HISTORIA DEL LIDERAZGO CRISTIANO EN ESPAÑA I

© Carlos Padilla – Junio 2019

 

Introducción

El liderazgo espiritual en España en el cristianismo se remonta a los tiempos de Pablo, quien menciona en La Biblia su intención de visitar la península ibérica, territorio romano. Su liderazgo ya ponía la huella de su carácter patriarcal conquistador del mundo para Cristo en España. De aquel carácter de amor paterno, la iglesia en España pasaría al estoicismo de la época medieval, donde ya los obispos eran líderes militares implacables. Cisneros fue un consejero espiritual para la reina Isabel, quien mostró carácter y sabiduría diferente al espíritu inquisitorial que sufrió Casiodoro de Reina, el monje patriarca del protestantismo español tras publicar “Confesión de la fe Christiana” y junto a su grupo ser perseguidos por líderes de la inquisición, implacables y sin misericordia, alejados de Cristo, que solo buscaban poder y autoridad del puesto, aun matando a los fieles a Cristo. El líder colportor Julianillo, el más humilde pero que dejó huella de misionero entregado y afable hermano que dio su vida por la iglesia de Cristo. O Jorge Borrow “el inglés” quien por su carácter y tras sus relaciones con la clase alta, dedicó tiempo a los gitanos traduciendo el Evangelio al caló por amor a ellos. Matamoros, de Málaga en el XIX y su asociación de socorro mutuo y a enfermos. Ya en el XX los bautistas establecen iglesias y dejan nombres como Samuel Vila que ha educado a la España evangélica junto a Ernesto Trenchard. José María Martínez legado a su hijo Pablo Martínez, ambos dejan cimientos de ejemplo de liderazgo en España, hasta José Pablo Sánchez, el líder de TV seguidor de Billy Graham. Pero ¿qué le falta al liderazgo evangélico en la España de hoy para que la iglesia crezca, no dividida en denominaciones excluyentes? ¿Hay carencia de fe, oración, doctrina, preparación, carácter, humildad, visión, unción del Espíritu Santo, o hay esperanza?

 

Posible Liderazgo Apostólico en España

España, aparece dos veces en los planes de Pablo en las Escrituras, concretamente mencionadas sobre su deseo de visitarla expresado en la su carta a los Romanos 15:24 y 28. La influecia del liderazgo espiritual del apóstol escogido por Jesús para visitar el mundo conocido, habría impregnado la misión en España, para siempre. La también llamada y conocida por los romanos como límite de Occidente o finis terrae, sería el destino cumplido por Pablo en su expansión del Evangelio, según hallamos en una carta de Clemente de Roma a los Corintios, según el historiador A. Rovira i Virgili, lo que también indica el Fragmento de Muratori, del siglo II. Pero Atanasio, Juan Crisóstomo, Epifanio y Jerónimo, en los siglos sucesivos aceptaban que Pablo visitó España. Sea o no que lo hiciera, su influencia de líder carismático dejó su huella, y el Espíritu se encargaría de la rápida expansión. Se acepta que las primeras iglesias se establecieron en la Bética y en Tarragona. A partir de ahí, ya encontramos que en el siglo IV el Concilio de Granada denunciaba los problemas morales de la cristiandad mezclada con paganismo. Pronto el liderazgo de la iglesia en España sufriría desviación y surgieron algunos hermanos que llamaré proto reformadores, como Prisciliano, obispo de Ávila quien ya en el año 380, debido a sus cualidades de liderazgo, su erudición, su agudeza, habilidad dialéctica y su ascetismo[1] lideró a un grupo de seculares que formaban congregaciones que buscaban la correcta doctrina, por lo que recibieron persecución de Higinio, obispo de Córdoba. Su causa llegó hasta tal punto que fue ejecutado por herejía por orden del emperador. Pero el culto organizado fuera de la iglesia siguió en Galicia y la España occidental, hasta que el Concilio de Braga (561) lo erradicó. También en este periodo destaca otro líder, también ferviente por la pureza de la doctrina y por su carácter fue llevado a presidir el concilio de Nicea contra el arrianismo, fue Osio de Córdoba y mostró compañerismo defendiendo a Atanasio, acusado por los obispos arrianos. El periodo de invasión visigótica ya mostraba la desviación del sencillo y santo carácter de los apóstoles para dejar paso a una desviada imposición de ritos bajo una férrea autoridad de los obispos, quienes impartían el Espíritu Santo por bautismo y sin quienes el creyente no podía relacionarse con Dios. El liderazgo de la iglesia, en este punto, se había convertido en una dictadura indispensable impuesta; sacramentos y mandamientos de hombres y los líderes eran vistos como ejecutores de una ley humana  que amenazaba a todos con el infierno. Tras el papa de Roma y su supuesta infalibilidad papal, los obispos se veían como tales, orgullosos y arrogantes, no amando a la iglesia sino su propia popularidad y autoridad, que pronto se fundiría con la política, unificando todo el reino como católico. ¿A dónde quedaba aquel liderazgo cristiano que ama a las ovejas de Dios, humilde y servidor de la iglesia que se esfuerza por seguir al Maestro? En el libro “La Ciudad de Dios” de San Agustín[2], su autor, el último de la era de “los gigantes” dejaba toda una guía que impactaría al cristianismo sobre cómo liderar la iglesia de Cristo, lejos de la corrupción en la que había caído, y durante la Edad Media ningún otro teólogo sería más citado que él, el autor favorito de los reformadores. Quizá ya estaba tan lejos que la invasión del Islam, vista por muchos como el castigo divino por tal desviación de la fe verdadera, un antes y un después para que antes de la reconquista, España recibiera algunos líderes, que aunque católicos querían mantener la verdad de Cristo hasta que apareció de nuevo la imposición con la lacra deleznable de la Inquisición.

 

El Liderazgo Católico Medieval y La Inquisición

En Navas de Tolosa, año 1212, se inicia oficialmente la Reconquista tras la gran batalla que ganaron las tropas de los reyes cristianos con el apoyo del papa. Desde ahí, el gran poder alcanzado por la iglesia Católica medieval. Pero los españoles acudieron en masa, en peregrinación a los monasterios fundados por Fructuoso de Braga, un monje aislado estudioso de manuscritos y amante de la vida contemplativa que al final cambió para salir al encuentro de las multitudes hasta Sevilla y Cádiz, tal era su carisma. Otro líder español que dejó huella fue el rey Alfonso X el Sabio quien impulsó la cultura de los pueblos cristiano, árabe y judío, dando un ejemplo a toda la población y asentando los cimientos para una nación unida. A estas culturas se dedicó el primer gran místico de la Península Ibéria, Ramón Llul[3] quien la evangelizó de forma abnegada y humilde hasta su muerte por lapidación de sus opositores. La iglesia Católica española se sometería a los dictados del Vaticano, como lo harían muchos reyes. Se abría así la Edad Moderna con el reinado de los Reyes Católicos. Isabel y Fernando creyeron en la unidad solo católica de España, expulsando a musulmanes y finalmente a judíos. Luego se dedicarían a la obra de lo que finalmente seria el descubrimiento de América el 12 de octubre de 1492, mismo año de la expulsión de los judíos. Pero antes tuvo dos contrapuestos, un buen y sabio líder cristiano, confesor de la propia reina, el cardenal Cisneros; y la lacra de la Inquisición que se estableció en España en 1478 con el beneplácito del papa Sixto IV. Cisneros reformó la vida de la iglesia contra la relajación moral del clero, uno de los puntos de la Reforma Protestante, pero además se empeñó en facilitar la Biblia en lenguas originales y latín, su famosa Políglota Complutense, lugar que comparte con la universidad[4], y la universidad de Alcalá de Henares, que sigue hasta hoy, consiguiendo del papa Alejandro VI una Carta Bulada para construir el hasta hoy conocido colegio de “San Ildenfonso” donde los estudiantes leyesen la enseñanza de las Facultades de Teología, Derecho Canónico y Artes, además de Medicina. Por su alta lealtad a la corona tuvo que regir España tras la muerte de Isabel hasta que Carlos V asumiera el trono. Su defecto fue tolerar la Inquisición. Pero Erasmo introduciría su influencia humanista a través de la corte de Isabel y el propio Cisneros, gracias al espíritu reformador del cardenal, con doctrinas reformadas que impactarían a Alfonso y Juan de Valdés. Como líderes mártires no podemos dejar de mencionar a aquellos que sufrieron los autos de fe de tan vil y cruel institución, e inspirarnos en su valentía y amor a Cristo, cualidades esas a las que hoy no acostumbramos en occidente: Juan Ponce de León, Juan González “el predicador”, cuatro mujeres sevillanas, Fernando Fernández, Juan de León (fraile del Monasterio de San Isidoro de Sevilla), Francisca Chaves, el médico Cristóbal Losada, Cristóbal Arrellano, García Arias “el maestro blanco”, el doctor Juan Egidio (canónigo predicador de la catedral de Sevilla) y el doctor Constantino de la Fuente (canónigo predicador de la catedral de Sevilla)[5]. Cisneros fue el tercer inquisidor general del reino, reformó las formas de la inquisición y sustituyó a los oficiales indignos, protegiendo a los acusados falsamente, impidiendo que se publicaran los nombres de sus familias, como Antonio de Nebrija, humanista y traductor quien incluso trabajó en la Biblia Políglota Complutense.

Sigue y termina en la próxima entrega HISTORIA DEL LIDERAZGO CRISTIANO EN ESPAÑA II que incluye:

El Liderazgo Protestante y La Biblia en Español

El Liderazgo Evangélico hasta Hoy

Conclusión

 

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[1]José M. Martínez. “La España Evangélica de ayer y hoy”. (Viladecavals, Barcelona. Clie, 1994), 21.

[2]Justo L. González. “Historia del Cristianismo. Tomo I”. (Miami. EE.UU.: Unilit, 1994), 229.

[3]Martínez. “La España Evangélica de ayer y hoy”. 34.

[4]Universidad Complutense de Madrid. www.ucm.es/reseña-historica

[5]Reinaldo González Montes. “Artes de la santa inquisición española”. (Emilio Monjo Bellido (ed.). Obras de los Reformadores españoles del siglo XVI. Colección Eduforma, Vol. IV. Sevilla: MAD, 2008), 251-304.