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LA PARÁBOLA DE LOS TALENTOS

 © Carlos Padilla. Noviembre 2017

TEXTO BÍBLICO

14 Porque el reino de los cielos es como un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. 15 A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad; y luego se fue lejos. 16 Y el que había recibido cinco talentos fue y negoció con ellos, y ganó otros cinco talentos. 17 Asimismo el que había recibido dos, ganó también otros dos.

18 Pero el que había recibido uno fue y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor. 19 Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, y arregló cuentas con ellos. 20 Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros cinco talentos sobre ellos. 21 Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. 22 Llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos. 23 Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. 24 Pero llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; 25 por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo.

26 Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. 27 Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. 28 Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos.

29 Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. 30 Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. Mateo 25:14-30.

 

La “Parábola de Los Talentos” es una de las enseñanzas espirituales de nuestro Señor Jesucristo que debería ser enseñada con regularidad y aprendida y aplicada a la vida de todo cristiano. Si bien se puede interpretar el significado de los talentos de forma literal, lo relevante de esta parábola es la intención del Señor Jesucristo al enseñarla, que abarca algo más que lo que significa la palabra “talento”. Las dos preguntas a responder por lo tanto serían: ¿Qué es un talento, al que se refiere el Señor Jesús en Su parábola, y qué es un talento simbólicamente y aplicado en referencia a lo que puede abarcar su significado para el crecimiento personal y cristiano que nos enseña aquí el Maestro?

La palabra talento (gr. taulaton, heb. kikkar; “redonda”, “óvalo”; 1 R. 9:14) Diccionario Bíblico Ilustrado, Vilá-Escuaín. Pg. 930[1]. es una unidad de peso que se usaba, entre otras cosas, para pesar la plata y el oro, y vigente en tiempos de Jesucristo, aunque usado por distintas naciones desde siglos anteriores, por lo que es referencia tanto a griegos como a hebreos.

Si vamos al Texto de la parábola, vemos que comienza hablando de un hombre que se fue lejos y entregó sus bienes a sus siervos. Hablamos de una empresa en lo económico, de la gestión de un patrimonio. Si ese hombre es Cristo, que ha ido a recibir Su reino y volver, (la segunda venida) nos dice que ha entregado Sus bienes de aquí, a Sus siervos: la Iglesia. Evidentemente los bienes de Cristo aquí van más allá de significar un talento de plata o de oro. Unos 58kg de oro, vendrían a equivaler a un talento y tendrían un valor hoy de aproximadamente un millón y medio de dólares. El Señor está más interesado en darnos dones, capacidades, talentos para una vida plena, para servir a la Iglesia y para glorificarle, más que en oro y plata.

Por otra parte dice que dio a cada uno según su capacidad. Al uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno. Sabiendo que Él vuelve al final y pedirá cuentas de qué hemos hecho con esos talentos, fijémonos que los dos primeros obtuvieron el 100% de beneficio, pero el tercero lo escondió, poniendo excusas y acusando a su Señor; una clara prueba de falta de fe. Y ya conocemos el resto de la parábola sobre el fin de cada uno de los tres siervos. Ahora bien, el Señor nos provee a todos los cristianos de un don principal, que es la fe. Usando el juego de palabras que muchos estudios o comentarios sobre esta parábola han obviado, el talento es ese don o regalo, el talento clave de todos los demás es el Evangelio. El tercer siervo lo entierra; entierra la fe, no predica, no ayuda, no hace nada, simplemente vive su vida sin servir al Evangelio, sin testificar de Cristo, sin compartir el mensaje de la salvación. Quizá se limita a ir a la iglesia y participar de alguna celebración anual, pero ¿es un verdadero cristiano? “Por sus frutos los conoceréis”, Mateo 7:16. Los dos primeros sin embargo usan todos los talentos que han recibido para Su Señor.

Muchos piensan que no tienen talentos de Cristo, ni dones, ni capacidades del espíritu, ni siquiera creen en el poder del Evangelio, ni creen que puedan ganar a nadie para Cristo por compartir su experiencia de fe e invitarles a escuchar una predicación o una reunión cristiana Bíblica. Del mismo modo, cuando no se sabe que talento, capacidad o don nos ha dado Cristo, es por dos razones. La primera es porque no creemos que nuestra vida tenga relevancia, ni nuestras capacidades naturales, ni nuestros recursos, por pocos que sean y no los estimamos dignos de Cristo; sin embargo hemos sido hechos a imagen y semejanza de Dios y tenemos talentos de nacimiento, por lo que, si alguno no tiene todo el ánimo ahora, o no se siente capaz por ahora, que apoye a aquellos que sí, sean misioneros, pastores, hermanos, etc. La segunda es en el ámbito de los dones que se reciben tras la conversión, y aquí, si alguno no sabe los que tiene es por falta de oración, de pasar tiempo con Dios y Su Palabra. Otros quieren tener todos los talentos, los cinco, pero Dios que es el más sabio, puede que solo conceda dos.

La cuestión es qué hacemos con nuestra vida, recursos, talentos de nacimiento, relaciones, educación, finanzas, y con los dones del Espíritu, pues todo nos lo ha dado Dios. Lo que hagamos con nuestra vida y cómo la invirtamos o no, es la clave de esta parábola. Si podemos hacer, hagamos, si no podemos hacer, ayudemos a los que hacen. No estamos hablando de nuestra salvación, sino de una vida que va más allá de nosotros mismos y que emana el amor a Jesucristo.

¿Qué cristiano verdadero vivirá sin usar sus recursos para Cristo, bien sea para dar testimonio de Su obra en su vida, o para predicar a otros, para ayudar a los demás y para glorificar a Dios?

 

TALENTOS Y DONES

Hemos venido hablando de talentos y de dones, y muchos dirán que no son lo mismo. Se puede entender que un talento es de nacimiento y que un don es del segundo nacimiento, del Espíritu, y que solo un cristiano tiene un don. Debemos ser más específicos. Los dones del Espíritu Santo solo los poseen los cristianos porque son para la gloria de Dios. A estos dones se les suele denominar carismas. Los talentos y los dones naturales pueden servir para la vida cotidiana, pero también para servir a Dios. ¿Puede ser un don un talento espiritual o solo natural? ¿A qué talentos se está refiriendo la parábola?

En 1Co 12:8-10 tenemos la lista de los dones del Espíritu, los cuales son capacidades sobrenaturales que reciben los cristianos según su ministerio en la Iglesia, al que los llama Dios. Estos son evidentes porque antes de la conversión no se tenían, mientras que las capacidades de nacimiento sí se tenían antes. Por ejemplo: si un cristiano tiene talento para la música, lo tenía antes y lo puede usar ahora para alabanza, pero ¿es posible que alguien no tuviese ninguna capacidad para la música y de repente reciba un don de alabanza? Otro ejemplo más definitivo sería el don de discernimiento de espíritus, el de lenguas o el de interpretación de estas, o el de profecía, sanidades, milagros. También he escuchado a algunos de pensaban tener estas capacidades antes, pero en realidad son cuestiones sensoriales que no proceden del Espíritu ni se dedicaban a las cosas santas de Dios. No seamos engañados: “Examinadlo todo; retened lo bueno.” 1 Tesalonicenses 5:21.

 

EL FRUTO DE LOS TALENTOS Y LOS DONES

Con estos dones y talentos podemos ver que damos Frutos del Espíritu en Gálatas 4:22.

Si damos frutos del Espíritu estamos trayendo al Rey de reyes, los beneficios de haber “negociado” con el/los talento/s recibido/s. Cuando vuelva el Señor, nos dirá: “bien, buen siervo, entra en el gozo de tu Señor”.

Por otra parte, los dones de la Iglesia son también las personas que Dios da para su cuidado y crecimiento, entre los cuales y con los cuales convivir fraternalmente. Apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros, y amigos hermanos. Ro. 12:8-8, 1 Co. 12:28-30, Ef. 4:11 + 12 y 13. Algunos de estos dones, como los apóstoles ya no están, pues ya no vemos a quienes tengan en ellos los milagros y las sanidades o resurrección de muertos a quienes ellos quieran y en todo caso, si bien Dios hoy sigue operando milagros de forma directa o a través de Su pueblo, ya que Él no está limitado por nadie y opera en Su sola voluntad.

La escalera de los dones de Dios en 2 Pedro 1 nos muestra una lista de capacidades que el Espíritu va trabajando en nosotros para nuestra edificación espiritual, pero es cada cristiano quien debe orar y buscar en su intimidad con Dios, cuál o cuáles son los dones que el Espíritu Santo le ha dado, unas capacidades que no son de nacimiento y que se reciben cuando se cree en Cristo como Señor y salvador, al recibirle en el corazón en verdad, que es el nuevo nacimiento. Como decíamos antes, es distinto el don del Espíritu, que el don o talento natural que es una capacidad. Se suele hablar coloquialmente de tener un don para algo en la conversación cotidiana, como un don para la gente, un don para la música, etc. Los cuales haremos bien en poner al servicio de Dios. Pero los dones del Espíritu solo se adquieren cuando Dios los da tras recibir el don de la fe, que es por gracia de Dios. Vea la lista de Pedro:

http://www.jesucristo.net/virtud.htm

Aclarado este punto, es importante también mencionar que si bien hay una diferencia entre las capacidades de nacimiento y el don del Espíritu, ambos se pueden usar para la vida y para servir a Dios y a la Iglesia y así dar frutos del Espíritu. Recordemos de nuevo para terminar que hay dones del Espíritu que no hay duda que son para servir a Dios solamente como el don de discernimiento de espíritus, el don de hacer milagros, el don de sanidades, el don de lenguas, el de interpretación de lenguas, el don de profecía. La cuestión final la dejo al lector dentro de su ámbito de iglesia. ¿Cuáles de los dones del Espíritu Santo de la lista de 1 Corintios 12:8-10 están vigentes hoy?

 

CONCLUSIÓN

Todos recibimos un don, un talento de gran valor que es el Evangelio, y si lo creemos tenemos el don de la fe, el cual es sobrenatural, pero si no lo compartimos no damos frutos del Espíritu, por lo que el Señor no nos puede dar dos ni cinco. No podemos vivir pensando en cuando tengamos más talentos, sino que debemos compartir el mensaje y dar testimonio y/o ayudar a los que tienen estos ministerios. Primero, el Señor verá qué hacemos con el don de la fe y el Evangelio. Luego debemos aplicar la parábola de los talentos a la vida y al ministerio en todos los aspectos de ambos, con todas nuestras capacidades y dones, con los talentos y dones del Espíritu Santo que Dios nos haya dado, los cuales debemos averiguar por oración y pasar tiempo con Dios, y ponerlos a Su disposición.

Seamos como los primeros dos siervos y usemos el 100% de los recursos que Dios nos ha dado para Su gloria, no para nosotros mismos y esperemos a Su regreso para darle el fruto obtenido y entrar en el gozo de nuestro amado Señor. ¡Amén!

 

[1] Vila Ventura, Samuel. S. Escuain. Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado. (Terrasa. Barcelona. Editorial Clie, 1985). 1133.