LA SAMARITANA

EL ALMA QUE DEJA LA TRADICIÓN RELIGIOSA Y SIGUE A JESUCRISTO

© Carlos Padilla – 1997

 

Samaria, Galilea y Judea eran las tres partes del territorio que abarcaba la que una vez fue la Tierra Prometida a Abraham, la que también fue la tierra de las doce tribus de Israel, la que una vez fue el reino de Israel antes de la división en dos, tras la muerte de Salomón, Judá e Israel. En los tiempos de Jesús, Roma dominaba la región y judíos y samaritanos no se trataban, y los galileos tampoco estaban tan unidos. Unos en el norte y otros en el sur, a pesar de ser originarios del mismo pueblo de Israel. De este modo, cuando Jesús se encuentra con la mujer samaritana, en el pozo de Jacob, en Sicar, que podría ser la antigua Siquem, según algunos eruditos, historiadores y arqueólogos especialista en historia de la Biblia.

La mujer samaritana de nuestra historia se sorprende de que Jesús se dirija a ella. La tradición de cada uno se había separado, algo así como las iglesias católica y protestante, para asimilarlo a nuestros días. Tampoco estaban en Judea, ni Nazaret, donde se crio el Señor Jesús, estaba en Galilea, mientras donde nació, Belén, y donde murió, Jerusalén, sí estaban en Judea. También los discípulos primeros procedían de Galilea, y muchos lugares principales de la historia de Jesús, como Genesaret, Tiberíades, Magdala ciudad de María magdalena, las historias de la tormenta y la barca, las bodas de Caná, etc.

Y en Samaria, no solo está esta historia de la samaritana, sino que todos recordamos al buen samaritano, que es tan famoso que a cualquiera que se le considera de buen corazón y obras en nuestra cultura se le llama, como sabemos, un buen samaritano, algo que Jesús usó para mostrar a escribas y fariseos que se habían cegado tanto con la Ley y sus tradiciones, que ya no eran capaces de ayudar al prójimo, como sí hizo aquel samaritano, que procedía de una tierra apartada del camino religioso que ellos consideraban santo, para que sus conciencias fuesen acusadas. Añadiré que, al norte de Samaria, en el borde con Galilea, está Maguido, la ciudad y el valle de Armagedón. Lo que quiero decir con esto, es que Samaria, aunque fue la capital de las 10 tribus del norte, no era del agrado de los judíos en tiempos de Jesús porque su historia está ligada al culto a los Baales, la idolatría y la inmoralidad, pecados que le costaron el asedio de Asiria varias veces, luego Alejandro Magno tomó la ciudad y deportó a su población. Pompeyo en tiempos de Roma la incluyó en la provincia romana de Siria, y Herodes el grande la volvió a edificar. Felipe evangelizó en Samaria y muchos creyeron, como Simón el mago, yendo Pedro y Juan a apoyarle.

Ahora que nos hemos puesto en el contexto, adentrémonos en la historia de Jesús y la mujer samaritana, y qué significa aquella historia para nosotros en nuestra vida espiritual. El Texto Bíblico empieza así:

1Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan  2(aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos),  3salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea.  4Y le era necesario pasar por Samaria.  5Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José.  6Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta. 7Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber.

La mujer representa a un alma que viene a sacar agua al pozo de la religión, de su tradición, porque tiene sed espiritual, es la búsqueda de la bendición de Dios que los discípulos de las religiones vienen a buscar a través de la práctica y el cumplimiento. Entonces es cuando la persona a la que Cristo le pregunta si tiene agua o presencia del Espíritu con Él, se da cuenta de que tendrá que venir a los rudimentos de su religión cada vez que quiera hablar de Dios. 

8Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer.  9La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí.

La persona en cuestión, representada por la samaritana, le pregunta a un hermano en la fe, (que en el pasaje es Cristo mismo, pero que en nuestra experiencia puede ser cualquier discípulo que trae a Cristo), sin que esta persona lo sepa aún, que cómo es que él viene a pedirle agua de Dios si es un discípulo que conoce ya a Dios. Judíos y gentiles no se tratan, o sea que en la sociedad ocurría y ocurre que los de Dios y los de las religiones, no se tratan, pero Cristo, viene a demostrar que precisamente lo que hay que hacer es tener una relación del Señor entre los que conocen y los que quieren conocer al Señor, porque el que busca halla, dice el Señor. Por lo tanto, cuando alguno busca al Señor en las religiones, debemos intentar presentarle a Dios libremente en Cristo, Quien es El Camino, y La Verdad y La Vida, para llegar a convertirse en templo del Dios vivo.  

10Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.  11La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva?

Si conocieses que la Verdad está en Cristo, en la amistad personal con Dios y no en las religiones y en las prácticas de la tradición religiosa, y que la Ley de Dios viene a demostrar que el hombre no puede cumplir la moral perfecta de Dios, por mucho que se esfuerce, y que la salvación y la Puerta abierta a Dios la provee Él con Su misericordia por la obra de Su Hijo en la cruz, por lo que intentar venir a Dios por nuestros méritos es anticristo. Luego tú me pedirías a mi agua viva. Pero esta alma no entiende aún de donde se puede traer el agua si no se tiene, o propone una forma de culto como herramienta con la que acceder al pozo del agua espiritual, porque no conoce y no tiene una relación personal e íntima con el Padre, a través de Jesucristo, por el Espíritu Santo, porque todavía el Espíritu Santo no habita en su alma, porque es necesario nacer de nuevo, de lo alto (Juan 3).

12¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?  13Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; 14mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.

¿Eres tú mayor que nuestro padre Jacob, o eres tú mayor que toda la tradición de nuestra religión, que traemos desde entonces y con la que bebieron el agua de Dios todas las generaciones de las que vengo, hasta hoy? Cristo responde que el que crea que la tradición y la práctica traerá a Dios, descubrirá que siempre se quedará sediento, mientras que los que entren al Padre a través de la Puerta, que es Cristo, entrarán en Su corazón y ya no tendrán que practicar nada, sino vivir de la mano de Dios, caminar por el Camino que es Cristo, porque el agua que bebe el que conoce a Dios produce una fuente de agua viva para los demás y para el mismo, porque la fuente es Dios mismo.  

15La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla.

Precioso pasaje donde de vez en cuando se encuentran almas que están dispuestas a abandonar las obras muertas de la religión y conocer a Dios. Merece la pena intentarlo cuando se ve a los que Le reciben alegrarse y cambiar sus vidas.

 16Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá.  17Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido;  18porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.

Los maridos, en este pasaje, simbolizan a los líderes de las congregaciones religiosas que se practican durante la vida y que Cristo pide que se expongan en la conversación para que sean dejados en pos del verdadero Marido que es Jesucristo, que ya no se siga a otro cabeza espiritual, sino a Aquel que es la cabeza de todo principado y potestad, la cabeza espiritual de nuestra vida: Jesucristo.

19Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta.  20Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar. 21Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.  22Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos.  23Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.  24Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

Ya no se adorará ni este monte, se refiere a esa religión, ni en Jerusalén que es la religión Judía, porque Dios quiere adoradores que le adoren en espíritu y en verdad. Que en cualquier lugar sean ellos el templo del Dios vivo. Ni por la Ley, ni por las obras de la religión se puede adorar a Dios, sino en Espíritu y en verdad.

25Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas.  26Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo. 27En esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que hablaba con una mujer; sin embargo, ninguno dijo: ¿Qué preguntas? o, ¿Qué hablas con ella?  28Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a los hombres:  29Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Cristo?  30Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a él. 31Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come.  32El les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.  33Entonces los discípulos decían unos a otros: ¿Le habrá traído alguien de comer?  34Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.  35¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.  36Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega.  37Porque en esto es verdadero el dicho: Uno es el que siembra, y otro es el que siega.  38Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.

La comida que aquí dice comer Cristo es la misma que deben comer los que hoy son discípulos, en el sentido espiritual, pues requiere que se haga Su voluntad en lugar de cumplir ordenanzas y practicar cultos de forma automática. Entonces le es dado a aquel que sirve a Dios el participar en la siega del fruto de los que antes habían sembrado. Por esto se nos enseña que a veces sembramos, y otras veces recogemos lo que no habíamos sembrado. Conclusión: debemos estar alerta y procurar predicar a cualquiera, buscar las situaciones en las que hablar la Palabra de Dios, porque no sabemos si el alma-tierra a la que estamos hablando, será ahora tierra donde plantar semilla, o de donde recoger la cosecha que otro plantó; aunque el que planta es en realidad Dios, la semilla de Cristo, a través de nosotros, solo debemos hacer lo que debemos, que es Su voluntad de interceder por nuestro prójimo y esperar la bendición de Dios para con ellos.

39Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho.  40Entonces vinieron los samaritanos a él y le rogaron que se quedase con ellos; y se quedó allí dos días.

Los samaritanos, en nuestra historia representan y son símbolo de los gentiles, los del mundo, que sin embargo Le piden al Señor que se quede con ellos, que se quede Su presencia con ellos. Él accede a quedarse con el mundo 2 días que son 2 mil años y al tercer día resucitó, al tercer milenio.  

41Y creyeron muchos más por la palabra de él,  42y decían a la mujer: Ya no creemos solamente por tu dicho, porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.

Ahora todos los que creen y conocen a Dios en Cristo, ya viven su propia vida de relación con Dios, en la libertad y sin depender de la Ley ni de las practicas. Cumpliendo los Mandamientos por amor a Dios, sin tenerlos como el mérito para salvarnos sino por: Si me amáis, guardad mis mandamientos, y yo rogaré al Padre y os enviaré otro consolador, para que esté con vosotros para siempre”. Evangelio de Juan 14:15.

 

CONCLUSIÓN

“Dios, Dios mío eres Tú; de madrugada Te buscaré; mi alma tiene sed de Ti, y mi carne Te anhela, en la tierra seca y árida donde no hay aguas, para ver Tu poder y Tu gloria. Porque mejor es Tu misericordia que la vida; mis labios Te alabarán. Así Te bendeciré en mi vida, en Tu nombre alzaré mis manos”. Salmo 63:1-4.

Como dice en el Salmo el rey David, nuestra alma tiene sed de Dios. De aquel modo se sentía la samaritana, que, sin saberlo, y yendo al pozo del agua física, encontró la fuente del agua viva espiritual cuando conoció al Señor Jesucristo. Del mismo modo, nosotros debemos comprender que la tradición religiosa no saciará nuestra ser de Dios, y que, por lo tanto debemos analizar si nuestra relación con Dios es a través de Jesucristo, y por la obra del Espíritu Santo. Los que ya conocen a Dios de forma personal, porque ya recibieron a Jesús en su corazón y se dejan llevar por el Espíritu Santo, saben bien de lo que estoy hablando. Los que todavía no lo han experimentado y todavía dependen de ir a la iglesia, al culto, o a la práctica religiosa para poder sentirse cerca de Dios, necesitan conocer a Jesús de forma personal, como la samaritana, que sus almas se conviertan en fuentes de agua viva, que sus almas sean templo del Espíritu Santo, que tengan una conversación diaria con Dios. Que conozcan a Jesucristo. ¿Conoces a Jesucristo? Si quieres conocer a Jesús, lee este Estudio especial. Dios te de el agua de la vida. Amén.