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EL TIEMPO DE DIOS EN LA ORACIÓN

¿Qué hacemos cuando Dios parece no responder nuestras oraciones? Muchos piensan que Dios se ha apartado de sus vidas, su fe se debilita, se deprimen, o simplemente no piden según Su voluntad. Pero ¿y si la oración es por algo que sabemos que Dios quiere?

Los discípulos de Jesús le pidieron que les enseñara a orar, y les enseñó el “Padre Nuestro” en Mateo 6:9-15. Una frase destaca para el tema que estamos tratando, sobre el tiempo de Dios en responder las oraciones: “Hágase Tu voluntad, aquí en la tierra, como en el cielo” lo cual es una aceptación por parte del que ora, de que se haga la voluntad de Dios, incluido responder las oraciones que son de Su voluntad, en Su tiempo, no en el nuestro. No obstante el que ora ha de pedir que el Espíritu Santo ponga en su corazón aquello que a Dios le agrada en nuestra vida, y que quite aquello que no, para que nosotros mismos, como Sus discípulos, oremos de acuerdo a una voluntad de mutuo acuerdo y deseo, no de la influencia del mundo en nuestra humanidad temporal.

Dios tiene establecido un tiempo de respuesta para la oración, según Su soberana autoridad, acorde a Su plan para nosotros, y que comparte en nuestro corazón. Esta es la base y el fundamento del porqué, a veces, algunos creen que Dios se olvida de sus oraciones. ¿Es que Dios ha dejado de ser soberano? ¿No sabe Él, mejor que nosotros mismos lo que mejor nos conviene? ¿No es la confianza en Dios una prueba de nuestra fe en Él? La Biblia dice: “Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos”. Romanos 8:27. No deje de pedir aquello que usted sabe que es de Dios para su vida, aunque tarde según el reloj de su alma; espere a la hora que marque el reloj profético de Dios.

Hay oraciones que reciben respuesta inmediatamente, pero hay otras que lo hacen a medio o largo plazo, incluso años o décadas para que veamos la respuesta de Dios. Muchos se preguntan por qué Dios tarda en responder. ¿Será que no pedimos lo que debemos? La salvación de un ser amado, la sanidad de una enfermedad de un hijo, la bendición de una relación, de un matrimonio, salir de deudas, formar parte de una iglesia sana, ganar almas para Dios, etc. Pero el creyente ha de perseverar en la oración si cree que lo que pide es de Dios, porque así se lo haga ver. Pero el creyente ha de analizar si lo que pide es santo o no, como leemos en Santiago 4:3-5: “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites”…¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que Él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente? ¡Así nos ama Dios!

Dios nos promete cosas que a veces llegan muy rápido y otras que tardan. Como mencionaba antes, a veces los tiempos de Dios incluyen, semanas, meses, años, décadas o casi o toda la vida. De nuevo la fe es la que ancla nuestra convicción y perseverancia cuando oramos sabiendo que es algo de Dios. Por ello, no desesperemos y confiemos en Dios y perseveremos en la oración, y en las buenas obras.

La actitud del que ora es la clave de los que tienen fe como un grano de mostaza. Recordemos como Jacob luchó con el ángel de Dios para que le bendijera: “Y dijo: Déjame, porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices”. Génesis 32:26. Esta es la actitud que valora el Señor, la verdadera lucha por una relación íntima por Su amor.

Algunos Textos Bíblicos que nos animan a perseverar en la oración:

“Tú oyes la oración; A ti vendrá toda carne”. Salmo 65:2.

“Buscad a Yahweh y su poder; Buscad su rostro continuamente”. 1 Crónicas 16:11.

“Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos”. Efesios 6:18.

“Orad sin cesar”. 1 Tesalonicenses 5:17.

Puede leer un estudio Bíblico dedicado a la oración:

https://www.jesucristo.net/oracion.htm

 

CONCLUSIÓN

“Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá”. Mateo 7:7.

Quisiera concluir mencionando las vidas de algunos héroes de la fe que nos animan en nuestras vidas de oración y fe: Noé construyó el arca bajo la promesa de Dios del diluvio, y la hizo con fe y esperó, hasta que la lluvia llegó, Génesis 6. Sara, concibió a su hijo Isaac, toda una vida estéril hasta la vejez, pero Dios se lo dio, Génesis 18. Moisés sacó a Israel de Egipto y lo condujo 40 años por el desierto para llevarlos a la tierra prometida, mientras se quejaban, hasta ver la tierra prometida, y no entró en ella, Deuteronomio 32:48-52. El anciano del templo que bendijo al niño Jesús, esperó toda una vida la promesa del Señor de que vería al Mesías antes de morir: “…Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a Tu palabra; porque han visto mis ojos Tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; luz para revelación a los gentiles, y gloria de Tu pueblo Israel.”, Lucas 2:25-32.

Si todos los santos del Señor han vivido y orado, y muchas veces han esperado toda la vida por la promesa ¡cómo no debemos nosotros orar siempre, con fe y confiando en el Señor que responde siempre las oraciones de Su amado pueblo, cuando pide con fe y todo lo que es de Dios, dando cumplimiento a Su tiempo!