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EL PERDÓN
LA PUERTA A LA RECONCILIACIÓN
©
Carlos Padilla, Mayo 2008
El perdón es la puerta a la reconciliación en cualquier
relación que necesita restauración y el paso previo para poder
amarnos los unos a los otros. No se puede amar sin
perdonar. El objetivo de la vida es el amor, si se guarda rencor
no se puede alcanzar. El Señor, nuestro Maestro nos enseña:
...Perdonad y seréis perdonados...
Lucas 6:37. Dios no nos perdona si nosotros no perdonamos.
El perdón es un bálsamo que
emana del alma, alma de Dios. Nuestra alma, como esposa del alma
del Señor también emana ese bálsamo, bálsamo, aceite balsámico
que como lámpara e incienso,
está encendida y es quemada por el fuego del
Espíritu y llega al corazón, al corazón de Dios y al corazón del hombre,
del perdonado, y del que perdona.
Perdonar no significa ceder siempre, dejar que
el mal triunfe, ni dejarse pisotear sin justicia, sino
comprender la esencia carnal del hombre que tiene un enfoque
errado, una naturaleza que todos tenemos y que solo en Cristo se
puede dominar. Si tenemos un objetivo espiritual claro de parte
de Dios, podremos perdonar todas las ofensas que nos hagan, y
también aprenderemos a entender que aquellos que son enemigos de
Dios y blasfeman contra Su Espíritu no pueden ser perdonados.
Ejemplo nos dio también el Maestro cuando trataba con los
hipócritas, escribas y fariseos incluidos, llamándoles sepulcros
blanqueados y raza de víboras.
Hay muchas circunstancias diarias en las que nos
encontraremos que tenemos que pedir perdón o perdonar. Cuanto
antes comprendamos que es un tema con el que viviremos a diario,
antes podremos acostumbrarnos a perdonar con facilidad. Esto
para los que son de un corazón misericordioso, pero que caen en
el rencor. Hay muchos que tienen un corazón violento o egoísta y
no pueden amar nunca.
Pero hablemos del perdón entre hermanos. En la
naturaleza espiritual el perdón es el inicio de la
reconciliación. La Biblia dice que si un hermano tiene algo
contra nosotros y no hemos hecho las paces, no podemos venir a
Dios a presentar ofrenda.
...Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y
allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja
allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate
primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.
Mateo 5:23.
No esperes a tu hermano, sino búscale tú a él
para la reconciliación. Acepta tu parte de culpa y error y
escúchale, busca la paz y síguela. Si dos en Cristo se ponen de
acuerdo en reconciliarle, el perdón ya está concedido también de
parte de Dios y Su bendición se derrama sobre vosotros. Si hay
que aclarar temas personales o espirituales, ¿con quien mejor
que con un hermano en la fe y la amistad de Cristo para poder
escuchar, hablar y trabajar para el bien de la fe, de la
relación mutua, de la familia o de la Iglesia?
El hombre debe ser perdonado en
tres situaciones
La primera ante Dios cuando
aceptamos a Cristo como salvador y nuestros pecados son perdonados.
De esta forma nos es remitida la culpa de haber vivido apartado
de Dios o buscando salvarnos por nuestros propios méritos
religiosos. Cristo llevó en la
Cruz nuestros pecados y abre la puerta a poder sentir el amor de Dios en
nuestras vidas. Si aceptamos a Cristo como salvador, somos
perdonados y reconciliados con Dios y recibimos su amor y
bendición.
La segunda ante quien hayamos pecado
u ofendido, recibiendo el afecto de la persona, pero también
ante esta situación debemos comenzar pidiéndole perdón a Dios y
reconociendo la parte que nos toque de error. De esta forma
somos reconciliados y siendo amados por nuestros hermanos. Del
mismo modo perdonando al hermano que haya pecado contra
nosotros, perdonándolo en nuestro corazón antes que se
arrepienta.
Y la tercera a nosotros mismos, para que
el acusador en la conciencia deje de acusarnos y se libere del
sentimiento de culpa, sino no causa efecto. Esta es una artimaña
del enemigo, el engaño, hacer creer al hombre que aun es
culpable de aquello que ha sido perdonado. Cristo es nuestro
Libertador.
...perdónanos nuestras deudas,
como también nosotros perdonamos a nuestros deudores... Mateo
6:12 nos recuerda Jesús en la oración más famosa de la historia, la oración básica al Padre, el perdón de
deudas, y estas no son financieras, sino del alma y del
espíritu, del corazón. Los sentimientos de la culpa han de ser
perdonados, liberados del alma para que fluya con libertad el
Espíritu Santo dentro de Su templo, nuestra alma, para que el
amor de Dios emane en nosotros.
EL ORIGEN Y LA CAUSA DE
NECESITAR EL PERDÓN
Una vez el discípulo de Cristo ha vencido a los
gigantes enemigos del amor, puede perdonar de forma natural y
automática, como la respiración, hasta setenta veces siete. Es
entonces cuando, como parte del Cuerpo de Cristo puede formar
parte del: ...en esto conocerán todos que
sois mis discípulos si
tuviereis amor los unos por los otros... Juan 13:35. Por lo
tanto el que no perdona, no ama, y el que no ama no puede ser Su
discípulo.
Los gigantes que nos acechan en la carne, contra
los cuales vencemos como discípulos de Cristo con el poder del
Espíritu, son los relatados en Gálatas 5:19:
...Y manifiestas son las obras de la carne, que
son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría,
hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras,
contiendas,
disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras,
orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os
amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican
tales cosas no heredarán el reino de Dios...
Ahora bien, si somos espirituales nuestra actitud
nos prepara para lograr frutos que muchas veces comienzan con el
perdón como continua Gálatas 5:22:
...Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo,
paz,
paciencia, benignidad, bondad, fe,
mansedumbre, templanza;
contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han
crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por
el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos
vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a
otros...
Si esto hacemos somos perdonados por Dios y
tenemos las cualidades de un corazón pronto para perdonar. Por lo tanto para vivir sin las cargas que
necesitan perdón cumplamos la Ley de Cristo, también en Gálatas
6:
...Hermanos, si alguno fuere sorprendido en
alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle
con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea
que tú también seas tentado. Sobrellevad los unos las cargas de
los otros, y cumplid así la ley de Cristo...
Así pues, cuando un hermano ofende o hace daño,
tratémosle con mansedumbre y sobrellevemos las cargas entre los
miembros de la Iglesia y demostremos nuestro perdón y afecto en
el trato y en las relaciones de amistad, porque todos ofendemos
y el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.
...Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia
será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el
Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna
palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero el
que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en
este siglo ni en el venidero. Mateo 12:31.
ACTITUD DEL QUE PERDONA
Mateo 5:38.
...A cualquiera que te hiera en una mejilla,
vuélvele también la otra...
...Al que quiera ponerte a pleito y quitarte la
túnica, déjale también la capa...
...A cualquiera que te obligue a llevar carga
por una milla, ve con él dos...
...Al que te pida, dale; y al que quiera tomar
de ti prestado, no se lo rehúses...
Reflexión: ¿Somos capaces de hacer esto? Si hemos de amar a nuestros enemigos,
¿cómo no perdonaremos a un hermano en Cristo?
Los amigos en la fe son un tesoro, así que
luchen por no perderlos. Si se han dado cuenta, no es fácil
encontrar verdaderos amigos en Cristo, así que ¿no le parece que
merece la pena alimentar la amistad en el Espíritu?. Esta es la
base de la Iglesia de Cristo, el amor y la amistad en afecto
fraternal.
El objetivo del perdón no
es la acción en si misma, sino la consecuencia, es compartir la amistad y el amor de Dios con nuestro prójimo,
así que vaya a ver a su amigo o persona con la que no puede compartir desde hace
tiempo y perdónela de corazón y trate de compartir y de minimizar las diferencias. En
Cristo, si no es por motivo de enemistad contra Dios, a cualquier hermano con el
que pueda estar enojado, perdónelo, ore y comparta la situación con el Señor
para que Él le ayude a cambiar su corazón. Del mismo modo que la Ley si no se ve
con los ojos de Cristo no se cumple, porque es un código, aquí estamos ante la
misma situación, como el ejemplo que nos mostró Jesús con aquél que codiciaba
una mujer en su corazón, y sin llegar al acto, ya Dios le considera adultero. El
perdón es igual, si perdonamos protocolariamente no amamos, debemos mostrar por
nuestro trato el verdadero perdón.
Si un hermano pide perdón porque ha
visto su error, debemos perdonarlo, pero si nuestro corazón ya está entregado a
Dios y conoce la carne humana, produce una reacción inmediata de recibimiento en
el momento en que un amigo se arrepiente. ...No dejéis que se ponga el sol sobre
vuestro enojo. Efesios 4:26 y ...Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. Romanos 12:18. Cuanto le cuesta al hombre carnal perdonar.
Lo grave es que al hombre
espiritual, aunque algo menos también le cuesta, por eso Pablo decía que eran
carnales; hombre espiritual me refiero al que ha nacido de nuevo. Así, pues,
vemos que ni
siquiera en esta nueva naturaleza el hombre perdona con facilidad, debe estar
experimentado en quebranto como el Maestro, debe haber viajado al abismo de la
soledad y a la isla del desprecio, al desierto del alma, donde sólo se encuentre
con Dios, para que el Espíritu de Cristo, consuele su alma, y aprenda la
naturaleza humana, para que comprenda como es en su interior, igual que el prójimo y la lucha espiritual
que el enemigo del hombre siembra por el rencor y otras armas. La carne es una compañera de viaje que pone trabas al
Espíritu, y en las relaciones, fuera y dentro de la Iglesia, pero con Él, vencemos los sentimientos de la carne que batallan contra
el alma. El alma que no tiene a Cristo no puede perdonar de verdad porque
necesita el amor de Dios, y ese amor lo trae el Espíritu de Dios, no viene
dentro del hombre natural. El verdadero perdón no puede proceder del hombre
natural, sino del hombre que sigue a Cristo y le ama, que lucha, ora y pelea
espiritualmente la buena batalla, ora y ama a Dios.
La Biblia nos
muestra las grandes vivencias de hombres y mujeres de Dios que han tenido que
convivir con el desprecio, el olvido, la falta de reconocimiento, y sin embargo
el amor de Dios, el cual muestra como se puede cambiar una situación de ira,
enojo y rencor en una fuente de misericordia hacia aquellos que hicieron el
daño, consciente o inconscientemente.
Para perdonar de verdad pues, como Jesús a sus verdugos, los
cuales no venían a pedir perdón, como las setenta veces al hermano que pide
perdón, el Maestro nos muestra en Su Palabra las enseñanzas de Su corazón que ha
ido poniendo en los corazones de su pueblo durante la historia, que veremos en
los siguientes Textos Bíblicos que puede leer en su Biblia, o en
www.biblegateway.com/versions/i
ndex.phpaction=getVersionInfo&vid=6& lang=9:
TEXTOS BÍBLICOS. CONSECUENCIAS DE LA INTERCESIÓN EN EL PERDÓN:
Génesis 18:24. Abraham
intercede por Lot, para que sea perdonado.
Éxodo 34:9. Moisés intercede por Israel, para que sea perdonado.
1Reyes 8:30. Salomón intercede por Israel para que siendo
perdonado, ore
en el nuevo templo.
Salmo 32:1. David glorifica al Señor que perdona nuestros pecados.
Mateo 6:12 al 14. Jesús nos enseña en el "Padre
nuestro" a perdonar.
Mateo 12:31. El pecado que no será perdonado.
Mateo 18:21. ¿Cuantas veces perdonaré a mi
hermano? Mateo
18:35. La profundidad del perdón que Dios busca en nuestros corazones.
Marcos 11:25. Nos enseña la actitud del perdón.
Lucas 3:3. Arrepentimiento para perdón de los
pecados.
Colosenses 3:13. Perdonaremos como Cristo nos
perdonó. 1Juan
2:19. Nuestros pecados nos has sido perdonados. Produce liberación.
DOS
HISTORIAS SOBRE EL PERDÓN
José y sus hermanos en Egipto:
...Viendo los hermanos de José que su padre era muerto, dijeron: Quizá nos
aborrecerá José, y nos dará el pago de todo el mal que le hicimos. 16Y
enviaron a decir a José: Tu padre mandó antes de su muerte, diciendo: 17Así
diréis a José: Te ruego que perdones ahora la maldad de tus hermanos y su
pecado, porque mal te trataron; por tanto, ahora te rogamos que perdones la
maldad de los siervos del Dios de tu padre. Y José lloró mientras hablaban.
18Vinieron también sus hermanos y se postraron delante de él, y dijeron:
Henos aquí por siervos tuyos. 19Y les respondió José: No temáis; ¿acaso
estoy yo en lugar de Dios? 20Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo
encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho
pueblo. 21Ahora, pues, no tengáis miedo; yo os sustentaré a vosotros y a
vuestros hijos. Así los consoló, y les habló al corazón.
Los hermanos de José aún no
han aprendido el valor del perdón, de cuando se perdona de corazón, se olvida el
mal que he hayan hecho a uno, ya no cuenta. Del mismo modo el Señor Dios de
misericordia nos perdona nuestros pecados cuando nos arrepentimos de corazón y
ya no se acuerda más de ellos, nos mira como a sus hijos amados.
La abuela ciega y el nieto
goloso: Un día
un niño oraba que Dios le perdonara porque había quitado dinero a su abuela para
comprar golosinas. Temeroso de que sus padres lo descubrieran y castigaran cuando su abuela,
ciega, palpase que le faltaba dinero. Un día le descubrieron las golosinas en
el bolsillo y envoltorios de las que había comido. Preguntándole sus padres
le sorprendió la reacción de su abuela, que como le quería
tanto, y sabía que nunca le daban dinero para las golosinas, dijo a los padres
que había sido ella la que le había dado el dinero, cargando ella con la culpa. El niño,
a sus siete años no comprendía porque le pasaba aquello, pues sabía que robar
estaba mal.
A Dios tampoco le agradó que
el niño robase y aunque debía ser reprendido a su tiempo, ese
tiempo llegó cuando fue un hombre y su abuela murió. En sus
recuerdos, una abuela impedida, que no tenía
muchas cosas con las que bendecir a su nieto que tanto quería, pero le dejó
aquel legado, cubrió su falta y el niño un día
comprendería que ella ya le había perdonado, porque sabía que no comprendía la
profundidad de lo que hacía. El Señor también sabía que aquel
niño cuando fuese padre debería educar a sus hijos. Además ese niño, ahora
hombre, hablando con
Jesús, su Señor y teniendo en la Biblia la
guía para su hogar, tendría en cuenta aquella forma en la que su abuela,
creyente y bondadosa, además del Señor, ya le habían perdonado, antes de que el mismo
pidiera perdón de verdad y se arrepintiera.
El
propósito del Señor con aquel niño dio un fruto duradero que sirvió para su
paternidad, porque valoró la misericordia que Dios había tenido de Él en su
actitud, la cual ahora aborrecía como hijo de Dios. Sería pues, en el temor de
que sus hijos pudieran robar de mayores, donde estaría la verdadera disciplina
orando por ellos para poder enseñar a sus hijos que
no escondieran las cosas y a tratarles con cariño para que su relación fuese de
amistad y confianza, y no solo de disciplina. Este, ahora hombre, se esforzaría en enseñar y educar a sus
hijos para que fuesen honrados y obedientes. La bendición de aquel perdón, a su
tiempo, fue mayor
que si simplemente hubiesen castigado a aquel niño en aquel momento, pues
seguramente habría seguido comprando golosinas a escondidas.
Con esta pequeña historia,
hemos viajado con aquel niño para que viésemos,
que el perdón no da fruto si primero no se otorga, y no solo en el corazón, sino en
la actitud y el trato que se recibe y que damos, y en el ruego a Dios por Su misericordia,
porque, como todas las cosas del Señor, da fruto a su tiempo.
CONCLUSIÓN
El perdón es una actitud del que ama, es anterior
al arrepentimiento del prójimo que ofendió o hizo daño. No debemos esperar en
nuestro corazón, sino darnos cuenta de la cantidad de circunstancias que hacen
que tengamos que ser perdonados y que tengamos que perdonar. Si aprendemos esto seremos piadosos y podremos
tratar con afecto fraternal, de modo que cuando nos pidan perdón
recibamos con amor de Dios. Mientras tanto, si lo hemos intentado y no depende
de nosotros, estaremos orando hasta que quieran, y
si nunca quieren lo dejaremos en manos del Señor que conoce los corazones. No
tenemos derecho a obligar a nadie a nada, las relaciones son del corazón, pero
en el Cuerpo de Cristo es un mandamiento perdonarnos y amarnos unos a otros, pero depende de
dos o más personas. Si una no quiere relacionarse con nosotros, no está
en nuestras manos. También esto debemos perdonar, hasta que venga su tiempo.
...Padre,
perdónalos porque no saben lo
que hacen... Lucas 23:34. Amén. |