BIZANCIO
HISTORIA BÍBLICA Y TEOLÓGICA DEL IMPERIO BIZANTINO O IMPERIO ROMANO DE ORIENTE
© Carlos Padilla – Agosto 2024
Constantino, declarándose cristiano y confiando en el poder de Jesucristo, dejando de repente el culto pagano y sin seguidores en el ejército con su nueva y misma fe que representaba con una gran cruz en los escudos de sus ejércitos tras una visión de ella antes de vencer a su rival Majencio en el 312 d.C. en la batalla del Puente Milvio sobre el río Tíber, en Roma, cuyo arco del triunfo se encuentra junto al Coliseo, convirtiéndose en el emperador de todo el imperio, de Oriente y Occidente después de varias batallas, en el 324 d.C. Tras la caída de Roma en el 476 d.C. por la invasión de los bárbaros germánicos, que también se convertirían al cristianismo después, finalmente, el Imperio Romano se dividió en dos, perdurando el Imperio de Oriente desde el 285 al 1453 d.C. en la Edad Media y las Cruzadas, y fue conquistado entonces por los Otomanos. La capital era Bizancio o Constantinopla, hoy Estambul, en la actual Turquía, fue el territorio de expansión del Evangelio para Pablo, y Juan, quien en Apocalipsis 1:4-20 escribe a las siete iglesias que están en Asia (nombre antiguo de la región), a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia, y Laodicea, por orden del Señor Jesucristo. Roma, perduraba a través de Bizancio, como continuación del cuarto imperio de la profecía de Daniel, que debe prevalecer en sus alianzas y pactos durante todo el tiempo hasta el regreso del Mesías Jesucristo que establecerá el Reino Eterno. Pero ¿son los 10 reyes de la profecía de Daniel los identificados en la profecía contra Gog de Ezequiel 38 y 39: Gog, Magog (China), Rosh (Rusia), Togarma (Turquía) y los otros, hasta 10 los que invadirán Israel al final del tiempo? Para profundizar más sobre cómo el Imperio Romano Bíblico perdura en la historia por sus sucesiones, la primera a través de Bizancio, sigue leyendo…
BIZANCIO – CONSTANTINOPLA O EL IMPERIO ROMANO DE ORIENTE – SU RELACIÓN CON ISRAEL
Los judíos de Jerusalén proveyeron un gran aporte a la fe cristiana ayudando a Santa Helena a encontrar e identificar los lugares de los hechos de la Pasión, muerte y resurrección de Cristo, o el lugar del Templo. A pesar de ello, los judíos de Tierra Santa empezaron a ser presionados para la conversión al cristianismo bajo el poder imperial, que ahora era cristiano. Continuaron las revueltas desde el siglo III, mientras se componía la Mishnáh desde la diáspora, incluso desde Babilonia, pero junto a los estudiosos de la Academia de Tiberio, las normas judías llegarían a llamarse “Talmud de Jerusalén”. A pesar del antisemitismo creciente hasta la Edad Media y las Cruzadas, y la prohibición y persecución, llegaron a construir muchas sinagogas y a perdurar en el tiempo, aunque no dominando la Tierra Prometida, ni Jerusalén: “He aquí vuestra casa os es dejada desierta. Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor” (Mateo 23:38-39).
De los judíos también se ha tomado la forma de vida monástica, inspirado en la vida de los esenios; algo parecido a la vida en el desierto de Juan el Bautista. Los territorios que dominaba Bizancio por lo tanto incluían Israel, y en particular Jerusalén, Judea. Es de destacar que, Bizancio era cristiano y multicultural, ya no era anti-cristiano y de culto imperial, pero seguían siendo ciudadanos romanos, con sus privilegios. De cara al trato con Israel, o Judea y con Jerusalén, no eran un pueblo más que dominar bajo el imperio, sino a los que habían rechazado al Mesías de ellos, y del cristianismo, aunque Roma era tan culpable de la crucifixión de Cristo como el Sanedrín, aunque todos somos pecadores y por lo tanto la causa de la muerte voluntaria de Cristo por nosotros, por Su gracia.
Israel, según Romanos 11:25-36 es clave al final del tiempo, al ser restaurados, lo que muchos vemos como un hecho iniciado desde 1948, lo cual implica que a nivel profético, Israel y Roma, o sus formas de representarlos, estarán presentes al final, antes de la venida de Jesucristo a establecer Su Reino. El movimiento mesiánico en rápido crecimiento está viendo como muchos judíos están recibiendo a Yahshua, Yeshua o Jesucristo, como Mesías, Señor y Salvador, diciendo “Bendito el que viene en el nombre del Señor”, porque ahora Le ven.
BIZANCIO – CONSTANTINOPLA Y SU INFLUENCIA EN LA HISTORIA
Bizancio fue la ciudad sobre la cual el emperador Constantino levantó la nueva capital del imperio, Constantinopla, agrandada y convertida en la nueva Roma. Por su ubicación estratégica en la frontera entre el extremo oriental de Europa y controlando el estrecho del Bósforo, sería el lugar ideal que con los siglos dominó la continuación y lo que subsistió del Imperio Romano, posteriormente, desde la caída de Roma y durante la Edad Media, hasta ser tomada por los Otomanos en 1453 d.C. Constantino decía que de parte de Dios debía dominar todo el imperio y llevar el cristianismo a todo lugar, algo que otros emperadores quisieron hacer antes que él, pero con el culto pagano, y siempre fracasaron. Desde la capital, Constantinopla, hoy Estambul, gobernaba los territorios del Mediterráneo de la parte oriental que estaban bajo Roma. Aunque sus ciudadanos se consideraban romanos al principio, finalmente preservaron y usaron el idioma griego, que se convertiría en el principal a finales del siglo VII, especialmente ha perdurado en el culto en griego de la Iglesia Ortodoxa, argumentando que el Nuevo Testamento se escribió en griego y por sus cultura heredada un tanto del helenismo. Los de occidente llamarón a Bizancio el imperio griego. La cultura griega influyó más en esta parte del imperio, lo cual también influiría en la forma de desarrollarse de las futuras generaciones, más enfocados en la parte griega, mientras la parte latina se desarrollaría a nivel histórico de forma diferente debido a la diferencia cultural de occidente.
Lo cierto es, que, Constantino, declarándose cristiano y confiando en el poder de Jesucristo, dejando de repente el culto pagano y con pocos seguidores en el ejército con la misma fe, venció a su rival Majencio en el 312 d.C. en la batalla del Puente Milvio sobre el río Tíber, en Roma, cuyo arco del triunfo se encuentra junto al Coliseo, a pocos metros del arco del triunfo de Tito por su victoria en la toma y saqueó de Jerusalén. Constantino, pues y como hemos comentado, llevaría el cristianismo a todo el imperio, y sus efectos perduran hasta nuestros días. De entrada, se produjo el Edicto de Milán en el 313 que ponía fin a la persecución de los cristianos. Aunque posteriormente, la ciudad de Roma cayó tomada por los bárbaros, estos con el tiempo también se convirtieron al cristianismo.
Pero muchos vieron la conversión de Constantino al cristianismo como una paganización de la fe, y se fueron a los desiertos y zonas aisladas, dando comienzo el movimiento monástico, por aquellos que venían que el cristianismo era incompatible como fe imperial, que la mezclaba con la vida pagana. Otros emigraron y comenzaron a decir que hallaron Reliquias y que seguían a santos y a la Virgen, que había milagros y poder de curación en las Reliquias. La Iglesia tenía un problema que solucionar con esta desviación, pero se le unía otro que procedía de la sociedad, las herejías desde los debates teológicos, como el arrianismo, que junto a otras, serían rechazadas en los Concilios Ecuménicos y por la defensa de los Padres de la Iglesia: El Credo Atanasio, San Agustín de Hipona, Ambrosio de Milán. Los cristianos, hasta entonces se reunían en casas, cementerios y catacumbas –como las de San Calixto, a las afueras de Roma– pero ahora el imperio y la Iglesia se juntaban en el nuevo culto, y se adoptaron en los ritos costumbres paganas, como el incienso al emperador, las vestimentas de los obispos, la decoración de las iglesias, todo cambió de la sencillez a la opulencia que denota poder imperial.
Bizancio es la frontera entre Oriente y Occidente, una amalgama de culturas, una especie de frontera entre ambos mundos, al tiempo que es una fusión de ambos con una cultura del lugar que aporta gran bagaje de experiencias, conocimiento y cultura, al tiempo que fue una barrera contra el avance del Islam hasta 1453 d.C. mientras que en la misma época, la zona de occidente tuvo en el Al-Ándalus parte de la conquista musulmana desde el 711, que finalmente los reyes católicos Isabel y Fernando expulsarían de España, coincidiendo en el tiempo la caída de Bizancio con el fin de la reconquista, y enviando a Cristóbal Colón a la expedición que descubriría América en 1492. Pareciera que se volvían a intercambiar las posiciones, siendo ahora que el occidente heredero de la Roma cristiana, sería el remanente del cristianismo, cayendo Bizancio heredero cristiano de oriente, pero sólo a nivel imperial, porque la Iglesia ya no cesaría en ninguna de las dos partes en su crecimiento o subsistencia proclamando el Evangelio, aunque muchas tradiciones son contrarias al Evangelio de Jesucristo.
La Iglesia Ortodoxa que fue originaria de la Bizantina, perdura a día de hoy en países relevantes como Rusia, Grecia, Tierra Santa –en Jerusalén son guardianes de la Basílica del Santo Sepulcro; otra gran obra de Constantino– junto a los frailes Franciscanos, y la Iglesia Armenia “Custodia Terrae Sanctae”, así como el Templo de Santa Sofía, hoy museo, fue primero iglesia basílica y luego mezquita, y es uno de los grandes proyectos originarios de Constantino, engrandecida posteriormente usando el plano de “basílica” para levantar grandes iglesias, que luego, al añadirle el ábside de una zona semicircular al fondo del santuario, donde se sentaban los presbíteros y tenía su silla “cátedra” el obispo, origen del término catedral. También Santa Helena, emperatriz, madre del emperador Constantino, fue quien halló el lugar del Santo Sepulcro y según la tradición, la verdadera cruz de Cristo, así como los escalones de Pilato por los que subió Jesús a ser sentenciado, los mismos que se supone están en la Scala Sancta, en Roma.
Este empeño fue el mismo que dio comienzo a las Cruzadas, un llamamiento del Papa Urbano II cerca del año 1000 d.C. cuando el mundo creía que venía el Juicio Final, para reconquistar Jerusalén, entonces en manos de los turcos. Errado el obispo de Roma o no, los primeros intentos fracasaron, siendo que triunfarían en el 1099 tras haber jurado al emperador Alejo de Bizancio que las tierras quedarían bajo el Imperio de Oriente, lo cual sucedió y se llamó Reino Cristiano de Jerusalén, siendo que a día de hoy el título de rey de Jerusalén lo ostenta el rey de España. Hubo muchas Cruzadas y todos querían sacar beneficio, desde Génova a Venecia y muchos comerciantes que habían contribuido con sus barcos, recibieron beneficios, pero también se propagó el mercado de Reliquias. Todo un esfuerzo en probar la existencia del Jesús histórico para la pequeña fe de los creyentes, en un mundo donde la Biblia no era accesible a todos en el imperio, y en toda lengua que pudieran entender, sólo los que leían griego, hebreo y finalmente Latín, pero estaba reservado al clero, todo un privilegio que hoy tenemos en casi todas las lenguas del mundo, la Palabra de Dios.
PROFECÍAS DE BIZANCIO EN LA CONTINUACIÓN DEL CUARTO IMPERIO DE LA PROFECÍA DE DANIEL
A pesar de la división del Imperio Romano en dos partes, y siendo que perduraría el Imperio Romano de Oriente, también llamado Bizantino, o Bizancio, el cristianismo perduraría en dos ciudades que también se dividirían como sedes de la Iglesia: Roma y el catolicismo, y Constantinopla y el cristianismo bizantino, y luego ortodoxo, que en el siglo VIII prohibió el uso de imágenes religiosas, pero usaría iconos, por lo que se les conoce como iconoclastas. En el siglo XI se produjo el definitivo Gran Cisma de oriente y occidente a nivel religioso, tras los intentos imperiales de Carlomagno, por un lado, y antes, de Constantino por el otro, ambos fracasados. Desde la caída de Roma en el 476 d.C. hasta el presente, vemos una historia de legado histórico dividido, una existencia que no termina de unificarse como Europa, en los pies de barro y hierro, con los dedos de barro y hierro, de la estatua del sueño de Nabucodonosor revelado al profeta Daniel, muestran que la permanencia del Imperio Romano, en el futuro mundo europeo que termina en la Unión Europea, no puede unirse, como el barro y el hierro tampoco pueden, porque no se pueden mezclar.
Pero, esos 10 dedos de los pies de la estatua en la profecía de Daniel 2, que, como hemos visto eran de hierro y de barro, pueden representar las sucesivas alianzas de los reinos de los imperios que han ido surgiendo en el territorio que fue del Imperio Romano, a través de matrimonios entre las monarquías europeas, y de otros países de los imperios Romano y Bizantino “cultura greco-romana” hasta nuestros días. La Unión Europea mantiene una unidad frágil y antinatural entre culturas, monarquías, pueblos y sociedades opuestas entre sí, con la única unión de la moneda, el Euro, impuestos y un sistema de gobierno, que, bajo la apariencia de democracia, no es votado por los ciudadanos, sino que se vota a sí mismo desde Bruselas para los actuales 27 países miembros, que posiblemente se irían reduciendo a 10, o por la desaparición de la UE, resultando una final alianza Mediterránea que se asimile a lo que fue el Imperio Romano, incluyendo a Grecia, la zona de Bizancio, y por supuesto Israel.
Europa, desde Roma y Bizancio pasaría de ser el resultado de un imperio, a monarquías, y en todos los casos con influencia religiosa de varias índoles. Si bien, en un momento determinado, pasaría a ser un sistema de gobierno teocrático católico que se vio en la influencia de los papas sobre las monarquías. La separación de Roma de Enrique VIII para asumir la cabeza de la Iglesia Anglicana, y poder casarse con quien quisiera, y la Reforma Protestante, que al contrario del caso inglés, era puramente teológica, dejarían al Vaticano con menos poder, hasta llegar el comunismo y la posterior secularización de la sociedad occidental, hasta el postmodernismo y el transmodernismo actual. Un mundo que rechaza a Dios en todos los ámbitos de la sociedad, mayoritariamente liderados por el Anticristo, es lo que las profecías Bíblicas nos anuncian, como antesala de la venida de Jesucristo, 2 Tesalonicenses 2:4.
Por último, en este apartado, debemos resaltar que la Iglesia Bizantina u Ortodoxa, como continuación de la Iglesia de Roma, comparte un espíritu de imposición religiosa que se hace patente en la gran similitud de culto, en el trato al creyente, en la doctrina, que incluso se aparta más de la verdad que la primera a lo largo de la historia de la Iglesia. Un detalle que nos llama la atención es la similitud de contar con 7 colinas o montes en ambas ciudades, como las 7 cabezas que son 7 montes, donde se sienta la “Mujer” de Apocalipsis 17:9-11: tanto el Vaticano, como Constantinopla tienen 7 colinas o montes, lo que las vuelve a hermanar tras su división en el Gran Cisma de Oriente y Occidente por su doctrina desviada de la original del Señor Jesucristo y Sus apóstoles en el Nuevo Testamento. En el 787 d.C. en un concilio en Nicea quedó aprobado el uso de iconos santos en lugar de imágenes, pero en la práctica es lo mismo para muchos, y no sigue el Segundo Mandamiento del Decálogo que Dios dio a Moisés. Aunque hay varios grupos de iglesias ortodoxas, hay dos principales: las calcedonianas y las nestorianas. No aceptan la infalibilidad papal, y cada una tiene su obispo, aunque nombran patriarcas, defiende que el primer concilio y obispo debió ser en Jerusalén en el primer concilio, Hechos 15. Las diferencias doctrinales más relevantes entre las dos iglesias, Roma y Bizancio, son: La “Cláusula Filioque” del latín filius “hijo” que añadió en un concilio de Toledo, España, en el 589 d.C. al Creo Niceno que: “El Espíritu Santo, que procede del Padre” añadió “Y del Hijo” algo que está claro por la propia enseñanza del Hijo Jesucristo en Juan 15:26. Este asunto de la “Cláusula Filioque” fue clave en el Gran Cisma de Oriente y Occidente al separarse definitivamente en 1054 d.C. Esta diferencia procede de épocas anteriores en las que se debatía la divinidad del Hijo, la cual quedó clara en ambas iglesias tras un concilio anterior que descartó el arrianismo (el Hijo no es eterno, y fue creado por el Padre, engendrado), que era contrario a la verdadera doctrina; ver Evangelio de Juan 1. El temor a una interpretación errónea de la consubstancialidad del Padre y del Hijo con el Espíritu Santo, fue la causa del Filioque, para que el Hijo no se viera nunca como no eterno, y en la iglesia de Occidente se ha mantenido así en el Credo Niceno, mientras que la iglesia de Oriente quería que la procedencia del Padre fuera siempre la primera en el orden en que se menciona dentro de la Trinidad, y que se mantuviera la distinción entre el Padre y el Hijo. No coinciden en la doctrina del Purgatorio, siendo que la iglesia Bizantina u Ortodoxa lo rechaza, ya que es de origen pagano, como se argumenta el segundo libro apócrifo de los Macabeos, capítulo 12, no canónico, donde Israel heredó creencias falsas en el cautiverio; Jesús deja claro que no hay purgatorio en Lucas 16:19-31. No obliga al celibato, como la iglesia de Roma, y algunas diferencias más sobre la liturgia, el orden sacerdotal y sacramental. Por lo demás son bastante parecidas. Lo que está claro es que la Iglesia se dividía -¿igual que los pies y dedos de barro y hierro que no se pueden mezclar?- no solo por doctrinas, sino por situaciones políticas, poder, guerras, etc. Algo que los cristianos no deberían permitir, sino trabajar para unir y aclarar doctrinas, para la gloria de Dios.
Leer más sobre la Historia de la Iglesia en: https://www.jesucristo.net/historia-de-la-iglesia/
Los 10 reyes que suceden al Imperio Romano y que perduran hasta el fin ¿son 10 reyes o imperios o épocas de poder de sucesiones de la Iglesia de Roma, o de Europa, o serán los 10 que estén gobernando el mundo antes de la venida de Jesucristo a establecer el Reino de Dios? Seguiremos la historia, con las sucesivas formas que irá adoptando el Imperio Romano Bíblico, como por ejemplo las alianzas del papado con las coronas de Europa para gobernar el mundo, en sucesivos estudios Bíblicos, teológicos e históricos que nos permitirán ver los 10 reyes, y cómo al final, se cumplirá la profecía de Daniel, cuando en tiempo de estos reyes, una piedra cortada, no por mano humana, destruirá la estatua de oro, plata, bronce, hierro y barro, al instaurar el Reino de Dios, en la venida de Jesucristo. Nabucodonosor reconoció a Daniel que el Señor era el Rey del cielo que revela los misterios y da las profecías, en Daniel 2.
Pero, estos 10 reyes pueden estar ya identificados en la profecía contra Gog de Ezequiel, capítulos 38 y 39: Gog, Magog (hijo de Jafet – multitud emigrada a China), Rosh (príncipe soberano – en la mayoría de traducciones españolas, Rusia), Mesec, Tubal, Persia (Irán), Cus (Etiopía), Fut (Libia), Gomer, Togarma (Turquía). El predicador profético y fundador del canal de televisión cristiana CBN, y el Club 700, quien recientemente partió con el Señor, tenía claro que la invasión de Ucrania por Rusia, era la antesala que preparaba la invasión de Rusia y Turquía de Israel. Mientras escribo estas líneas, el presidente tuco amenazaba con invadir Israel por defenderse de los ataques terroristas en su territorio. El Señor entra a juicio, primero contra Su pueblo Israel, a quien ha deportado por su pecado, pero luego entra a juicio contra las naciones que atacan a Israel y Judá, naciones que son 10 grupos étnicos, reyes o gobernantes políticos, que pueden ser estos 10 reyes del tiempo del fin, liderados por los 5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas con derecho a veto: Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y China, cada uno siendo cabeza de un grupo de naciones sin dicho poder, como los pies de barro y hierro, y los 10 dedos de los pies de la estatua de la profecía de Daniel.
Si vinculamos Rosh con Rusia, como algunos estudiosos afirman en base a: “y di a Gog: Así ha dicho el Yahweh, el Señor: En aquel tiempo, cuando mi pueblo habite con seguridad ¿no lo sabrás tú? Vendrás de tu lugar, de las regiones del norte, tú, y muchos pueblos contigo…” (Ezequiel 28:14-16). Si se trata de Rusia y la alianza de Turquía con Irán, y China, etc., hablamos de las tierras legadas por Bizancio, tanto por ubicación, como por la Iglesia Ortodoxa, la cual quiere conquistar Jerusalén y destruir a Israel, y a los judíos, siendo atacados por un ejército de multitud de naciones, incluyendo al Dragón.
Bizancio, es la primera continuidad profética de la Roma Bíblica, pero veremos las siguientes formas que adopta, Dios mediante, en el siguiente estudio.
EL ESPÍRITU BIZANTINO EN LA VIDA DEL CREYENTE
Hemos aprendido que Bizancio es una continuación del Imperio Romano, primero tras la caída de Roma, y luego tras una división por el Gran Cisma de Oriente y Occidente, una ruptura, un debilitamiento de la unidad anterior. Sin embargo, a nivel religioso, Bizancio es un sistema aun más celoso de su tradición que el primero, lo cual ya es difícil, posiblemente porque se siente heredero y guardador de una tradición que puede considerarse más antigua, más ligada al mundo Griego, que era primero que el Romano, lo cual es cierto, y sin embargo está igualmente desviado de la verdad Bíblica del Evangelio en muchas tradiciones que son contrarias a la Sana Doctrina de Jesucristo, igual que la Iglesia Católica Romana.
El espíritu bizantino, o estar bajo Bizancio es otra forma de querer pertenecer a una iglesia verdadera, la más antigua posible, la más cercana a los apóstoles, pero como le ocurrió al Sanedrín, la Iglesia Ortodoxa debe reformarse y compararse con la Iglesia Primitiva que se halla en los Evangelios de la Biblia, los Hechos y las Epístolas del Nuevo Testamento. Estar bajo este espíritu antepone la pertenencia y una fuerte tradición, a la verdad, al Evangelio de Cristo, influye y desvía de la verdad la vida del creyente que recibe como verdad toda doctrina que sale de esa Iglesia, como si sus líderes y patriarcas no pudieran estar equivocados, con la sola base de que su tradición es la más antigua, a sus ojos, pero no la comparan con el Nuevo Testamento. Si lo hicieran, lo mismo que debe hacer toda iglesia y todo creyente, sólo vendrían a Jesucristo como Mediador entre el Padre y nosotros, sólo aceptarían las doctrinas del Nuevo Testamento, y las que las contradicen serían rechazadas, no rezarían a la Virgen, o a los santos; no harían misas por los difuntos porque no existe el purgatorio; no pedirían obras y sacramentos para salvarse además de la fe, etc. porque todo ello es tradición, no la verdad de Cristo en Su Palabra, la cual para eso nos la ha dejado por Sus apóstoles para que no cayéramos bajo estos espíritus de engaño, herejía e idolatría a la pertenencia de cosas hechas por hombres y no por Dios. “Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis participes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas” Apocalipsis 18:4. Aplíquese este versículo a cualquier iglesia que no enseñe la Sana Doctrina de la Biblia en el Nuevo Testamento, sea de la denominación que sea.
CONCLUSIÓN
Constantino levantó en Bizancio la nueva capital del Imperio Romano y le puso su nombre: Constantinopla. Estratégicamente ubicada dominando el estrecho del Bósforo, ha sido impulsor de grandes Iglesias como Santa Sofía, hoy museo, y ha legado el cristianismo como religión oficial del imperio, preservando y aportando historia, arqueología, y concilios ecuménicos que ayudaron a preservar la fe cristiana por la defensa de los Padres de la Iglesia: El Credo Atanasio, San Agustín de Hipona, Ambrosio de Milán. Los cristianos, hasta entonces, se reunían en casas, cementerios y catacumbas, pero ahora el imperio y la Iglesia se juntaban en el nuevo culto, y se adoptaron en los ritos costumbres paganas, como el incienso al emperador, las vestimentas de los obispos, la decoración de las iglesias, todo cambió de la sencillez a la opulencia que denota poder imperial.
Bizancio es la frontera entre Oriente y Occidente, una amalgama de culturas, una especie de frontera entre ambos mundos. A pesar del avance del Islam y la caída de Bizancio en 1453 d.C. mientras en la parte de occidente, los Reyes Católicos expulsarían a los musulmanes y judíos no convertidos, de España, coincidiendo en el tiempo la caída de Bizancio con el fin de la reconquista, y el descubrimiento de América en 1492. La Iglesia Ortodoxa, que es originaria de la Bizantina, perdura a día de hoy en Tierra Santa –en Jerusalén son guardianes de la Basílica del Santo Sepulcro; otra gran obra de Constantino– junto a los frailes Franciscanos, y la Iglesia Armenia “Custodia Terrae Sanctae”. Las Cruzadas y las Reliquias han alimentado las catedrales de toda Europa, pero sirvieron para preservar la débil fe en un mundo oscuro y medieval, donde los judíos que aportaron sabiduría y ayuda en la identificación de los lugares santos del cristianismo, fueron perseguidos y deportados a la diáspora, aunque preservados por Dios en Su promesa de restaurarlos en la Tierra Prometida al final del tiempo, que ya alumbra en los judíos mesiánicos que creen en Yahshua – Jesucristo como el Mesías.
La profecía nos muestras que, desde la caída de Roma en el 476 d.C. hasta el presente, vemos una historia de legado histórico, y aunque dividido muestra una existencia que no termina de unificarse como Europa, como los pies de barro y hierro, con los dedos de barro y hierro de la estatua de la profecía de Daniel, que muestran que la permanencia del Imperio Romano en el futuro mundo europeo que termina en la Unión Europea, no puede unirse. Pero, esos 10 dedos de los pies de la estatua del sueño de Nabucodonosor, pueden representar las sucesivas alianzas de los reinos de los imperios que han ido surgiendo en el territorio que fue del Imperio Romano, a través de matrimonios entre las monarquías europeas, y de otros países de los imperios Romano y Bizantino “cultura greco-romana” hasta nuestros días. La Unión Europea mantiene una unidad frágil y antinatural entre culturas, monarquías, pueblos y sociedades opuestas entre sí, mezclada con un mundo que rechaza a Dios en todos los ámbitos de la sociedad mayoritariamente, liderados por un espíritu Anticristo, es lo que las profecías Bíblicas nos proclaman antes de que veamos venir a Jesucristo, 2 Tesalonicenses 2:4. Bizancio es, pues, proféticamente, la continuación de la Roma Bíblica, el cuatro imperio de la profecía de Daniel, y en su continuación, en la parte religiosa, ha aportado el Credo Atanasio, la lucha contra el Arrianismo, y otras anclas de la fe fruto de grandes Concilios Ecuménicos en los que han estado Padres de la fe, como Agustín de Hipona, o Atanasio. Pero los 10 reyes de la profecía de Daniel podrían ser los identificados en la profecía contra Gog de Ezequiel 38 y 39: Gog, Magog (China), Rosh (Rusia), Togarma (Turquía) y los otros, hasta 10 los que invadirán Israel al final del tiempo, que podrían ser los 5 miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas con derecho a veto: Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y China, cada uno siendo cabeza de un grupo de naciones sin dicho poder, como los pies de barro y hierro, y los 10 dedos de los pies de la estatua de la profecía de Daniel.
Finalmente, se nos advierte del espíritu de Bizancio, estar bajo Bizancio, una característica especial que destaca en el más fuerte arraigo a la tradición, que se convierte en idolatría, aunque sean iconoclastas y no tengan imágenes de culto, tienen su tradición como ídolo, la pertenencia, el sometimiento a su culto como el único y verdadero, aunque no sea lo que refleja el Nuevo Testamento. Este espíritu se presenta en muchas iglesias, no sólo en la Bizantina u Ortodoxa, sino en la Católica, pero también en muchas Protestantes y Evangélicas. El Señor ya nos ha advertido: “Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis participes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas” Apocalipsis 18:4. Amén.