JESUCRISTO – NUESTRO MANÁ DEL CIELO
© Carlos Padilla – Semana Santa 2026 – Pascua 14 Nissan 5786
Cuando Dios sacó a los israelitas de Egipto por mano de Moisés, les llevó por el desierto para probar su fe, y les dio el maná del cielo como sustento cada día, la cantidad necesaria para vivir, pero el pueblo se quejó a Moisés de que se les diera aquella comida, y recordaban con amargura las comidas que tenían en Egipto, despreciando el pan del cielo que Dios les daba. Tras la Pascua en Egipto, y tras ser protegidos con el símbolo de la sangre del cordero, en los postes y en los dinteles de sus casas, Moisés fue enviado por Dios para sacar a Su pueblo de la esclavitud de Egipto, y los sacó a través del desierto, para guiarlos a la Tierra Prometida. Durante el camino, Dios probaría el corazón de ellos. La mayoría no estaba con Dios, y aquella generación murió, siendo la siguiente generación la que llegó a su destino. Leemos en el Nuevo Testamento que Jesús es el verdadero maná, aquel pan del cielo que nos da Dios. ¿Aceptamos con gozo ese pan, o buscamos las viandas del mundo? ¿Nos alimentamos del pan de la Palabra de Dios o preferimos las fábulas, las modas, y las tendencias sociales del mundo? Si quieres saber cómo es el maná de Dios y cómo nos provee de la salvación para vida eterna, y de alimento espiritual, sigue leyendo…
EL MANÁ EN EL DESIERTO 40 AÑOS
40 años para hacer un viaje de 15 días si se hiciera hoy en una ruta directa por la costa que podría haber sido de menos de 500km es un dato que llama la atención. En el caso de Israel en Éxodo, sería un viaje desde la ciudad de Ramsés, a través del Mar Rojo, y al sur de la península del Sinaí, para subir por el este de la península, hasta el norte, y llegar al otro lado del río Jordán, frente a Jericó, durante aquellos 40 años, Deuteronomio 1:3. ¿Por qué Dios hace que Su pueblo pase esos años en lugar de llevarlos directamente a la Tierra Prometida?
Muchos han debatido si Moisés no sabía el camino y Dios se lo iba revelando progresivamente, o si se habían perdido, o si Dios dejó de guiarles. Pero, si profundizamos un poco más podemos comprender que Dios tenía que probarlos en su fe, para que fuesen aquellos que en verdad Le amasen, los que entrasen en la Tierra Prometida. Dios les dio el maná del cielo, y ellos se quejaron. Echaban de menos Egipto, su comida y sus dioses. Tras aquella queja, Dios les dio codornices hasta hartarlos, “hasta que os salga por las narices” Números 11:20. No obstante, Dios no les quitó el maná que siguieron recibiendo cada día. Debían recogerlo por la mañana, en una porción por persona de casi 4 litros, lo podían cocinar y hacer tortas. El sábado Dios no enviaba maná, por lo que el viernes debían recoger para dos días. Las jornadas desde Egipto hasta el Jordán se hallan en Números 33. Les dio la Ley en Sinaí y esperó hasta que muriese toda aquella generación de más de 20 años que salió de Egipto; Josué 5:6. Entraron en la Tierra Prometida Caleb, Josué y los niños, y familias de la nueva generación, los cuales se hallan en el libro de Josué, quien sucedió a Moisés como líder de la nación.
40 años comieron el maná; Éxodo 16:35 hasta que llegaron a la tierra de Canaán. Y cuando toda la gente hubo cruzado el Jordán, en Gilgal, donde celebraron la Pascua, a los catorce días del mes, por la tarde, y al día siguiente comenzaron a comer del fruto de la tierra, cesó el maná; Josué 5:12. La Pascua que hoy conocemos los cristianos como Semana Santa. Ellos comían la Pascua tras salir de la esclavitud en Egipto, guiados por su libertador; nosotros tomamos la Santa Cena como salida de la esclavitud al pecado, por la victoria de nuestro Libertador.
NUESTRA ALIMENTACIÓN ESPIRITUAL
Y el maná tenía un sabor como de hojuelas con miel, y aceite nuevo, como semilla de culantro, blanco con tonos de bedelio; Éxodo 16:31, Números 11:7, y el pueblo lo llamó “maná” que se traduce como ¿qué es esto? Al contrario que el ajo; Números 11:5, que era, según los estudios históricos y arqueológicos un elemento común en la alimentación de Egipto, que camufla, como sabemos, el sabor, y lo invade por completo, siento la antítesis espiritual del maná, con su sabor delicado y suave, natural, que permite distinguir, puro, yo diría que simbólicamente es algo espiritual verdadero. Además, el ajo se lo daban a los esclavos para fortalecer su sistema inmunitario, y como antiséptico. Nos recuerda a la esclavitud al mundo, al pecado, a muchas cosas que nuestra carne anhela pero que nos esclavizan, y de las cuales el Señor nos libra por Su poder.
La nutrición es un magnífico paralelo para comparar lo que comemos y sus resultados en nuestra salud, aspecto, mentalidad, y longevidad, con lo que estudiamos a nivel doctrinal, religioso, espiritual, y sus resultados en nuestra salud espiritual y mental.
Las iglesias y sus denominaciones mezclan el maná, el Evangelio puro y la base doctrinal cristiana, con sus diferencias denominacionales, lo mismo que hacía el pueblo de Israel, sus líderes religiosos que llegaron a dividirse en el Sanedrín, entre Fariseos y Saduceos, los cuales, como nos advirtió el Señor, usan la levadura para inflar la doctrina, al igual que hoy en muchas iglesias, haciendo que la enseñanza sea más emocional, llamativa. Pero cuando se desvía de la sana doctrina, produce herejías y desviación del Camino de Cristo. Debemos mantenernos del pan sin levadura, del maná, del alimento puro que nos da el Señor Jesucristo en Su Palabra, la Sana Doctrina; 1 Corintios 3, hasta que entremos en la Tierra Prometida de la fe.
LA SANTA CENA – EL MANÁ O PAN DEL CIELO ES JESUCRISTO
El Señor Jesús nos enseñó varias veces que Él se daba por nosotros de una forma profunda, y asoció el pan con el alimento que daba la vida, y esa vida de la que habla Jesús no sólo es la física, sino la espiritual, y la vida eterna, aquella que comienza en el cristiano que nace de nuevo, y la que comenzará tras la resurrección. Jesús y Su vida como el pan, como Su carne, dando Su propia vida, y Su propia carne, la cual simbólicamente debemos comer, es decir asimilar que nos hacemos uno con Él al nacer de nuevo, al recibir Su Santo Espíritu, y al vivir una vida como cristianos que dan testimonio de la fe, y que tratan a su prójimo como Él lo hizo. Ese es el fruto de alimentarnos de Él, el amor de Dios. Su Palabra nos ha sido revelada, conservada y entregada para que de ella comamos cada día, la cual nos enseña y nos habla de cómo es Jesús, para que Le podamos conocer profundamente. El pan vivo es también la Palabra viva, pues nos sigue alimentando y enseñando tesoros del Señor, y lo sigue haciendo durante toda la vida de lectura y estudio de la Biblia. “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí” Juan 5:39.
Si Dios les dio el maná a los israelitas, a la Iglesia le ha dado a Su Hijo unigénito, un nuevo maná espiritual, también es Su Palabra viva, el Evangelio de la salvación, pero además ha venido en carne, se ha hecho Hombre, el Hijo del Hombre, para vivir entre nosotros, sentir y experimentar lo mismo que nosotros con nuestras limitaciones, dar Su vida en la cruz para llevar nuestros pecados en expiación, y darnos el fruto de Su obra, una salvación tan grande, y que no puede ser ganada por nuestros esfuerzos, ni obras, sino por la fe por Su gracia. El cristiano, como hicieron los israelitas al buscar su maná cada mañana, debe buscar su tiempo con Dios en Cristo cada mañana, y en Su Palabra, y oración, su pan diario del cielo, su tiempo especial íntimo en el Espíritu. Sin la cruz de Cristo no hay salvación. El que cree esto, tiene vida eterna, ha comido el verdadero maná del cielo y Cristo viene a habitar en su interior por el Espíritu Santo que nos hace Su templo. El pan de la Santa Cena es el maná del cielo vivo, el símbolo de la carne de Cristo que al comerlo nos hace parte de Él. “Esta es la obra de Dios, que creáis en el que Él ha enviado”, Juan 6:29.
“Yo Soy el pan de vida, el que a Mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en Mí cree, no tendrá sed jamás”, Juan 6:35.
Los que estaban oyendo a Jesús Le respondieron que sus padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”. Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, más mi Padre os da el verdadero pan del cielo, porque el pan de Dios es Aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.” Juan 6:32-33. Y este Texto enlaza con la conversación de Jesús con Nicodemo en Juan 3:13 donde Jesús le explica que Él está en el cielo al mismo tiempo que está con Nicodemo. “Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron. Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él como, no muera. Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le daré es Mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo”, Juan 6:51-52. Jesús es el pan nuestro de cada día ¡dánosle hoy! Mateo 6:11, Lucas 11:3.
Por lo tanto, al igual que los israelitas no tuvieron maná desde que habían entrado en la Tierra Prometida, habiendo cruzado el Jordán, habiendo tomado la primera pascua allí, y tras haber comenzado a comer del fruto de la tierra, nosotros los cristianos no tenemos más maná “rudimentos de la fe” Hebreos 6:1, maduremos porque ahora nuestro alimento son los frutos de la nueva tierra prometida, los frutos de Cristo y del Espíritu Santo en nosotros, y desde nosotros. Jesucristo formado en nosotros es ahora nuestro pan, Su carne, una vida de discípulo que trabaja por vivir como lo haría Jesús en nuestras circunstancias, llevando el Evangelio a nuestro alrededor, haciendo las obras de Dios, formando parte de la Iglesia de Cristo; llevando a todos el nuevo maná que es Jesucristo.
CONCLUSIÓN
¿Qué comida queremos comer como verdaderos cristianos? “…Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque hayáis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis”, Juan 6:26. El Señor nos da el maná, pan del cielo, Se nos da a Sí mismo para que nuestra alma, nuestra mente, y nuestro espíritu esté alimentado con el amor de Dios, con la verdad, con la fe pura que nos lleva a la vida eterna, la cuál Él ganó en la cruz para nosotros, la Iglesia, la esposa de las bodas del Cordero de Apocalipsis 19.
Nuestra carne puede anhelar alimento del mundo, del pecado, el ajo que todo lo camufla y sabe a lo mismo (aun con sus magníficas propiedades naturales). Pero Dios nos da el maná, un alimento sano, delicado, sencillo, saludable a todo nuestro ser, espiritualmente hablando, sano para nuestra fe, doctrinalmente sin levadura, la Palabra en los Evangelios y en el Nuevo Testamento.
Pero al comer el pan, y beber el vino en la Santa Cena, nos enseña que simboliza Su carne y Su sangre, que al tomarlos nos hace más como Él mismo, y el ama con amor de Dios, y eso es lo que nos pide, que nos amemos unos a otros con ese amor, para que todos vean que somos Sus discípulos; Juan 13:35.
“Trabajad, no por la comida que perece, sino por la que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a este señaló Dios el Padre”, Juan 6:27. Jesús nos dará del maná escondido, al que venciere; Apocalipsis 2:17 mensaje a la iglesia de Pérgamo. Esta Semana Santa, al tomar el pan y beber el vino, recordemos que la esencia del Hijo de Dios, el maná del cielo entra en nosotros para que Le asimilemos y nos esforcemos por ser más como Jesús, para gloria de Dios Padre. ¡Amén!
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https://www.jesucristo.net/egipto-historia-biblica-y-teologica/ – https://www.jesucristo.net/la-sangre-de-cristo/
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