Por cuanto oyó Yahweh que yo era menospreciada, me ha dado también éste. Y llamó su nombre Simeón. 34Y concibió otra vez, y dio a luz un hijo, y dijo: Ahora esta vez se unirá mi marido conmigo, porque le he dado a luz tres hijos; por tanto, llamó su nombre Leví. 

Leví es hijo de Lea, como no podía ser de otro modo, el hijo de la moral, de nuestro hombre viejo, la Ley y el sacerdocio, la tradición. El tercer hijo es nada menos que el padre del sacerdocio levítico en que se fundamentará la Ley de las ordenanzas, los sacrificios y el culto.

35Concibió otra vez, y dio a luz un hijo, y dijo: Esta vez alabaré a Yahweh; por esto llamó su nombre Judá; y dejó de dar a luz.

Judá, la tribu de la que viene Cristo en la carne, porque tiene que venir a cumplir toda justicia, la Ley entera y el bautismo de Juan, para entonces comenzar Su carrera espiritual para vencer al enemigo de Dios y de los hombres en un madero de tormento, la cruz del Calvario, en aquel monte, sólo, en mi lugar y en el tuyo. Gracias por Tu amor tan grande, Señor.

CAPÍTULO 30

1Viendo Raquel que no daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana, y decía a Jacob: Dame hijos, o si no, me muero. 2Y Jacob se enojó contra Raquel, y dijo: ¿Soy yo acaso Dios, que te impidió el fruto de tu vientre? 

No puedo darte hijos hasta que tengas fe y camines por el Espíritu, como el viento, no por normas.

3Y ella dijo: He aquí mi sierva Bilha; llégate a ella, y dará a luz sobre mis rodillas, y yo también tendré hijos de ella. 4Así le dio a Bilha su sierva por mujer; y Jacob se llegó a ella. 

Raquel, quien representa la parte espiritual del hombre, tiene una sierva: la Palabra de Dios, la cual da frutos que, aunque no son de nuestra alma, sí son para nuestra alma, porque está inspirada por el Espíritu de Dios. Pero todavía, en este punto, el nuevo creyente no da frutos del Espíritu.

5Y concibió Bilha, y dio a luz un hijo a Jacob. 6Dijo entonces Raquel: Me juzgó Dios, y también oyó mi voz, y me dio un hijo. Por tanto llamó su nombre Dan. 

Dan es sangre, La Sangre de Cristo es el primer resultado de la descendencia de Raquel, que se adelanta en querer dar frutos de la fe, y pone a su sierva en su lugar, que es La Palabra, dando frutos en nosotros. Dios nos enseña que hasta que no se comprenda la profundidad de la obra redentora de Cristo en uno, no se comienza a dar los frutos del Espíritu.

Aunque muchos se integren en las iglesias y religiones, como siervas, como Bilha, no les dará el Señor la revelación del Espíritu en la Palabra, ni sus ministerios para servir a Dios, hasta que sus corazones estén con el Mesías.

7Concibió otra vez Bilha la sierva de Raquel, y dio a luz un segundo hijo a Jacob. 8Y dijo Raquel: Con luchas de Dios he contendido con mi hermana, y he vencido. Y llamó su nombre Neftalí. 9Viendo, pues, Lea, que había dejado de dar a luz, tomó a Zilpa su sierva, y la dio a Jacob por mujer. 

La sierva de Lea es nuestra moral, que se ve perfeccionada por la Ley de Dios, por la que nos regimos, de la que damos hijos-frutos de moral, la cual Dios usa para que hagamos buenas obras, para que nos mostremos como hijos suyos al mundo. El Antiguo Pacto. 

10Y Zilpa sierva de Lea dio a luz un hijo a Jacob. 11Y dijo Lea: Vino la ventura; y llamó su nombre Gad. 12Luego Zilpa la sierva de Lea dio a luz otro hijo a Jacob. 13Y dijo Lea: Para dicha mía; porque las mujeres me dirán dichosa; y llamó su nombre Aser. 14Fue Rubén en tiempo de la siega de los trigos, y halló mandrágoras en el campo, y las trajo a Lea su madre; y dijo Raquel a Lea: Te ruego que me des de las mandrágoras de tu hijo. 15Y ella respondió: ¿Es poco que hayas tomado mi marido, sino que también te has de llevar las mandrágoras de mi hijo? Y dijo Raquel: Pues dormirá contigo esta noche por las mandrágoras de tu hijo. 16Cuando, pues, Jacob volvía del campo a la tarde, salió Lea a él, y le dijo: Llégate a mí, porque a la verdad te he alquilado por las mandrágoras de mi hijo. Y durmió con ella aquella noche. 

Las mandrágoras o manzanas de amor, se creía que tenían poder fertilizante, y al traerlas Rubén a su madre, Raquel las quiere a costa de su marido, para hacerse ella fértil, o sea, que un fruto de la razón de una persona puede ser confundido con un fruto espiritual, porque es de bien. Y nuestra alma lo quiere para comenzar el camino del Espíritu, queremos comprender al Espíritu de Dios.

17Y oyó Dios a Lea; y concibió, y dio a luz el quinto hijo a Jacob. 18Y dijo Lea: Dios me ha dado mi recompensa, por cuanto di mi sierva a mi marido; por eso llamó su nombre Isacar. 19Después concibió Lea otra vez, y dio a luz el sexto hijo a Jacob. 20Y dijo Lea: Dios me ha dado una buena dote; ahora morará conmigo mi marido, porque le he dado a luz seis hijos; y llamó su nombre Zabulón. 21Después dio a luz una hija, y llamó su nombre Dina. 

Hasta seis días tardó Dios en formar al hombre, así los seis hijos de Lea son el tiempo en que andamos en la moral, buscando a Dios, en las obras de la carne y de la mente, para que el hombre se dé cuenta de que por la moral no llegará a ser espiritual. Falta el séptimo día simbólicamente en la vida del nuevo creyente para completar su conocimiento de Dios.

22Y se acordó Dios de Raquel, y la oyó Dios, y le concedió hijos. 23Y concibió, y dio a luz un hijo, y dijo: Dios ha quitado mi afrenta; 24y llamó su nombre José, diciendo: Añádame Yahweh otro hijo.

Por fin el alma de este hijo de Dios en cuestión nace de lo alto y recibe la visión de Dios tras su lamento y desesperación ante Dios, y da a luz a José, nada menos que el que salvará a las once tribus de Israel para que no perezcan cuando se trasladan a Egipto, que representa al mundo, y es nombrado el hombre más poderoso. Aquel que puede caminar por el mundo sin nadie que le mande, ya que tiene al Espíritu como su guía. José prefigura también a Cristo espiritualmente, ya que carnalmente Jesús viene de la tribu de Judá, para que tengamos Salvador en los Judíos por la justicia y en los Gentiles, el resto de la humanidad.

 

TRETAS DE JACOB Y DE LABÁN

25Aconteció cuando Raquel hubo dado a luz a José, que Jacob dijo a Labán: Envíame, e iré a mi lugar, y a mi tierra. 26Dame mis mujeres y mis hijos, por las cuales he servido contigo, y déjame ir; pues tú sabes los servicios que te he hecho. 

El Espíritu Santo, al final de nuestros días, dice que nos deja, que vamos a morir en el cuerpo carnal, y que Él se lleva, nuestra alma y espíritu y nuestros frutos que son suyos.

27Y Labán le respondió: Halle yo ahora gracia en tus ojos, y quédate; he experimentado que Yahweh me ha bendecido por tu causa. 28Y dijo: Señálame tu salario, y yo lo daré. 

El hombre no quiere que se vaya el Espíritu Santo, no quiere que deje de bendecirle en la carne, ya que Él Señor se hace nuestro siervo para que nuestra alma se salve, y claro también la carne es bendecida. A la vejez de la persona no queremos perder la vida del cuerpo.

29Y él respondió: Tú sabes cómo te he servido, y cómo ha estado tu ganado conmigo. 30Porque poco tenías antes de mi venida, y ha crecido en gran número, y Yahweh te ha bendecido con mi llegada; y ahora, ¿cuándo trabajaré también por mi propia casa? 31Y él dijo: ¿Qué te daré? Y respondió Jacob: No me des nada; si hicieres por mí esto, volveré a apacentar tus ovejas. 32Yo pasaré hoy por todo tu rebaño, poniendo aparte todas las ovejas manchadas y salpicadas de color, y todas las ovejas de color oscuro, y las manchadas y salpicadas de color entre las cabras; y esto será mi salario. 

Qué bonito pasaje, donde Dios nos dice que Él se lleva como fruto de Su salario, de Su obra en la Cruz, a las ovejas manchadas y salpicadas y de color oscuro, a las almas manchadas del pecado, las cuales representan a los que se reconocen pecadores ante Dios, y que Él las mira como limpias si ellas tienen fe, por la sangre de Jesucristo.

33Así responderá por mí mi honradez mañana, cuando vengas a reconocer mi salario; toda la que no fuere pintada ni manchada en las cabras, y de color oscuro entre mis ovejas, se me ha de tener como de hurto. 34Dijo entonces Labán: Mira, sea como tú dices. 

El hombre siempre acepta en la carne las cosas de Dios cuando le bendice, y ahora sí que sus frutos de la moral son limpios, porque son de Dios.

35Y Labán apartó aquel día los machos cabríos manchados y rayados, y todas las cabras manchadas y salpicadas de color, y toda aquélla que tenía en sí algo de blanco, y todas las de color oscuro entre las ovejas, y las puso en mano de sus hijos. 36Y puso tres días de camino entre sí y Jacob; y Jacob apacentaba las otras ovejas de Labán.

Tres días de camino, …y tres noches, estuvo el Señor en el lugar de los muertos tras morir en la Cruz, anunciando Su salvación a los que murieron sin conocerle.

37Tomó luego Jacob varas verdes de álamo, de avellano y de castaño, y descortezó en ellas mondaduras blancas, descubriendo así lo blanco de las varas. 38Y puso las varas que había mondado delante del ganado, en los canales de los abrevaderos del agua donde venían a beber las ovejas, las cuales procreaban cuando venían a beber. 39Así concebían las ovejas delante de las varas; y parían borregos listados, pintados y salpicados de diversos colores. 40Y apartaba Jacob los corderos, y ponía con su propio rebaño los listados y todo lo que era oscuro del hato de Labán. Y ponía su hato aparte, y no lo ponía con las ovejas de Labán. 41Y sucedía que cuantas veces se hallaban en celo las ovejas más fuertes, Jacob ponía las varas delante de las ovejas en los abrevaderos, para que concibiesen a la vista de las varas. 42Pero cuando venían las ovejas más débiles, no las ponía; así eran las más débiles para Labán, y las más fuertes para Jacob. 43Y se enriqueció el varón muchísimo, y tuvo muchas ovejas, y siervas y siervos, y camellos y asnos.

Increíble narración que explica la victoria del Evangelio sobre la moral. Las varas son la doctrina del Evangelio que ven aquellos que son ovejas del rebaño y vienen a beber al abrevadero, que es la Palabra de Dios predicada por aquellos que Dios usa como evangelizadores. Los más fuertes son precisamente los que aceptan que por su moral no se pueden justificar ante Dios, y en estos concibe el Espíritu, pero los débiles ante Dios, son los que piensan que son fuertes por su moral. No que se deba ser amoral, sino que esta, la moral, es para el bien, no para ser Espiritual, no para la relación personal con Dios en Cristot. No puede uno justificarse ante Dios. Es Cristo quien nos justifica.

CAPÍTULO 30

1Y oía Jacob las palabras de los hijos de Labán, que decían: Jacob ha tomado todo lo que era de nuestro padre, y de lo que era de nuestro padre ha adquirido toda esta riqueza. 2Miraba también Jacob el semblante de Labán, y veía que no era para con él como había sido antes. 3También Yahweh dijo a Jacob: Vuélvete a la tierra de tus padres, y a tu parentela, y yo estaré contigo. 

Ya has sido formado en un nombre espiritual, ya puedes mirar a tu casa sin quedarte en la tradición ni en la moral que traen ellos, ya puedes venir a ser hijo de la descendencia de los patriarcas, Abraham, Isaac y Jacob. Y Yo estaré contigo. 

4Envió, pues, Jacob, y llamó a Raquel y a Lea al campo donde estaban sus ovejas, 5y les dijo: Veo que el semblante de vuestro padre no es para conmigo como era antes; más el Dios de mi padre ha estado conmigo. 

Nuestra carne se opone al Espíritu, porque sigue los instintos y es difícil de dominar. Pero ya escucha la voz de Dios y recibe Su instrucción de salir de la obra primera, para empezar su nueva vida espiritual, de la mano de Dios.

6Vosotras sabéis que con todas mis fuerzas he servido a vuestro padre; 7y vuestro padre me ha engañado, y me ha cambiado el salario diez veces; pero Dios no le ha permitido que me hiciese mal. 8Si él decía así: Los pintados serán tu salario, entonces todas las ovejas parían pintados; y si decía así: Los listados serán tu salario; entonces todas las ovejas parían listados. 9Así quitó Dios el ganado de vuestro padre, y me lo dio a mí. 

El rebaño debe estar con aquél que lo pastorea con verdad, con la Palabra de Dios en Espíritu, porque es de Dios, la Iglesia no nos pertenece, sino que pertenece a Jesucristo que la compró con Su sangre.

10Y sucedió que al tiempo que las ovejas estaban en celo, alcé yo mis ojos y vi en sueños, y he aquí los machos que cubrían a las hembras eran listados, pintados y abigarrados. 11Y me dijo el ángel de Dios en sueños: Jacob. Y yo dije: Heme aquí. 12Y él dijo: Alza ahora tus ojos, y verás que todos los machos que cubren a las hembras son listados, pintados y abigarrados; porque yo he visto todo lo que Labán te ha hecho. 13Yo soy el Dios de Bet-el, donde tú ungiste la piedra, y donde me hiciste un voto. Levántate ahora y sal de esta tierra, y vuélvete a la tierra de tu nacimiento. 

Dios nos da fe y confianza para que sigamos el camino que Él nos muestra, una vez hemos servido fielmente a nuestra familia, a la Iglesia, y para crecer en el Espíritu y conocer a Dios.

14Respondieron Raquel y Lea, y le dijeron: ¿Tenemos acaso parte o heredad en la casa de nuestro padre? 15¿No nos tiene ya como por extrañas, pues que nos vendió, y aun se ha comido del todo nuestro precio? 16Porque toda la riqueza que Dios ha quitado a nuestro padre, nuestra es y de nuestros hijos; ahora, pues, haz todo lo que Dios te ha dicho.

 

JACOB HUYE DE LABÁN

17Entonces se levantó Jacob, y subió sus hijos y sus mujeres sobre los camellos, 18y puso en camino todo su ganado, y todo cuanto había adquirido, el ganado de su ganancia que había obtenido en Padan-aram, para volverse a Isaac su padre en la tierra de Canaán. 

Y puso a todo el pueblo al que le hablo la Palabra de Dios en camino hacia Isaac-Cristo en la tierra prometida.

19Pero Labán había ido a trasquilar sus ovejas; y Raquel hurtó los ídolos de su padre. 

Raquel, que es la parte espiritual, le quita los ídolos a la carne que es Labán.

20Y Jacob engañó a Labán arameo, no haciéndole saber que se iba. 21Huyó, pues, con todo lo que tenía; y se levantó y pasó el Eufrates, y se dirigió al monte de Galaad. 22Y al tercer día fue dicho a Labán que Jacob había huido. 23Entonces Labán tomó a sus parientes consigo, y fue tras Jacob camino de siete días, y le alcanzó en el monte de Galaad. 24Y vino Dios a Labán arameo en sueños aquella noche, y le dijo: Guárdate que no hables a Jacob descomedidamente.

La blasfemia contra el Espíritu Santo no será perdonada. Dice la Palabra de Dios. La carne se rebela contra Dios, pero el Espíritu Santo nos guarda.

25Alcanzó, pues, Labán a Jacob; y éste había fijado su tienda en el monte; y Labán acampó con sus parientes en el monte de Galaad. 

En el monte, donde mora Dios, en las alturas, no en el valle, que es el camino ancho y fácil de la religión organizada. Es más, el camino de la justificación por la moral. ¡Qué engaño!

26Y dijo Labán a Jacob: ¿Qué has hecho, que me engañaste, y has traído a mis hijas como prisioneras de guerra? 

En realidad, somos prisioneros de guerra como cautivos, porque Cristo ha tenido que luchar contra el enemigo para arrebatarnos del fuego.

27¿Por qué te escondiste para huir, y me engañaste, y no me lo hiciste saber para que yo te despidiera con alegría y con cantares, con tamborín y arpa? 28Pues ni aun me dejaste besar a mis hijos y mis hijas. Ahora, locamente has hecho. 29Poder hay en mi mano para haceros mal; más el Dios de tu padre me habló anoche diciendo: Guárdate que no hables a Jacob descomedidamente. 

El hombre de Dios no se deja dominar por la carne y escapa a la vida de la mano de Dios, es por esto que nos enseña Dios en este relato que Labán, nuestro lado carnal, no nos quiere ver en el lado del Espíritu, Jacob, que está movido por Dios para que seamos suyos.

30Y ya que te ibas, porque tenías deseo de la casa de tu padre, ¿por qué me hurtaste mis dioses? 

Otra vez vemos que la carne se aferra a sus creencias y le cuesta vivir sin más fe que al único Dios verdadero, el que no se ve, ni se toca, solo por fe en la Palabra de Dios y sentimiento del corazón, en una relación personal con Él.

31Respondió Jacob y dijo a Labán: Porque tuve miedo; pues pensé que quizá me quitarías por fuerza tus hijas. 

Pensé que la carne vencería y ya he visto a muchas almas ser arrebatadas por el diablo para ser llevadas al día del juicio para perderse en el infierno.

32Aquel en cuyo poder hallares tus dioses, no viva; delante de nuestros hermanos reconoce lo que yo tenga tuyo, y llévatelo. Jacob no sabía que Raquel los había hurtado. 

El alma, cuando nace al Espíritu, ya no cree en el palo, ni en la piedra, los ídolos. Ya conoce a su Esposo espiritual y eterno.

33Entró Labán en la tienda de Jacob, en la tienda de Lea, y en la tienda de las dos siervas, y no los halló; y salió de la tienda de Lea, y entró en la tienda de Raquel. 34Pero tomó Raquel los ídolos y los puso en una albarda de un camello, y se sentó sobre ellos; y buscó Labán en toda la tienda, y no los halló. 35Y ella dijo a su padre: No se enoje mi señor, porque no me puedo levantar delante de ti; pues estoy con la costumbre de las mujeres. Y él buscó, pero no halló los ídolos.36Entonces Jacob se enojó, y riñó con Labán; y respondió Jacob y dijo a Labán: ¿Qué transgresión es la mía? ¿Cuál es mi pecado, para que con tanto ardor hayas venido en mi persecución? 37Pues que has buscado en todas mis cosas, ¿qué has hallado de todos los enseres de tu casa? Ponlo aquí delante de mis hermanos y de los tuyos, y juzguen entre nosotros. 38Estos veinte años he estado contigo; tus ovejas y tus cabras nunca abortaron, ni yo comí carnero de tus ovejas. 39Nunca te traje lo arrebatado por las fieras: yo pagaba el daño; lo hurtado así de día como de noche, a mí me lo cobrabas. 40De día me consumía el calor, y de noche la helada, y el sueño huía de mis ojos. 41Así he estado veinte años en tu casa; catorce años te serví por tus dos hijas, y seis años por tu ganado, y has cambiado mi salario diez veces. 42Si el Dios de mi padre, Dios de Abraham y temor de Isaac, no estuviera conmigo, de cierto me enviarías ahora con las manos vacías; pero Dios vio mi aflicción y el trabajo de mis manos, y te reprendió anoche.

¡Que dedicación la del Espíritu Santo a nuestras vidas!

43Respondió Labán y dijo a Jacob: Las hijas son hijas mías, y los hijos, hijos míos son, y las ovejas son mis ovejas, y todo lo que tú ves es mío: ¿y qué puedo yo hacer hoy a estas mis hijas, o a sus hijos que ellas han dado a luz? 

La carne, esto es la mente del viejo hombre del discípulo, cree que de él ha salido todo lo que Dios se lleva de su vida como si fuese su propia obra, y así en su soberbia, no se da cuenta que el Señor, en Su misericordia se deja pactar para que la personalidad del hombre en su alma, y en nuestro espíritu, cuando vayamos con él al cielo, tengamos cada uno nuestra personalidad y seamos quienes somos, pero con la bendición de ser librados de nuestro instinto carnal.

Dios nos guarda un regalo inmejorable: la resurrección, en un cuerpo nuevo y espiritual, a la semejanza del de Jesucristo cuando resucitó y fue glorificado.

44Ven, pues, ahora, y hagamos pacto tú y yo, y sea por testimonio entre nosotros dos. 45Entonces Jacob tomó una piedra, y la levantó por señal. Siempre la constante es la piedra de la fe. Cristo. 46Y dijo Jacob a sus hermanos: Recoged piedras. Y tomaron piedras e hicieron un majano, y comieron allí sobre aquel majano. 

Todos los que son de fe son hechos testigos de que por Cristo se salva el alma del hombre.

47Y lo llamó Labán, Jegar Sahaduta; y lo llamó Jacob, Galaad. 48Porque Labán dijo: Este majano es testigo hoy entre nosotros dos; por eso fue llamado su nombre Galaad; 49y Mizpa, por cuanto dijo: Atalaye Yahweh entre tú y yo, cuando nos apartemos el uno del otro. 50Si afligieres a mis hijas, o si tomares otras mujeres además de mis hijas, nadie está con nosotros; mira, Dios es testigo entre nosotros dos. 

Espíritu Santo encomiendo mi alma y espíritu en tus manos.

51Dijo más Labán a Jacob: He aquí este majano, y he aquí esta señal, que he erigido entre tú y yo. 52Testigo sea este majano, y testigo sea esta señal, que ni yo pasaré de este majano contra ti, ni tú pasarás de este majano ni de esta señal contra mí, para mal. 

El majano es el pueblo de Dios, esas piedras de la fe que son testigos de que un hombre se ha encomendado al Espíritu Santo.

53El Dios de Abraham y el Dios de Nacor juzgue entre nosotros, el Dios de sus padres. Y Jacob juró por aquel a quien temía Isaac su padre. 54Entonces Jacob inmoló víctimas en el monte, y llamó a sus hermanos a comer pan; y comieron pan, y durmieron aquélla noche en el monte. 55Y se levantó Labán de mañana, y besó sus hijos y sus hijas, y los bendijo; y regresó y se volvió a su lugar.

CAPÍTULO 32

1Jacob siguió su camino, y le salieron al encuentro ángeles de Dios. 2Y dijo Jacob cuando los vio: Campamento de Dios es este; y llamó el nombre de aquel lugar Mahanaim.

Ya está completada la obra de crecimiento espiritual en este hombre. Ya este hombre camina de la mano de Dios, y los ángeles de Dios salen a su encuentro.

3Y envió Jacob mensajeros delante de sí a Esaú su hermano, a la tierra de Seir, campo de Edom. 4Y les mandó diciendo: Así diréis a mi señor Esaú: Así dice tu siervo Jacob: Con Labán he morado, y me he detenido hasta ahora; 5y tengo vacas, asnos, ovejas, y siervos y siervas; y envío a decirlo a mi señor, para hallar gracia en tus ojos.

Hermano de carne, cualquier otro hombre que no aceptaba a Dios antes y al cual venimos a visitar. Estos son Esaú. Muchos de los cuales nos han aborrecido porque hemos elegido a Dios y no seguir al mundo.

6Y los mensajeros volvieron a Jacob, diciendo: Vinimos a tu hermano Esaú, y él también viene a recibirte, y cuatrocientos hombres con él. 7Entonces Jacob tuvo gran temor, y se angustió; y distribuyó el pueblo que tenía consigo, y las ovejas y las vacas y los camellos, en dos campamentos. 8Y dijo: Si viene Esaú contra un campamento y lo ataca, el otro campamento escapará. 9Y dijo Jacob: Dios de mi padre Abraham, y Dios de mi padre Isaac, Yahweh, que me dijiste: Vuélvete a tu tierra y a tu parentela, y yo te haré bien; 10menor soy que todas las misericordias y que toda la verdad que has usado para con tu siervo; pues con mi cayado pasé este Jordán, y ahora estoy sobre dos campamentos. 

Me has bendecido grandemente, tenga yo ahora la bendición de poder traer Tu mensaje, el Evangelio de Cristo, y que lo reciban los hombres.

11Líbrame ahora de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque le temo; no venga acaso y me hiera la madre con los hijos. 12Y tú has dicho: Yo te haré bien, y tu descendencia será como la arena del mar, que no se puede contar por la multitud. 13Y durmió allí aquélla noche, y tomó de lo que le vino a la mano un presente para su hermano Esaú: 14doscientas cabras y veinte machos cabríos, doscientas ovejas y veinte carneros, 15treinta camellas paridas con sus crías, cuarenta vacas y diez novillos, veinte asnas y diez borricos. 

En las cosas del mundo, en trabajo u otro servicio, debemos dar a los hombres para que ellos nos reciban como gente de bien y nos abran su corazón para que reciban al Mesías.

16Y lo entregó a sus siervos, cada manada de por sí; y dijo a sus siervos: Pasad delante de mí, y poned espacio entre manada y manada. 17Y mandó al primero, diciendo: Si Esaú mi hermano te encontrare, y te preguntare, diciendo: ¿De quién eres? ¿y adónde vas? ¿y para quién es esto que llevas delante de ti? 18entonces dirás: Es un presente de tu siervo Jacob, que envía a mi señor Esaú; y he aquí también él viene tras nosotros. 19Mandó también al segundo, y al tercero, y a todos los que iban tras aquellas manadas, diciendo: Conforme a esto hablaréis a Esaú, cuando le hallareis. 20Y diréis también: He aquí tu siervo Jacob viene tras nosotros. Porque dijo: Apaciguaré su ira con el presente que va delante de mí, y después veré su rostro; quizá le seré acepto. 

Quizá si les bendecimos en las cosas del mundo, ellos nos escuchen el Evangelio. Merece la pena intentarlo por amor a nuestro prójimo.

21Pasó, pues, el presente delante de él; y él durmió aquella noche en el campamento.

 

JACOB LUCHA CON EL ÁNGEL EN PENIEL

22Y se levantó aquella noche, y tomó sus dos mujeres, y sus dos siervas, y sus once hijos, y pasó el vado de Jaboc. 23Los tomó, pues, e hizo pasar el arroyo a ellos y a todo lo que tenía. 24Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. 

Hasta la venida del Señor al alba, el hombre de Dios, como Jacob, lucha con Dios para que le bendiga. No debemos soltarle nunca hasta que nos bendiga en todo lo que tenemos que vivir.

25Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba.

Cuando ya está el Espíritu de Dios en nosotros, la porción de Si mismo que ha puesto en nosotros se aferra a Su propia esencia, y no nos puede vencer, porque ya somos un espíritu con Él.

26Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices. 27Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. 

El nombre es la esencia y personalidad espiritual. Dios nos dará un nuevo nombre espiritual. Apocalipsis 2:17.

28Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. 

Has vencido como la viuda del Evangelio que no dejó al juez, hasta que le hizo justicia. Lucas 18:4.

29Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí.

Enséñame Tu esencia, qué pueda conocerte de forma personal e íntima, Dios mío. Y lo bendijo Dios.

30Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma. 31Y cuando había pasado Peniel, le salió el sol; y cojeaba de su cadera. 32Por esto no comen los hijos de Israel, hasta hoy día, del tendón que se contrajo, el cual está en el encaje del muslo; porque tocó a Jacob este sitio de su muslo en el tendón que se contrajo.

Peniel, pues, es símbolo de estar con, y conocer a Dios.

 

CONCLUSIÓN

La historia de Jacob tiene tres puntos culminantes: el más conocido es el de ser el patriarca de las 12 tribus de Israel. El más profundo es su relación personal con Dios, y simbolizar al Espíritu Santo (Abraham, al Padre, e Isaac al Hijo). Pero el tercer punto es en el cual hemos centrado es estudio Bíblico y la narración que estamos concluyendo ahora, la vida personal, familiar, de aventura y de propósito en la vida del hombre de Dios y los dos tiempos de crecimiento de su alma, representados por sus dos esposas, Lea y Raquel.

Aunque el creyente quiere a Raquel primero, de la cual se enamora, la cual representa en esta historia, a la parte espiritual y madura en Cristo, que la persona creyente llegará a alcanzar, Dios nos da primero a Lea, que representa nuestra alma y nuestra carne, las cuales han de ponerse en orden, arrepentirse, madurar en Cristo, porque si no sujetamos la carne y sus tendencias contra Dios, y el alma, y sus sentimientos opuestos a Dios, no puede el Espíritu Santo hacernos templo Suyo.

Así pues, la historia real de Jacob nos aporta, además, una profundización espiritual del orden de Dios en nuestras vidas cristianas, para que lleguemos a ser verdaderos discípulos, esos que ya no tienen que estar perdiendo el tiempo en los rudimentos de la religión, y pueden ser sal y luz del mundo, pueden centrarse en el Evangelio, la Gran Comisión y hacer discípulos. Al igual que Jacob pudo, por fin, ser libre de su suegro, y llevarse consigo a sus esposas, sus hijos, las bendiciones y la riqueza, nosotros, como cristianos debemos poder vivir en Espíritu y en verdad. Amén.