LA ROMA BÍBLICA EN LA EDAD MODERNA

DEL RENACIMIENTO A LA ILUSTRACIÓN

HISTORIA TEOLÓGICA DE LA CONTINUACIÓN DEL IMPERIO ROMANO

 © Carlos Padilla – Septiembre 2024

 

La continuación de la Roma Bíblica después de la caída de Bizancio, o Imperio Romano de Oriente, en el 1453 d.C. se perpetúa en el tiempo a través de la Iglesia Católica Romana como cabeza de los reinos europeos, a partir del llamado Sacro Imperio Romano Germánico, cuyos cimientos fueron el Imperio Carolingio previo, desde la coronación de Carlomagno en el 800 d.C. siendo esta Iglesia, cuya sede es el Vaticano, y en este periodo, con la construcción de la Basílica de San Pedro, la que de facto reinaría sobre reyes y emperadores en Europa desde el 800 d.C. al 1806 d.C.

Desde esta sede, el papado gobernaría la mayor parte del mundo cristiano de occidente hasta la Reforma Protestante del siglo XVI por Martín Lutero, monje agustino, quien indignado por la venta de indulgencias para financiar la obra y la vida lujosa del papado y del clero, busca el perdón y el camino santo mientras traduce la Biblia al alemán, desde las lenguas originales, hebreo, arameo, y griego. Fue ahí donde el versículo: “El justo por la fe vivirá” (Romanos 1:17) cambiaría su vida para siempre, y el curso de la historia del cristianismo que ahora maduraba y se reformaba para volver, a través de la Palabra de Dios, a su origen, a las Palabras de Jesucristo, y de Sus apóstoles. Pero cómo perduraría la Roma Bíblica, o Imperio Romano, ahora de Occidente, durante la Era Moderna, lo veremos al seguir leyendo…

 

IMPERIO ROMANO DE OCCIDENTE EN LA EUROPA MODERNA Y SU RELACIÓN CON ISRAEL

El emperador Carlomagno, cristiano y amante de la cultura, impulsó la sociedad medieval de su tiempo, y su propósito era la unidad del imperio bajo el cristianismo, siendo que tomó como referentes al rey David y al emperador Constantino para inspirar su legado, el cual cambiaría occidente desde su coronación por el Papa León III en el año 800 d.C.

El Sacro Imperio Romano Germánico, y después de Otón I, sucesor de Carlomagno, y las luchas de poder entre emperadores y papas, el Papa Gregorio VII llevó a cabo un “dictatus papae” en el año 1057 d.C. como parte de la “reforma gregoriana”, en el que el Papa era el único que podía nombrar obispos y reyes. Durante la Edad Media, papado e imperio participaron juntos en las Cruzadas, pero ya quedaba consolidado que el obispo de Roma sería, de facto, quien elegiría reyes y por lo tanto el emperador del perpetuado y transformado Imperio Romano Bíblico.

El Renacimiento traería una revolución de la sociedad en todos los aspectos, siendo un movimiento originado también en Italia, como Roma, afectaría al Imperio papal porque la decadencia del mundo y de la propia Iglesia oficial era escandalosa, y la forma de vida lujosa y pecaminosa del papado, el clero también reflejaba la sociedad de su tiempo y viceversa.

La ciencia, con Galileo aceptando las evidentes pruebas científicas postuladas por Copérnico sobre la tierra y el sistema planetario alrededor del sol, siendo redonda, se daba de cara con lo establecido por los dogmáticos, y a la vez corruptos líderes religiosos. Desde Florencia, las guerras internas de las familias pudientes como los Borgia, o los Medici eran notables, y dentro de ellas había papas y obispos que habían convertido al catolicismo en un paganismo idólatra justificado por el poder pomposo, al igual que lo fue el del Imperio Romano. Ahora la Iglesia oficial ya no representaba a Jesucristo, sino que era una hereje y blasfema organización de poder para gobernar.

Israel, que está reservado por Dios en Su plan profético, y en particular, Jerusalén, bajo el Imperio Otomano recibió la construcción de las murallas antiguas por el sultán Solimán “el magnífico”, con estatus de Ciudad Santa, y formaba parte de la Gran Provincia de Damasco, hasta el 1872. Los judíos, en la diáspora renacentista, humanista y luego ilustrada, vivían en sus guetos, eran apreciados por la sociedad por su sabiduría, desde médicos, conocidos como físicos, que atendían a la nobleza europea, o maestros de hebreo cuando el cristianismo se lanzó a la traducción de las Sagradas Escrituras, y famosos por su gestión financiera. La expulsión de judíos y musulmanes de España por los Reyes Católicos, influidos por el papado y la “Santa” Inquisición, produjo un éxodo al territorio Otomano, y a ciudades europeas, que los recibió con brazos abiertos, aprendiendo de ellos sus conocimientos que importaban de España y Europa, y que ahora serviría a otra cultura en detrimento de su lugar de origen, por dicha expulsión Sefardí, por el Edicto de la Alhambra, Granada, el 31 de marzo de 1492 d.C.

Sin embargo, a medida que el humanismo avanzaba, y el pensamiento laicista ganaba terreno, creció el sentimiento antisemita que no veía con buenos ojos la consideración judía de pueblo elegido, y no aceptaba que al mismo tiempo que querían ser parte de la sociedad europea que avanzaba, querían seguir siendo parte de su religión con costumbres distintas a las que regían en la nueva y elevada sociedad ilustrada. Es comparable al inmigrante islámico que quiere hoy mantener su ley y religión, al mismo tiempo que ser aceptado en la Europa del siglo XXI postmodernista y laicista. Israel, por un lado, y Jerusalén por otro, estaban siendo olvidados por occidente, pero no por la Roma Bíblica, por la continuación del Imperio Romano, que siempre ha querido mantener el control sobre Tierra Santa, hasta nuestros días, a través de la custodia de los lugares santos, por la Orden de los frailes Franciscanos “Custodia Terrae Sanctae” que han mantenido la custodia después de las cruzadas, y negociado con gobernantes musulmanes hasta el mandato británico, antes de la declaración de la ONU del Estado de Israel.

 

LA INFLUENCIA HISTÓRICA DEL RENACIMIENTO, EL HUMANISMO, Y LA ILUSTRACIÓN EN LA ROMA BÍBLICA Y VICEVERSA

El Renacimiento se inició en el siglo XV, y ampliamente se acepta que fue en Italia, en la Florencia de los Medici, donde el humanismo comienza a calar en las capas de la sociedad, y estas cambian para ver el crecimiento de la clase media, en lugar de los dos extremos, clase pobre, y clase de ricos y gobernantes. Esa clase media comienza a ser poderosa y culta, en busca del conocimiento y del arte; Cervantes y El Quijote, Shakespeare y Romeo y Julieta, o Maquiavelo y el Príncipe.

El Humanismo, que acarrearía una tendencia a poner al hombre en el centro, en lugar de a Dios, influiría en el concepto naturalista del evolucionismo darwinista; Darwin, que dejó el seminario para investigar, no comprendía por qué no se hallaban restos arqueológicos de especie transicionales. La filosofía humanista era un natural cambio de tendencia, pero no era nueva, pues ya los griegos, como Sócrates, habían experimentado este concepto en la antigüedad, antes de Jesucristo. Ahora llegarían Descartes y el racionalismo, el espíritu vs la materia, y su opuesto, el empirismo de John Locke, y su crítico David Hume. La Ilustración Francesa y el racionalismo del alemán Immanuel Kant. Jacobo Bohme exploraba el extremo espiritualista; George Fox y los cuáqueros buscaban la manifestación del Espíritu Santo, y el pietismo en busca de la santidad. El conde Nicolás Ludwig von Zinzendorf, y los moravos del discipulado hecho correctamente por Juan Wesley con el metodismo. Las colonias puritanas, y el Gran Avivamiento, Maryland y el catolicismo en Estados Unidos. O el sistema de Hegel de la razón pura, el mundo es pensamiento. Ve el cristianismo como la realidad de Dios en el espíritu. La razón es compartida entre Dios y el hombre. Lo Absoluto está en el mundo, Dios ha de estar presente en el día a día, no en el infinito lejano.

La ciencia de esta época fascinante nos aportaría toda una revolución de conceptos, y se encontraba con una sociedad harta de imposición dogmática, fue recibida como una liberación de una iglesia falsa, corrupta y totalitaria, representada por el papado imperialista y su sistema de gobierno episcopal, que imponía a una sociedad inculta sus normas religiosas. La revolución científica llegaría de la mano de reconocidos doctores como Sir Isaac Newton y la gravitación universal, o ley de la gravedad, después que Galileo y el termómetro, o sus descubrimientos con el telescopio, y el movimiento heliocéntrico de la tierra que antes Copérnico descubrió, y que Kepler explicó con las leyes planetarias del sistema solar. Miguel Servet, descubrió la circulación sanguínea pulmonar, pero su fe, ni católica ni protestante según los cánones de la época, le costó la hoguera a manos de calvinistas. James Watt inventó la máquina de vapor, que cambiaría el mundo del transporte, y daría entrada a la era industrial que veremos en la próxima entrega.

El arte nos regalaría a Leonardo da Vinci, y sus famosas obras como la Santa Cena, la Gioconda, el Hombre de Vitruvio. Botticelli y el Nacimiento de Venus, o Venus y Marte. La Creación, la Piedad, la Capilla Sixtina, el Juicio Final, o el Moisés, y el David, de Miguel Ángel.  El Rapto de Europa, de Tiziano. El Bosco y su transición del arte sacro medieval “El Juicio Final” a una especie de abstracto delirante. La Transfiguración, de  Rafael y otras obras sacras, pero también la Escuela de Atenas, en el Vaticano.

La imprenta de Gutenberg y la primara Biblia cambiarían el mundo. El hambre de conocimiento, y sobre todo, de conocimiento de la Verdad, fue saciado por la Palabra de Dios, que habría los ojos a los creyentes que ahora podían comparar el poder que ejercía el clero a modo de Imperio Romano, sobre sus vidas, con la vida humilde y santa de los apóstoles de Jesucristo, podían aprender de primera mano la verdad del Evangelio en comparación con la tradición litúrgica, y por fin podrían conocer el Camino de la Salvación, sin pagar dinero para comprar las indulgencias, pues la salvación se les mostraba gratuitamente en la Palabra de Dios, por la fe en la obra de Jesucristo en la cruz.

Del mismo modo, y al aprender a leer con la Biblia y otros libros, la sociedad aumentaba su conocimiento, muchos podían leer obras clásicas, podían leer noticias en periódicos; podían estudiar, toda una revolución cultural. Con toda esta reforma social y cultural en el ADN europeo, el mundo ya no sería el mismo, y además del hambre por el conocimiento y la ciencia, lo había por la Verdad, tras la decadencia religiosa, social y del poder, lo cual haría de la imprenta, el Internet de un mundo que empezaba a no depender, ni de la iglesia oficial, ni del poder político para alimentarse, sino de los que ahora se creían eran verdaderos sabios, y de la ciencia. Pero, sobre todo, ahora, todo el que quisiera podría aprender a leer y a estudiar, y aunque los poderes religioso y político tratarían de controlar cada libro, la clandestinidad permitió que la Verdad llegase a todo aquel que la buscaba. La Biblia en lengua vernácula transformaría la sociedad de la era moderna y a la propia cristiandad.

Llegando a la Ilustración se ponía el progreso y la razón como los motores de la sociedad que vio llegar la Revolución Francesa en 1789, y es relevante destacar que el papado sufrió su destitución de facto como soberano temporal. Francia ocupó Roma en 1798 y depuso al Papa Pio XI. Napoleón no estaba interesado en temas religiosos y se veía dominador, por lo que permitió que los papas siguieran su vida religiosa, pero a partir de entonces limitada al Vaticano, no a la política, o al menos eso creía él, pero la Roma Bíblica, el Imperio Romano de Occidente seguiría teniendo sus tentáculos en la sociedad europea, tratando de influir al mundo impidiendo, en la medida de lo posible, las nuevas ideas y coartando a la sociedad, como hizo imponiéndolas incluso asesinando a la población por la “Santa” Inquisición, de lo cual pagarán en el Tribunal de Cristo.

Pero había esperanzas en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América en 1776 de un nuevo mundo que se iniciaba sin la sombra del poder de la Roma Bíblica, una nación que sería la primera potencia mundial, y no sería Católica sino con un inicio e inspiración Bíblicas, una especie de Tierra Prometida para el mundo. Finalmente, quienes no tenían Tierra Prometida eran los judíos, Israel y Jerusalén fueron afectados, pero los judíos se adaptaron y contribuyeron a la innovación cultural, arte, filosofía, ciencia, medicina, y de hecho serían parte de la sociedad de occidente y de los Estados Unidos de América.

Cerramos este apartado con su enunciado. Este período de transformación total de la sociedad europea que iría permeando el mundo, nos muestra cómo las ideas renacentistas, el humanismo, y la ilustración no solo cambiaban al hombre, cambiaban el seno de la Iglesia de Roma. La influencia fue tan fuerte que casi podría haber derrumbado por completo la permanencia del Imperio Romano de la profecía de Daniel.  Pero su poder fue adaptándose y haciéndose fuerte para seguir influyendo en la sociedad, en las monarquías, y el todas las capas de la sociedad a través del Catolicismo tradicional, ahora en lucha contra el Protestantismo, a través de la Contrarreforma y sus dogmas de fe, superstición y amenaza de excomulgación de reyes y poderosos, además de las luchas de poder político, propiedades inmobiliarias, tierras, y edición de libros, así como de prohibición de la Biblia en lengua vernácula para que el creyente no la leyese, bajo el engaño de que podría malinterpretarla; toda una manipulación que a muchos influiría, manteniendo su influencia y poder.

 

PROFECÍA DE LA CONTINUACIÓN DE LA ROMA BÍBLICA EN EL RENACIMIENTO Y LA REFORMA PROTESTANTE EN LA ERA MODERNA

Seguimos viendo cómo el sueño de Nabucodonosor en la profecía de Daniel 2 y 7 de la estatua con los pies y dedos de barro y hierro, se ve reflejada en la continuidad del Imperio Romano en su sustituto, el Sacro Imperio Romano Germánico, donde los papas elegían al emperador, una mezcla de barro y hierro que gobernaba Europa desde Roma en el papado, y desde alguna ciudad alemana por el emperador. Previamente hemos visto el inicio del Imperio Romano como el cuarto imperio de la profecía en: https://www.jesucristo.net/historia-biblica-y-teologica-imperio-de-roma/ y cómo Roma se perpetuaba en Bizancio en: https://www.jesucristo.net/historia-biblica-imperio-bizantino-bizancio/

El Vaticano y la Reforma Protestante son influidos por el movimiento humanista, lo cual muestra cómo los líderes católicos no estaban siendo un ejemplo Bíblico como lo fueron los apóstoles de Jesucristo. Aunque ahora el mundo se veía desde “el hombre en el centro” no suponía que el creyente dejara de serlo, pero sí que el creyente tendría formas de juzgar la Doctrina, Biblia en mano, y de no dejarse engañar por la superstición y tradición de líderes desviados de la Verdad. El mundo de los creyentes renacentistas, y más tarde ilustrados, necesitaba una Iglesia que en verdad fuese santa y que estuviera formada por verdaderos creyentes, necesitaba una Reforma, una purificación, una santificación, un acercamiento al pueblo de Dios. Lo que la Roma Bíblica en su perpetuación en el poder político que emanaba del Vaticano, cumpliendo la profecía en otro paso más en su evolución a la Babilonia de Apocalipsis 17 y 18, había conseguido hacer, era espantar a multitud de creyentes de buen corazón, ante el escándalo del clero y su gestión corrupta del poder en todos los estamentos de la sociedad que controlaba.

Hacía falta devolver a los creyentes al verdadero Camino que es Jesucristo, y por ello Su Palabra, la Biblia, en lengua del pueblo (vernácula), cumplía dos objetivos: uno, que todos los que creyeran pudieran conocer a Jesucristo de forma personal y sin engaño. Y otro, que la sociedad inculta aprendiera a leer, con la Biblia. Esto hizo que los países protestantes avanzasen más y prosperasen antes, además de que adquirían una conciencia y temor de Dios que en los países católicos no se veía, ni se ve hoy. El que leía la Biblia, ahora también leía todas las fuentes de información, fuera filosofía, ciencia, o noticias, en definitiva, podía aprender y estudiar por sí mismo.

Martín Lutero, un fraile agustino, católico, que no hallaba paz de espíritu siguiendo las prácticas estrictas de la tradición, buscó en la Biblia, a partir de su traducción de las lengua originales, y halló que “…más el justo, por la fe vivirá” Romanos 1:17, lo cual le hizo comprender que el negocio de las obras que imponía y vendía la Iglesia de Roma, no era la Teología de la Cruz de Jesucristo. Las obras nos hacen sentir capaces de justificarnos por nosotros mismos, lo cual nos aleja de la necesidad imprescindible de la obra de Cristo para salvarnos, imprescindible para nuestra justificación, pero por la fe en Él. Como profesor de Sagrada Escritura, comprendió que la base de la verdadera fe y autoridad era la Biblia, no la tradición que la contradice. Jesús mismo es el Verbo de Dios, la Palabra de Dios, además de la Segunda Persona de la Trinidad. Debemos arrepentirnos, conocer a Dios en Cristo y nacer de nuevo del Espíritu. Lutero veía dos reinos, uno en la tierra, que es el estado, bajo la ley, y otro bajo el Evangelio, que es el que gobierna a los creyentes, a la Iglesia. Las autoridades civiles no tienen autoridad en el Evangelio, pero como vivimos bajo el estado, nuestros actos están bajo la ley, y el estado bajo la ley. La fe no se debe imponer por el estado. Todo esto dejaba fuera la imposición del Vaticano, pero Lutero mismo tardaría en crecer en su fe hasta entender que no todos los cristianos seguirían al pie de la letra su “nueva” Teología reformada en la Dieta de Worms.

Criticaba al papa León X por vender indulgencias para terminar la Basílica de San Pedro, en Roma, y supuestamente usaba su poder para sacar las almas del purgatorio (doctrina no cristiana ni Bíblica), alegando que si el papa en verdad tuviese poder para ello, debería ejercerlo por amor y gratuitamente. Las 95 Tesis clavadas en la puerta de la iglesia del Castillo de Wittenberg se convirtieron en la base teológica contra la corrupción del papado, no ya por su estilo de vida mundano y lujoso, sino por las herejías y el engaño a los fieles creyentes desviándolos de la Verdad de Cristo. Al traducir la Biblia al alemán, aportó al pueblo la Verdad teológica para que todo el que buscase a Dios pudiera conocerle.

Lutero también tendría un crecimiento espiritual, como lo tenemos todos, y encontró otros reformados que no estaban de acuerdo con toda su doctrina, como la discrepancia sobre  la transubstanciación, y también eran eruditos en las Escrituras. Casos como el de Erasmo de Rotterdam, quien no aceptó la predestinación, defendiendo el libre albedrío, como buen humanista, finalmente tuvo que decantarse por seguir a Lutero o mantenerse en el catolicismo, y sin atacar a Lutero, pues despreciaba la separación de la Iglesia además de su desviación teológica y del clero. Ulrico Zwinglio en Suiza, otro sacerdote católico que también recibió por estudio de las Escrituras la Doctrina Reformada que encontró Lutero, y expulsó a los vendedores de indulgencias, finalmente separándose de Roma, criticó el celibato por no ser Bíblico, y murió en una guerra civil entre cantones católicos que atacaron a los protestantes. Los Anabaptistas, Menno Simons, otro sacerdote católico que abrazó la Reforma, pero estaban en contra del bautismo de bebés, porque uno se bautiza como señal externa de que ha recibido la fe, y nacido de nuevo. Pero el gran sintetizador de la fe reformada fue Juan Calvino, quien tras publicar comentarios, como el de Séneca, bajo la influencia de la época del movimiento humanista, compuso su gran obra “Institución de la Religión Cristiana” Basilea 1536. Un libro de 516 páginas y 6 capítulos. Cuatro sobre la ley, el Credo, el Padrenuestro, y los sacramentos. Los dos últimos sobre la crítica Protestante de los falsos sacramentos de Roma, y la libertad cristiana.

Enrique VIII en Gran Bretaña, y la influencia de Wyclif quien predicaba ideas luteranas, y ansiaba una iglesia de estado separada de Roma, ayudaron al monarca a ser proclamado cabeza de la Iglesia de Inglaterra, al mismo tiempo que le concedían la nulidad de su matrimonio, que ya lo era según los cánones, para casarse con otra esposa y buscar un heredero varón al trono. Una división de iglesias que nada tenía que ver con la Reforma Protestante. Es más María Tudor “la sanguinaria” que ante fue declarada hija ilegítima por su padre, la heredera e hija de Catalina de Aragón, esposa de Enrique VIII, volvió a Inglaterra bajo el papado, quemando en la hoguera a 288 creyentes reformados, toda una venganza contra su padre, el rey. Pero su heredera Isabel, influenciada por sus gobernantes aceptó la ejecución de un número similar de católicos traidores a su trono, incluida su prima, que planeaban derrocarla por orden del Papa.

Escocia recibió la Reforma con la entrada de John Knox, quien levantó la Iglesia Reformada de Escocia, pero el reinado fue amenazado por las alianzas con Catalina de Médicis que reinaba en Francia, aunque Isabel de Inglaterra mandó tropas, murió y se llegó a un acuerdo donde los escoceses serían dueños de su destino abrazando la Reforma. El rey Jaime encargó su famosa traducción de la Biblia inglesa, contemporánea de la española Reina-Valera, ambas directas de las lenguas originales, incluso mejores que la famosa Biblia Políglota Complutense. Cerrando el apartado de Inglaterra y Escocia, debe resaltarse la Confesión de Fe de Westminster, que ampliaba lo expuesto en el Sínodo de Dordrech, creando una expresión de ortodoxia calvinista que ha perdurado, pero que quizá Calvino no habría expresado de igual forma. Incluía: la autoridad de las Sagradas Escrituras sobre toda cuestión teológica. La Biblia es infalible, y cualquier parte oscura es aclarada por otras partes claras. La Trinidad, la Predestinación a salvación de algunas personas y algunos ángeles, desde la soberanía de Dios. La depravación total del hombre desde el pecado de Adán que nos aparta de Dios y nos inclina al mal y al pecado. Dios ha determinado todo lo que acontecerá, desde la eternidad. La doctrina de la Expiación Limitada a los salvos. Los elegidos son santificados por el Espíritu Santo en una obra continua, quienes son por Él guardados para salvación.

Países Bajos y la Reforma calvinista de Arminio y la predestinación vs el libre albedrío, o la muerte vicaria de Cristo por toda la humanidad vs por los creyentes, resultaron en medidas contra el arminianismo en el Sínodo de Dordrech. Finalmente la Reforma en los países escandinavos y la reacción católica del Concilio de Trento, hasta la Contrarreforma. España y la Inquisición, y el domino católico sobre los países hispanoamericanos, pero no pudieron impedir la Biblia en castellano de los monjes jerónimos Casiodoro de Reina, y Cipriano de Valera, desde las lengua originales que es la obra literaria de mayor calidad, y contemporánea con el Quijote, de Cervantes, lector de aquella primera traducción de los reformadores españoles, todos influenciados por el humanismo, pero estos monjes tuvieron que emigrar desde el Monasterio de San Isidoro del Campo, Sevilla, a Europa para no ser quemados por la Inquisición.

Realmente, ha sido toda una estrategia de permanencia en el poder la llevada a cabo por el papado en las monarquías europeas, que ha mantenido al Imperio Romano religioso gobernando. Se puede profundizar el estudio de la Historia de la Iglesia en el libro “Historia del Cristianismo” de Justo L. González. Un cambio radical entre dos mundos, en un mismo periodo de tiempo, entre el Renacimiento y la Ilustración, que ha separado desde entonces a Católicos y Protestantes. La moral Protestante que glorifica a Dios con el trabajo, se opone a la moral Católica que lo ve como un castigo. Libro recomendado de Mas Webber: La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo.

Los países que antes aceptaron la democracia, aunque fuera una monarquía parlamentaria, y permitieran votar y elegir, y abrazaron políticas de ayuda social junto a un liberalismo capitalista, con una ética honrosa que da gloria a Dios, liderarían el mundo, como hicieron Estados Unidos de América, Holanda, e incluso el fallido intento de la Constitución Española de 1812, pero en España no pudo ser, quizá porque la Biblia no era la guía del pueblo, y en las otras naciones sí. De nuevo vemos la mano negra del Imperio Romano religioso y espiritual.

 

EL ESPÍRITU DEL RENACIMIENTO HUMANISTA ILUSTRADO

El hombre en el centro en lugar de Dios en el centro, fue visto por algunos laicistas como la separación del hombre del Creador. Esa fue una de las consecuencias de apartar al hombre de Dios, bajo el engaño del naturalismo y el evolucionismo, que ya la propia ciencia da por fallido, y que, como el propio Darwin declaraba en su libro, no comprendía por qué no se hallaban evidencias de dicha teoría ni fósiles de especies transicionales.

Sin embargo muchos prominentes científico de estas épocas, a los que hemos mencionado antes, mantuvieron y reforzaron su fe en la Biblia como Palabra inspirada de Dios, revelada como guía para el hombre, quien es el principal objetivo de la Creación de Dios, y a quien salva por la muerte de Su Hijo Jesucristo, quien vino a este mundo para dar Su vida en la cruz por nuestros pecados y darnos vida eterna, por Su resurrección. El hombre en el centro, pero ahora lo vemos desde el corazón de Dios y desde el corazón del hombre, no el hombre en el centro sin Dios, como lo proponía el ateísmo. Así afectó este espíritu renacentista, humanista e ilustrado a la sociedad, y al espíritu de la Roma Bíblica. Sírvanos el renacer a las letras y a la cultura, y el humanismo de la mente crítica para ilustrarnos, y no dejemos que se confunda, ni con el engaño que aparta al hombre de Dios, como hace el ateísmo, ni con el que impide el conocimiento, como hace un clero que amenaza en lugar de enseñar la Verdad del Evangelio, de usar la razón que Dios nos ha dado, y la verdadera ciencia que es de Dios.

 

CONCLUSIÓN

Del oscurantismo medieval, a la luz del conocimiento renacentista e ilustrado, un nuevo mundo se abría paso en Europa, en Occidente, y el todo el orbe. Sabiendo como Dios planea las cosas y cómo está en control de todo, no es casualidad que el Renacimiento, la imprenta, la ciencia avanzada, y la Biblia, estuviesen disponibles para ser llevados al Nuevo Mundo que justo en este tiempo se acababa de descubrir y conquistar, gracias a que se dejaban atrás la tierra plana y limitada, y el genovés Colón creyó a Copérnico y a da Vinci, y financiado por la Corona Española, llevó a cabo la hazaña. América sería evangelizada Biblia en mano, algo impensable un siglo atrás, sobre todo Estados Unidos, por Protestantes Europeos. Es más, la propia Carta Magna fundacional y la Declaración de Independencia estaban impregnadas del Espíritu cristiano, cuyos firmantes, menos uno, profesaban la fe Cristiana Protestante.

El Imperio Romano, la Roma Bíblica de la profecía de Daniel, mantuvo, a través del Catolicismo, y desde el Vaticano, un poder de facto sobre la sociedad europea, a través de los dogmas y la Contrarreforma, sobre una sociedad que aunque presumía de culta, humanista, e ilustre, seguía luchando con la superstición y contra el poder espiritual de la antigua tradición religiosa de un clero que mantenía sus tentáculos en todas las capas de la nueva sociedad, consiguiendo así, perpetuarse, a pesar del gran ataque a su poder y la merma de su influencia.

Concluimos que el renacimiento humanista y la ilustración aportaron un espíritu crítico, que cuando era guiado por la Verdad, llevaba al creyente a la Biblia, que ahora podía ser leía en lengua vernácula. Sin embargo al ateo le aparta de Dios dándole argumentos que, aunque no sean verdaderos, pudieron usarse para formar una ideología argumentada, una religión atea, una filosofía humanista del autoengaño, pero un autoengaño razonado y argumentado con el que justificarse ante la sociedad. La persona honesta que recibe el espíritu renacentista, humanista e ilustrado, seguirá viendo cómo hay un diseño inteligente en el cosmos, en el mundo y en el ser humano, creado a la imagen y semejanza de Dios, quien además nos ha revelado Su Palabra y dado la Salvación por la fe, que es la conclusión de la Reforma Protestante, que llegó en esta era moderna, renacentista, humanista e ilustrada.

Creo que estos Textos Bíblicos reflejan el verdadero espíritu renacentista, humanista e ilustrado desde la fe: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”. Filipenses 4:8. Y en el espíritu de la Reforma Protestante, estas Palabras del Señor Jesús: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mi”. Juan 5:39. Amén.

 

Jesucristo
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