LA FAMILIA PERFECTA

 © Carlos Padilla – Mayo 2025

 

¿Tienes una familia perfecta? La primera familia la creó Dios, siendo los primeros padres Adán y Eva quienes tenían una relación personal con Él, pero, que al igual que el mundo actual que es heredero de ellos, decidieron apartarse de Dios y seguir su propio camino. Hay que tener en cuenta que aunque Dios nos hizo a Su imagen y semejanza, también nos dio libertad, libro albedrío, pues Dios no ha creado robots. Pero el hombre y la mujer, aunque deben su vida, su cuerpo, y todo lo que tienen a su alrededor al Padre, al Creador, a Dios, no Le tuvieron en cuenta y su familia pronto vería como sus primeros descendientes sufrirían las consecuencias: Caín mató a Abel, el primer asesino de la historia, ¿y por qué le mató? Desde luego no era, esta, una familia perfecta. ¿Quieres una familia perfecta? Sigue leyendo…

LA FAMILIA PERFECTA VS LA FAMILIA REAL

Dios dijo dos cosas importantes a Abram, antes de cambiarle el nombre por Abraham: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré”, y también le dijo: “Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren, maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”, Génesis 12:1-3. Y esto segundo se lo vuelve a decir a su nieto Jacob, no a su hijo Isaac, en Génesis 28:14. Más adelante le cambió el nombre por Abraham, al ser considerado padre de la fe. Nosotros debemos seguir el ejemplo de la fe de Abraham como familias que buscan a Dios, y también sus bendiciones en este mundo, y en el venidero. La vida de Abraham, como la nuestra, no estuvo exenta de pruebas, dificultades, tragedias, guerras, luchas, pero Dios cumplió Su promesa y le bendijo. Nosotros debemos hacer lo mismo y amar a Dios primero.

La primera familia de la historia la creó Dios con Adán y Eva, y tan pronto hubo oportunidad, el enemigo, la serpiente, que es el diablo y Satanás, atacó la base de la familia, el matrimonio, que es el cimiento de la humanidad, creando la duda, aportando la tentación, ofreciendo por engaño otra vida apartados de Dios. El resultado, todos lo conocemos, la caída. Génesis 3.

Hoy, el mismo enemigo sigue atacando a la familia. Vemos cómo en occidente la natalidad está desapareciendo, los matrimonios se rompen, o no llegan a crearse. Las relaciones son vistas como algo temporal y sin compromiso, y para nuestra desgracia no se contemplan los valores de Dios, nuestro creador y Padre que ama a sus hijos.

¿Cómo es la familia perfecta? El primero que tiene que obedecer a Dios es el cabeza de familia, el marido, el padre, si queremos seguir el orden Bíblico, claro está: “…porque si alguno no provee para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo”. 1 Timoteo 5:8. A no ser que sea una mujer soltera, o divorciada, o viuda, que tenga posibilidad de proveer y lleve su casa. Si están el marido y la mujer, ambos deben llevar el yugo de la familia para la provisión, y debe ser de mutuo acuerdo.

Y ¿cómo es la familia real? Creo que a esta pregunta, todos podemos responder por experiencia. Si queremos ver a nuestros seres amados, nuestra familia, la esposa, o el marido, los hijos, los padres y abuelos, los nietos, tíos y primos, sobrinos, caminando con el Señor, también debemos soportar, ser pacientes, orar mucho, predicar sin imponer, y finalmente esperar a que Dios haga en ellos. Todos debemos pasar por una madurez en la vida, por pruebas, por caídas, equivocaciones, sufrimientos, desiertos, traiciones, abandonos, rechazos, fracasos. El Señor nos ha hecho libres, y aunque escoja a muchos, los envía al desierto, a la soledad y al aislamiento para que Le busquemos, para que hablemos con Él en la soledad existencial, donde se encuentra la verdadera religión, que es la relación personal con Jesús.

De ahí vendrá la contrapartida de experiencias positivas, aceptación, triunfo, humildad, carácter afable, amor de Dios, fe, confianza en Él, afecto fraternal, bondad, sabiduría, dominio propio, templanza, inteligencia, paciencia…2 Pedro 1 las bendiciones que Dios da en abundancia a quienes Le aman, y lo hace generosa y espléndidamente; los que esto tienen aportan las bases de la familia perfecta. Puedes leer más para equiparte en LA VIRTUD.

Todas esas situaciones, antes mencionadas, las tenemos que pasar casa uno de nosotros. Por tanto, si nuestros seres amados están lejos del carácter de Dios, sepamos que aun no han comenzado el Camino, y el Camino es Cristo “Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida; nadie viene al Padre, sino por mí” Juan 14:6. Pero no podemos imponernos, sino que, con paciencia y amor de Dios tratarlos como hace Cristo, y dejarlos libres, porque si amamos a alguien como Dios nos ama, debemos dejarlos libres, y si nos aman, que sea de corazón. Esto a los adultos, a los niños pequeños, todavía debemos ponerles límites, claro está.

 

EL MATRIMONIO

“Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de Galilea… …y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: no tienen vino… …Y estaban allí seis tinajas de piedra para agua… …Jesús dijo: llenad estas tinajas de agua… …sacad ahora y llevadlo al maestresala. Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dónde él de dónde era, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo, y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando y han bebido mucho, entonces el inferior; más tú has reservado el buen vino hasta ahora. Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.” Juan 2: 1-12.

Si Jesús hizo Su primer milagro en una boda, debe considerar muy importante el matrimonio, pues ya ninguna boda debería celebrarse sin recordar que Jesús bendijo esa boda. La relación más importante del hombre, y de la mujer, para la formación de una familia, es el matrimonio; claro está, después de nuestra relación con Dios. Luego los hijos, y luego los nietos. No quiere decir que los padres de los esposos no sean importantes, pues la gran bendición del quinto Mandamiento del Decálogo, es precisamente: “Honra a tu padre y a tu madre… …y para que te vaya bien sobre en la tierra que el Yahweh – Jehová tu Dios, te da”, Deuteronomio 5:16.

La mujer, o la esposa, cristiana, puede ganar a su marido a Cristo por su actitud, tratando de estar de acuerdo con él, sujeta a él con respeto, mostrando un corazón que muestra un espíritu afable y apacible, que es de gran estima delante de Dios. Y los maridos vivan con ellas sabiamente, dando honor a la mujer, como a vaso más frágil y coherederas de la gracia de la vida. Así enseña el apóstol Pedro en su primera carta, capítulo 3. Claro está que la sociedad suele sacar esta enseñanza de contexto, pero si ambos se aman y se respetan saborearán las mieles del matrimonio en una relación perfecta, algo cada día menos habitual. El que ama, y la que ama, verdaderamente, nunca impondrá ni abusará, sino que se ganará el amor y el respeto.

Pero Dios estableció: “El hombre dejará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos, una sola carne. Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban”. Génesis 2:24-25. No dice que serán un solo espíritu, ni una sola alma, ni un solo cuerpo, pero sí una sola carne, lo cual incluirá la mente, la forma de pensar en las cosas importantes, aunque sean dos personas independientes. Nótese que una vez han pecado son conscientes de que están desnudos y se avergüenza, y Dios le pregunta a Adán, quien se excusa. Génesis 3:10-11. Ahí se ve que la conciencia les acusa. Dios en Su misericordia les hace túnicas de pieles, lo que implica matar un animal, que debería ser un cordero, que simboliza a Cristo, el Cordero de Dios, quien cubre nuestros pecados.

Cuando en la Biblia leemos: “el marido es la cabeza de la mujer” (Efesios 5:23), se refiere a su esposa, nótese que no dice “el hombre”, sino, “el marido». La mujer que no está casada no tiene más cabeza que Cristo. Además la relación entre el marido y la esposa debe ser de amor, respeto y amistad, deben ser los esposos, entre ellos, los mejores amigos que puedan tener, en los que realmente puedan confiar el uno en el otro. Si tiene eso de verdad, y si buscan juntos en oración, la bendición de Dios, la tendrán. Tampoco olvidemos que Pablo también nos recuerda que la cabeza del marido es Cristo mismo, así que más nos vale estarle sujetos, porque Él ve cada acción y pensamiento por el Espíritu Santo que habita en nosotros. La esposa que ama a Dios es llamada “mujer virtuosa”: “toda su familia está vestida de ropas dobles…” Proverbio 31:21.

Así pues, la responsabilidad del marido es proveer a su familia en todo, amor y felicidad a su mujer, compartir sus sueños y amistad con ella, y que ella haga lo mismo, que sea, como dice el Proverbio, mujer virtuosa, que cuida a su marido y los hijos. Ambos unidos nunca caerán. Promesas de Dios en la Biblia para el hombre que teme a Dios: “Él le enseñará el camino que ha de escoger. Gozará él de bienestar, y su descendencia heredará la tierra. La comunión íntima de Yahweh – Jehová es con los que Le temen”. Salmo 25:12-14.

 

LOS HIJOS

Los hijos tienen un Mandamiento especial para con sus padres, el quinto, como ya hemos visto: “Honra a tu padre y a tu madre”, el cual incluye una gran recompensa; leer Efesios 6:2-4. Lo hijos son un regalo de Dios, y también una responsabilidad. Pero no todos aprecian la bendición que tienen al tenerlos, ni algunos hijos, en la niñez, y algunos nunca, aprecian la gracia de tener a su padre y a su madre.

La sociedad occidental se ha apartado de Dios. Familias mono parentales, hijos que se crían sin padre, o sin madre, o en familias no tradicionales, lo cual, según los psicólogos está produciendo una devastación emocional en las nuevas generaciones, de aquellos que lo sufren. Los hijos son criados por la escuela, y en el tiempo libre viven en el ciberespacio, no disfrutan de la naturaleza como antes, y abusan del sedentarismo, la vida deprisa, y la alimentación industrial, están produciendo enfermedades endémicas desde niños. Los padres no saben relacionarse con sus hijos. Toda una cadena estratégica que nuestro enemigo, el diablo, ha orquestado para hacer lo mismo que lleva haciendo desde el Edén, destruir a la familia. “El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; más el que lo ama, desde temprano le corrige”. Proverbio 13:24.

¿Por qué Caín mató a Abel?, Génesis 4:8-12, y luego se excusaba ante Dios, quien le dijo que la sangre de su hermano Abel, clamaba contra él, porque nada hay que Dios no vea. Le mató, porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas, como nos dice Juan en su primera carta, capítulo 3, en contra del Mandamiento de Cristo de amarnos los unos a los otros, amando a Dios primero. ¿Influyeron sus padres al desobedecer a Dios? Desde luego que sí, pues no amaron a Dios sobre todas las cosas, sino a su propio ego. ¿Influye nuestra vida y actitud en la vida de nuestros hijos? Sin lugar a dudas. ¿Significa esto que si vivimos una vida cristiana y somos buen ejemplo, nuestros hijos serán perfectos? No es una garantía, pero es un espejo en el que mirarse los hijos. El Proverbio 22:6 dice: “Instruye al niño su camino y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”.

Capítulo aparte merecen los adolescentes, mejor dicho, los padres de estos. Es una etapa de la vida de grandes cambios, pero no es que ellos, a esta edad sean complicados, incluso problemáticos, es el mundo que les rodea el que es una bomba que les cae, y nos cae encima. Los que lo hemos vivido sabemos de qué hablamos. En su libro “Educar a Adolescentes sin Morir en el Intento” la Psicóloga cristiana Lidia Martín, instruye sobre la comunicación entre padres, profesores y adolescentes, la gran necesidad de comprenderles y ayudarles en su madurez, y cómo poner límites; el objetivo es ayudarles a construir un carácter maduro y sano para afrontar la vida con ilusión y esperanza, y a conocer las dificultades y los retos que enfrentarán.

 

OTROS FAMILIARES

Los amados suegros pueden ser buenos amigos, o convertirse en el enemigo, lo digo con cariño, pues ya sabemos de la cantidad de bromas y chistes que hay sobre la suegra, etc. En realidad, son nuestros padres, y tan pronto aprendamos a verlos como tales, y aprendamos a honrarles, antes nos bendecirá Dios en esta relación, casi siempre difícil sin la mano de Dios.

Las viudas y los huérfanos tienen un lugar especial en la Biblia. El apóstol Pablo guiaba a Timoteo a ser piadoso para con su propia familia: “Pero si alguna viuda tiene hijos, o nietos, aprendan estos primero a ser piadosos con su propia familia, y a recompensar a sus padres; porque es lo bueno y agradable delante de Dios”. 1 Timoteo 5:4.

Nuestros hermanos, su amor, las rivalidades, el reparto de herencias, los preferidos, los primogénitos/as, etc., etc. Todos sabemos que hay hermanos/as que son los mejores amigos, y otros los peores enemigos. De nuevo el amor de Dios es una escuela que no falla, pero la carne es contraria al Espíritu. Si nos instruimos en esto, ganaremos a todos, si nosotros nos dejamos ganar por Cristo, de otro modo la carne destruirá las relaciones.

Los abuelos son otro pilar fundamental de la familia, y es importante cuidarlos y dejar que sean buen ejemplo a los nietos. Si nuestro hijos ven que cuidamos de nuestros ancianos, si les honramos y ellos se siente queridos en su vejez, y si les recibimos en casa y con nuestro hijos, grandes cosas hace Dios en la familia que esto practica. Pero si los abuelos son una mala influencia, no enseñan educación ni respeto o viven de forma licenciosa, y tras hablarlo con ellos, no cambian, es mejor que no influyan negativamente a los nietos. Somos adultos y tenemos responsabilidad. De nuevo, el amor y a oración son nuestras mejores armas para esta situación, que a veces se convierte en guerra familiar.

Los tíos y los primos deben ser amados como parte cercana de la familia. Muchos tienen primos más amigos que hermanos, o tíos más cercanos que padres, pero ese no es el orden correcto, y tampoco debemos dejar pasar esto por alto, es más, ellos mismos deben ceder para priorizar las relaciones entes padres e hijos, ayudando y apoyando. Si esto hacemos, estaremos construyendo una gran casa, sobre los cimientos de Aquel que es el fundamento sólido, y cuando vienen las tempestades de la vida, la casa no se cae porque todos se apoyan, ayudan y aman.

 

CIRCUNSTANCIAS DIFÍCILES

“Y los enemigos del hombre, serán los de su casa. El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí”. Mateo 10.36-38. Con estas Palabras ponemos el punto de inicio de las relaciones según Jesucristo. Si no establecemos este orden en nuestra relación con Dios, y con nuestra familia no tendremos la bendición de Dios, y se la negaremos los nuestros. ¿Somos capaces de anteponer a Jesús a nuestros seres amados cuando se rebelan contra Dios? Y tenemos una advertencia del propio Jesús: “…y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá”. Mateo 12:25.

A partir de este punto en el que la fe y nuestra relación con Jesús es lo primero, contemplemos la otra realidad de muchas familias que sufren grandes tragedias, algunos han sufrido abusos de niño, o maltrato en el matrimonio, son enfermos con situaciones de parálisis, o no tienen recursos, o han sido presos por delitos, o son drogadictos. Ancianos sin recursos, y quienes sufren el abandono de sus hijos y familia, otros caen en la indigencia y mueren solos, pero otros reciben: “Dios hace habitar en familia a los desamparados; Saca a los cautivos a prosperidad; Mas los rebeldes habitan en tierra seca”, Salmo 68:6. Familias enteras en la pobreza. Algunas veces se atribuye a maldiciones espirituales, Deuteronomio 28 es el capítulo de las bendiciones y las maldiciones de Dios a quienes Le amaban o Le despreciaban en Israel. Hoy hablamos, no bajo la Ley de Dios, sino en un mundo globalizado y multicultural, lleno de mezcolanza étnica, ideológica y política. Vemos matrimonios destruidos, divorcios, adulterios, traiciones, hijos desobedientes a los padres y que no les honran ni respetan, cumpliendo las profecías de 2 Timoteo 3. En infierno tiene una antesala en este mundo en el cual vemos también una antesala del Cielo.

Las estadísticas de Harvard, o del National Institutes of Health, o de World Vision International, muestran que las familias cristianas tienen menos depresión, son más sólidas, y viven una vida más feliz que las ateas o agnósticas. No podemos decir que la familia cristiana verdadera todo lo tiene garantizado, porque sería faltar a la verdad, pero, no es igual tener una familia, o parte de ella, donde tus seres queridos luchan por ti y tú por ellos, oran por ti y tú por ellos, e incluso si tuviéramos que dar nuestra vida por Cristo estuviesen dispuestos a ello, como vivieron nuestros primeros hermanos bajo Roma, o no tan lejanos, los que amaban a Dios y Su Palabra y por ellos fueron torturados o quemados vivos por la “Santa” Inquisición. Hoy también muchos mueren mártires perseguidos por otras religiones que de forma cobarde matan al que no piensa como ellos.

¿Cómo salir de la depresión, del olvido, de la ruina, o de otras situaciones? Cada uno debe poner de su parte. Hay casos imposibles, como enfermedades degenerativas y mortales, o presos de por vida, y otras causas de persecución que hacen que la vida no quiera vivirse, pero Dios puede darle la vuelta. Los que están alrededor de estas personas deben ayudar, orar y buscar ayuda.

La única salida, la única esperanza es Jesucristo. Él murió por nuestros pecados y errores, sufrió nuestras enfermedades, nos amó, aun siendo pecadores, antes de que Le pudiéramos amar a Él, y se hizo hombre para cumplir Su ministerio de la reconciliación nuestra con Dios Padre. Él fue traicionado, sufrió un juicio injusto y maltratado, fue crucificado junto a ladrones, aunque era el Hijo de Dios. Si vas a morir de una enfermedad terminal, si estás preso a cadena perpetua, si tu vida es un infierno en la tierra, dile a Jesús que te salve, que te arrepientes, que Le amas por morir en la cruz por ti, y que cuando resucites en Su venida, te lleve al paraíso eterno, y si puedes haz el bien a tu prójimo, a tus enemigos, y ora por ellos. Si confías en Jesús Él te salvará, aunque aquí lo pases mal, aunque ya no puedas más, Él hará, confía en Él. “Fíate de Yahweh – Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu propia opinión; Teme a Yahweh – Jehová, y apártate del mal; Porque será medicina a tu cuerpo, y refrigerio para tus huesos”. Proverbio 3:5-35.

 

CONCLUSIÓN

“En la casa de mi Padre, muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo habría dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino… …Yo soy el camino, y la verdad y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. Juan 14:2-6. Esto define la esperanza de la familia cristiana y de los que somos familia de Dios para la eternidad, por Su gracia. ¿Y tú, le has entregado ya tu corazón a Dios en Cristo?

La familia depende de las relaciones entre sus miembros, y uno de los secretos para cuidar esas relaciones con aquellos que amamos es no imponernos, no obligar, pero no dejar a nadie, no desaparecer, ser paciente y amar. Otro secreto, el más importante y que cambia las relaciones, es la oración. A veces son muchos años de oración, otras, poco tiempo, pero el Espíritu Santo nunca nos deja solos, siempre trabaja y construye con Su amor perfecto. Siempre hay frutos con estas dos formas de afrontar la coyuntura de las relaciones. Sea el matrimonio, sea para ganar a los hijos, a los padres, a cualquiera, incluso a amigos en Cristo.

Los que tenemos familias sanas con miembros que se aman, aunque todos tengamos nuestros problemas, debemos dar gracias a Dios, y orar y esforzarnos, porque la familia es lo más importante en la vida, después de nuestra relación con Dios. Me despido con el Texto clave para la salvación familiar, si la familia le ve a uno que vive en la fe y da frutos, los suyos le seguirán si: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú, y tu casa”. Hechos 16:31. Amén.

 

Jesucristo
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